Lumbrera de agua luminosa y fresca, entremezclada entre agua de sal y agua de coco; retratista natural de tus hermanos árboles que beben de tus aguas medicinales; corriente de rocío isleño venida en flujo eterno entre una vereda marina y tejidos de verdes manglares, ciénegas y bejucos enmarañados por doquier; sendero usado por los abuelos Ah Canul en sus intentos de pescadores incipientes; porción de tierra temblorosa y agua que aún pervive mansamente para proporcionar el alma vital necesaria para la existencia del ser humano que te busca en sus expediciones de entretenimiento; aguas verdosas y aire virginal que se filtran en la exuberancia de su flora ignota.
Remate, ojo de agua, ecosistema de tu flora y fauna imprescindible para la vida silvestre; pedazo de tierra galana, de saurios y de agua que forman el puzle universal de la madre Tierra, hoy te festejamos y mimamos y te ofrecemos el cuerpo y alma para mantenerte siempre viva con ese amor maternal que tanto necesitas para conservar la salud.
Celebremos con hechos y alegría este 22 de abril el Día de la Tierra madre fortaleciendo la conciencia propia y la de otros para hacer entender que de todos depende la salud de la casa nuestra y la obligación que se tiene de dejarles a las futuras generaciones un lugar apropiado para vivir sin incertidumbres ni complejos. Que no se olvide, hermanos terrícolas.