El corazón de Ah' Canul - 28
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Poder y miedo
Sergio Cruz Hernández
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No se puede tener poder mientras se tenga miedo.

Es bueno que sea así.

¿Te imaginas a un experto maestro samurái con miedo? ¿Viendo a todo el mundo como una amenaza?

Eso seria muy peligroso, enseguida desenfundaría la espada y mataría a todo el mundo.

Así, el miedo esta ocupando el sitio que debería ocupar el poder y a medida que se reduce el miedo, el poder aumenta. Es directamente proporcional.

Por eso los samuráis hacen un extenso trabajo interior, hasta que no están preparados no se hacen merecedores del manejo de la espada y tienen una máxima: la espada sólo debe desenfundarse cuando sea absolutamente inevitable.

Desde ese punto de vista, bien podemos decir ¡menos mal que mientras hay miedo no hay poder!

Normalmente pensamos que es al revés, queremos poseer el poder para reducir el miedo, eso es eludir el problema, y lo que hace desaparecer un problema es la superación del problema. Es como el enfermo que no va al médico e intenta ignorar la enfermedad esperando que se cure sola.

Pensando así, el miedo resulta un impedimento, puesto que ocupa un espacio y se resiste a abandonarlo, así que no hay espacio para el poder. Parece como si fuera el miedo el que nos hace pensar así, porque lo perpetúa.

Reduciendo el miedo aumenta la seguridad, la calma, el control sobre cualquier situación. Además cuanto más delicada sea una situación, más calma y claridad se requiere para poder solventarla.

Así que nuestro problema es el miedo, todos los demás problemas vienen derivados de él.

Debemos deshacernos del miedo. Para eso debemos verlo con claridad, estudiarlo, observarlo, familiarizarnos con él, ver como actúa y darnos cuenta de lo que lo alimenta.

Seguramente, cuanto más sepamos del miedo, “más aumenta nuestro control sobre él” y más aumenta nuestro poder.

¿Te atreves?...