EL HOMBRE Y SU OMBLIGO
Éste
era un hombre que había pasado
años de su vida viendo su ombligo.
Tal vez tú no creas lo que te digo,
pero gente veraz me lo ha contado.
Un
burócrata, en años bien entrado,
con su escritorio al frente de un postigo,
bonachón y de todos buen amigo
en su silla escurrido, acostado.
El
vientre abultado, como de auriga,
los pies sobre el escritorio, horizontal,
y su visión sólo hasta la barriga.
Su
oficina pequeña y hasta el final
y con ese calor que a airearse obliga,
ropa jalada y ombligo a la visual.
LA
OTREDAD
Es
el ego en lucha contra la otredad.
Es el yo encerrado en caja de cristal.
Lo que el yo percibe es sólo la verdad.
Ser Narciso, eso es todo lo ideal.
La
otredad nos brinda la oportunidad
de amar al prójimo y no desearle el mal,
anteponer a la soberbia la humildad
y hacer de la fraternidad un ritual.
Entre
estos dos extremos oscilamos.
Lucimos buenos sólo en apariencia
y con sonrisas nos justificamos.
Y
por esto a veces nos preguntamos:
¿Por qué el insomnio?, porque la conciencia
es contraria de lo que aparentamos. |