Recientemente, el 17 de abril del presente año, un distinguido huésped hizo su entrada al Gran Partenón. Había nacido el 06 de marzo de 1927, en Aracataca, Colombia.
Su pluma, con la que escribió fabulosas historias y dibujó personajes fantásticos, abrió puertas y amplios horizontes a la literatura universal. Dedicó toda su vida a escribir literatura, cine y periodismo, fue magistral reportero, entrevistador, cronista y llegó a ser uno de los escritores más importantes e influyentes en la historia de la literatura.
Escritor inquieto, era un hombre parecido a su obra: sólido, sonriente, silencioso…, “dueño de un desierto de silencio como sólo las selvas tropicales pueden crear”, así lo describía el presidente francés Franḉois Mitterrand, y por su parte Carlos Fuentes, en una de sus conferencias dictadas en la Casa del Lago, en 1964, dedicara la siguiente alocución: “Gabriel García Márquez es a la literatura colombiana lo que Rulfo es a la mexicana: el escritor que adelgaza hasta su esencia y convierte en literatura mítica los temas tradicionales del campo” y eso que todavía no escribía su obra magna: Cien años de soledad, aparecida el 07 de junio de 1967, misma que en los posteriores cuarenta y tantos años ha sido leída por millones de lectores en más de 40 lenguas y consagrada como obra de la literatura universal, pues en ella palpitan experiencias universales de la humanidad y toca vetas muy profundas de nuestro inconsciente colectivo. Además, su aparición marcó la consolidación de un movimiento que significó para la prosa narrativa en lengua española lo que el modernismo de 1900 fue para la poesía, según la Revista La Cultura en México, en ese tiempobajo la dirección de Fernando Benítez y Vicente Rojo.
Cuando Carlos Fuentes leyó el manuscrito de Cien años de soledad, inmediatamente escribiría a Julio Cortázar lo siguiente: “Te escribo por la necesidad imperiosa de compartir un entusiasmo. Acabo de leer Cien años de soledad: una crónica exaltante y triste, una prosa sin desmayo, una imaginación liberadora. Me siento nuevo después de leer este libro, como si le hubiese dado la mano a todos mis amigos”…, en tanto la revista Siempre, expresa su reconocimiento a esa imaginación literaria capaz de amalgamar “utopía, epopeya y mito”.
La prosa, su prosa, es una forma de escribir muy especializada y compleja, en tanto su estilo aunque sencillo y accesible, obliga por momentos a la consulta del diccionario; sin embargo, coincidimos con Vargas Llosa cuando, al hablar de esta novela afirma que es una obra literaria que todos pueden entender y gozar.
La novela de García Márquez es la historia de seis generaciones de una familia, de su grandeza y también de su miseria: la primera generación de esa familia fundó el pueblo (Macondo), la segunda se arruinó con la guerra de independencia; la tercera, promovió doce guerras civiles (encabezadas por el Coronel Aureliano Buendía) y las perdió todas; la cuarta, sublevó a los trabajadores contra las injusticias de la compañía bananera y el resultado fue una masacre; la quinta, conquistó el poder sin proponérselo y no supo qué hacer con él; y la sexta, se extinguió en la nostalgia de su grandeza. El último descendiente de la estirpe se pegó un tiro atormentado por la soledad, en el pueblo, convertido ya en una enorme y calurosa ciudad africana, donde nadie lo conocía. A la falta de un nombre, las autoridades pusieron en su tumba el número del expediente judicial. Esta apretada síntesis, hecha por el mismo García Márquez, en la entrevista que le hiciera el escritor y crítico venezolano Domingo Miliani el primero de septiembre de 1965, fue el mapa, la brújula orientadora de la gran obra que ya llevaba cocinándose más de 15 años.
Este gran personaje que recibiera en 1982 el Nobel de Literatura de manos del rey de Suecia, de niño, con la inteligencia preclara que le distinguió, preguntaba a su abuelo: ¿a quién se le ocurrió inventar las lágrimas abuelo?, ¿por qué si el oro causa tanta desgracia entre los hombres no se le entierra para siempre en alguna fosa del desierto? El abuelo se hizo responsable por diez años de aquél precoz niño y le enseñó el ABC de la naturaleza humana y de su curiosidad por surcar y explorar diferentes mares y territorios e incluso otros planetas.
A la muerte de su abuelo es internado para que siga estudiando el bachillerato, luego ingresaría a la Facultad de Derecho y en las tabernas cercanas a ella, conoce a los escritores Álvaro Mutis, Plinio Apuleyo y Camilo Torres quienes le escuchaban contar, noche a noche, fábulas con mucha imaginación, y observando la calidad de ellas lo animan a que las publique lo cual hace en El espectador, deja la Facultad, se convierte en reportero de los diarios El Universal y El Heraldo en Barranquilla, Colombia y se integra al Grupo Bohemio de Barranquilla, integrado por periodistas, poetas y escritores el cual era encabezado por Ramón Vinyes, maestro y gurú ideológico del grupo y “segundo abuelo” de García Márquez.
El tercer personaje con fuerte influjo en la vida de Gabo, fue Jorge Gaytán Durán, editor de la revista literaria “Mito”, en ésta aparece un capítulo de La Hojarasca, que le produjo el primer reconocimiento de su vida y a partir de ahí su nombre comenzó a sonar como un periodista que también era escritor y viceversa. Autor de Los funerales de la mamá grande, El coronel no tiene quien le escriba, La hojarasca, La mala hora, El amor en los tiempos de cólera, Crónica de una muerte anunciada, El general en su laberinto, El otoño del patriarca, Memoria de mis putas tristes, Noticias de un secuestro y una serie de cuentos extraordinarios, fue también guionista y director de cine…..Se dice que todas sus obras literarias son un preámbulo de su obra cumbre Cien años de soledad. La publicación en Beirut de ésta, según José Emilio Pacheco, abre, marcadamente en un antes y en un después toda la literatura en lengua árabe, además que en el Tíbet, conforme dicho del mismo, es el libro más leído y admirado.
Ha muerto el hombre, mas su obra persiste y trasciende en el espacio y en el tiempo. |