El corazón de Ah' Canul - 29
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Isla Arena
Estela Hernández Sandoval
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Isla Arena tiene el encanto de un bello rincón aún no plenamente explorado. Ahí la vida corre a otro ritmo, el determinado por su esencia de pueblo pescador. Está asentada en un estero situado al norte del estado de Campeche, a 72 kilómetros de la ciudad de Calkiní.

Es una comunidad con menos de 800 habitantes que durante mucho tiempo estuvo prácticamente incomunicada y desatendida, apenas en 1999 como culminación de un sueño, fue inaugurado el puente que la une a la parte continental y más recientemente se construyó, en la parte sur de la isla, junto al faro, un museo dedicado a una de las grandes figuras del cine mexicano, Pedro Infante, quien hiciera de esta discreta comunidad su lugar preferido y al cual él llamara “La isla del encanto” y tanto era el placer que le producía permanecer en el lugar que llegaba a ella cuantas veces se lo permitía su apretada agenta artística. Este emblemático edificio, anexo al faro –construido en 1946- y recientemente remozado, así como la cancha de basquetbol, el auditorio, la biblioteca y el parque diseñados en esa misma área, incrementan la belleza del entorno. Aquí en este punto cardinal se inicia la llamada Ruta de Faros del estado de Campeche.

Isla Arena integra, junto con Dzitbalché, Nunkiní, Santa Cruz Ex Hacienda, Tankuché y El Remate un novísimo corredor turístico de tipo alternativo en zonas indígenas y cuyas características socioculturales añaden valor a la región pues las manifestaciones del pueblo maya están a la mano en su más prístina expresión; además, en esta misma ruta pueden admirarse los edificios de antiguas haciendas de la época henequenera, manantiales de agua en constante flujo y generadores de bellísimos nichos ecológicos, lagunas y un prehispánico canal hacia el mar. En uno de estos manantiales existe un hermoso balneario con administración ejidal, en el que se ha conservado y respetado su forma y exuberancia natural. Todo el trayecto de este corredor es interesante y diverso y cuando finalmente se llega al puente de la isla, uno siente que ha llegado a “La región más transparente del escritor y novelista Carlos Fuentes, como si la isla misma fuera el mejor testimonio de lo que es vivir en un remanso de paz y de armonía con la naturaleza.

La economía de los lugareños depende mayormente de la pesca de crustáceos y moluscos, especialmente pulpo. Ahora, en estos momentos tratan de diversificar su actividad y con apoyos recibidos de la SAGARPA, han creado una infraestructura que les ha permitido comenzar a ofrecer servicios tales como cabañas con camas y hamacas, aire acondicionado –situadas a dos kilómetros y medio del centro de la población-, con vista al mar; en la misma área encontramos restaurantes con los tradicionales platillos regionales y/o con pescados y mariscos, e incluso, en uno de ellos, el que se encuentra en el cocodrilario, al norte de la isla, ofrecen además, platillos cuya base es la carne de cocodrilo. En la zona de las cabañas se cuenta también con espacios para acampar y de estacionamiento para los vehículos de los huéspedes.

Para divertirse, nada como rentar una lancha o un bote para practicar la pesca deportiva de barracuda, huachinango, macabí, pargo y sábalos de hasta 15 kilos; o para llevar a cabo un safari fotográfico o simplemente admirar los esteros, manglares, y Bocas y la desembocadura del Canal del Remate, todos de belleza sin igual e indescriptible y donde es factible apreciar flamencos rosados, patos, gaviotas, cormoranes, garzas, pelícanos, tortugas de carey, cocodrilos, manatíes, delfines y en las ramas cercanas a la costa enormes nidos de termitas, entre otros.

Una alternativa más es el recorrido en lancha a sitios como Kan Balam, el Bosque Petrificado, el Cementerio Maya Huaymil, Real de Salinas –en la que se explotó la sal en grandes cantidades y actualmente es una comunidad abandonada–y la Reserva de Celestún, todos ellos de fácil acceso y en la periferia de la comunidad de Isla Arena.

Ir a la región de Isla Arena, es adentrarse en un área biogeográfica única en la que se da una unidad ecológica con gran valor generado por su alta diversidad de flor, fauna y de ecosistemas y las personas que habitan en ella nos esperan y atienden tal y como si fuésemos reyes.