El corazón de Ah-Canul 3

No. 3

Ciertamente vinimos del Petén Itzá...

Andrés Jesús González Kantún

 

“Y no dejó de llover y las aguas subían de nivel y arrasaban todo. Pero lo más increíble fue que a los animales y las cosas les salieron las palabras, reclamándoles a los primeros hombres:

—Nos apalearon cuando sólo les pedíamos con la mirada un pedazo de pan o cuando menos nos dieran para lamer un insípido hueso, pero no se condolieron de nuestras urgencias. Ahora los mataremos a mordiscos — protestaron los perros.

—¡Cierto! -aseguraron los comales —a nosotros nos quemaron la espalda sin compasión y ahora, apenas, está restañando.

-Y a nosotras —clamaron las piedras del hogar (las tres piedras que sostienen el trasto de comida) —a fuerza de tanta lumbre nos cocieron y tiznaron nuestro lomo. Ahora nos vengaremos. Y se fueron encima de los seres quebrándoles todos los huesos-. Entonces los hombres, asustados, se subieron a los árboles, pero fueron aventados al suelo; buscaron la protección de las montañas y estas se derrumbaban; todo resguardo les fue negado a los hombres creados por los dioses cuya única culpa fue no haberlos ensalzado, reconociéndolos como sus progenitores.

Los sobrevivientes, son los monos, remedo de los hombres actuales”.

Mi madre terminó la plática mientras recogía el huano que utilizaba en sus tejidos para fabricar sombreros.
Quedé alelado con su recitación.

—¿Y de verdad sucedió, mamá?

—Si, hijo, así me lo contaron los abuelos
Al paso del tiempo caí en la cuenta que aquel fragmento histórico contado por mi madre se trataba del libro sagrado de los mayas quiché sobre el origen del hombre: El Popol Vuh de Guatemala. Y cuando en el Códice de Calkiní leí:

“Sufrimos fatiga nosotros descendientes de los Canules, cuando caminamos por caminos cerrados del Petén Itzá, de donde vinieron los de nombre Canul", quedé doblemente extasiado.

En un principio había creído que "Madus" me estaba hablando del diluvio universal ya que ella era una contumaz religiosa y no perdía ocasión alguna para encandilarme con sus creencias religiosas las cuales todavía no traspasan la coraza de mis férreas convicciones amparadas por el raciocinio de la ciencia.

Más larde comprendí, cosa inusual entre la gente grande de hoy, que ella si conservaba el ritual de la tradición oral, aunque no comprometida, con la finalidad de conservar el pasado de los abuelos. Le comente a una de mis hijas aquel episodio de mi niñez y me contó que a ella también la habían asustado con ese cuento.

Mí progenitora no sabía escribir de corrido ni siquiera era afecta a la lectura, si acaso se distraía en el acoso enloquecedor de los textos religiosos los cuales recitaba mejor que una grabadora.

Guatemala, ya tenía su historia no escrita, sino oral. Sólo cuando los mayas aprendieron el alfabeto latino, traído por los frailes españoles, nació el intento por recuperar el bagaje cultural de los abuelos, aunque con interpolaciones cristianas occidentales, pero no se recobró gran cosa, sino sólo aquello que les permitió la fuerza de la memoria..

Los mayas sólo disponían de pictogramas poco adecuados para expresar el pensamiento abstracto, de donde surge, en consecuencia, una tradición oral. Fue una lástima que no hayan inventado la genialidad de otro alfabeto, de haber existido otra historia se escribiría de los mayas. Verba volant, scripta manent.

Mi madre, desde Calkiní dio una muestra de esa prodigiosa retentiva, aunque no fue una historia completa la cual le agradezco, porque si así hubiera sido me habría muerto desde aquellos días.

Ciertamente, procedemos del Petén Itzá… del pueblo de Cakchiquel, de Guatemala, tierra de Miguel Ángel Asturias.