Pese al creciente interés por la nutrición
entre los estadounidenses, los miembros del segmento
más vulnerable de nuestra población -los
bebés- reciben dietas deficientes. La causa de
esta deficiencia no es la negligencia ni la falla de
recursos, sino la falta de información. Incluso
los padres que más se preocupan por la salud
de sus bebés pueden alimentarlos inadvertidamente
con una dieta deficiente, por no saber que la estrategia
nutricional adecuada para su propia salud en realidad
es inadecuada para la salud de sus hijos menores que
se encuentran en rápido crecimiento.
Nutrición
óptima para adultos
Durante los últimos 150 años,
la información nutricional ha mejorado enormemente
la salud pública. Una de las contribuciones más
admirables de la ciencia es la identificación
en los alimentos de cantidades minúsculas de
sustancias que son esenciales para la buena salud. Igualmente
impresionante es la virtual eliminación de enfermedades
que antes eran comunes, como el raquitismo; el bocio,
gracias a un programa bien diseñado de enriquecimiento
alimenticio.
Durante
los últimos 15 años, el estudio de la
nutrición y su aplicación a la salud pública
ha cambiado drásticamente. Una vez eliminadas
las enfermedades causadas por deficiencias nutricionales,
el foco de atención se ha desplazado de las enfermedades
caracterizadas por deficiencias a las enfermedades caracterizadas
por excesos. El escorbuto, el beriberi y la pelagra
han sido desplazados por el cáncer, las enfermedades
cardíacas y la diabetes como principales problemas
de salud.
La
comunidad académica, las autoridades y la industria
alimenticia han modificado sus objetivos para afrontar
esta nueva perspectiva.
Nutrición
óptima para bebés
La infancia es un periodo de extrema dependencia
y vulnerabilidad; también es un periodo en que
las necesidades nutricionales están en su punto
máximo. El ritmo de crecimiento durante la infancia
es más alto que en cualquier otra etapa de la
vida, y el volumen de alimento que se puede consumir
razonablemente cada día es limitado Debido a
estas consideraciones, el objetivo primario de la alimentación
infantil consiste en proporcionar suficientes calorías
y nutrientes para fomentar el crecimiento y desarrollo
óptimos.
Desafortunadamente,
una dieta para adultos destinada a reducir el riesgo
de enfermedades degenerativas puede ser bastante deficiente
en calorías y nutrientes para alcanzar el objetivo
primario de la alimentación infantil. Por esta
razón las organizaciones especializadas, incluyendo
la Academia Americana de Pediatría y la Asociación
Americana de Cardiología no recomiendan una dieta
restrictiva para lactantes y bebés menores de
dos años.
Directrices
dietéticas para adultos
En ellas se estimula el consumo moderado de
grasa, grasa saturada, colesterol, azúcar, sodio
y alcohol. Además se recomienda un mayor consumo
de carbohidratos complejos y fibra, así como
consumir alimentos variados y conservar un peso
corporal adecuado.
Directrices
dietéticas para bebés
He aquí algunas directrices:
Establecer gradualmente una dieta variada; evitar una
dieta excesiva o insuficiente; no imponer demasiadas
restricciones al consumo de grasa y colesterol; no abusar
de alimentos ricos en fibra; la sal y el azúcar
son buenos pero con moderación; los bebes necesitan
más hierro que los adultos.
Espero
que esta información constituya entre la comunidad
de especialistas una herramienta efectiva para dar a
conocer las necesidades particulares de los bebés
y para eliminar la innecesaria y desafortunada desnutrición
en medio de la abundancia.
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