El corazón de Ah' Canul - 27
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Rafael Cuevas "El Balazo"
El juglar de Calkiní
Carlos A. Fernández Canul
Portada -27
 

Trabajaba todos los días desde muy temprano en un expendio de refrescos, el cual podría decir fue su segundo hogar, éste se ubicaba en el antiguo y ya desaparecido Mercado Público (actualmente se construyó el Parque del Maestro). Ahí laboró durante muchos años, ahí se vendían refrescos embotellados y los sabrosos e inigualables antojitos, el cual les puso nombres como los "barcos", "machos","rompemuelas", "charnagas", y otros que a la fecha se expenden en el actual mercado público "José del Carmen Cuevas Sierra" de esta ciudad, lo administra uno de sus hijos el popular "Concho".

El nombre del expendio me llamaba mucho la atención "El balazo", mote con que se le quedó al personaje Don Rafael Cuevas, del cual me ocupo en este trabajo.

Vio la luz primera en este lugar el 28 de octubre de 1908, sus padres fueron doña Francisca Cuevas Berlín y Álvaro Cervera y Figueroa (de origen español), pasó su niñez y adolescencia como la de cualquier ser humano, ya adulto desempeñó numerosos trabajos entre los que podemos mencionar caporal del rancho de Dolores, Xcanol de la Villa de Bécal. Trabajó como empleado de los Ferrocarriles Nacionales de México en la zona norte, laboró también en el Rancho "Orizaba" en Tenabo, Campeche. En el Rancho de Bécal conoció a la compañera de su vida, doña Josefa Pinto Rodríguez, con quien procreó 10 hijos de los cuales vivieron cinco: Gilberto, Alfonso, Álvaro, Francisca y Dulce María Cuevas Pinto.

Tuve una gran amistad con don Rafael, él era un hombre sencillo, humilde, siempre con la vacilada jocosa en sus labios, usaba un eterno sombrero de esos llamados "araña", y su inseparable cigarrillo en la boca. De mediana estatura, usaba huaraches de cuero, de voz casi apagada, barbudo pero siempre rasurado. El Mote de "El balazo" se lo pusieron sus amigos, ya que tenía buena puntería en la cacería que era una de sus aficiones preferidas. La mayor parte del día se la pasaba en el expendio del mercado, siempre se le veía en su "trinchera de trabajo” , solamente que tenía algo en especial este personaje, componía con facilidad " versos", y éstos comunicaban los acontecimientos cotidianos que ocurrían en la ciudad, a diario escribía y se les podías leer al caer la tarde, para esto tenía un escribano que lo plasmaba en un pizarrón de esos antiguos de la Coca-Cola, de inmediato los exhibía al público. Los versos estaban estructurados en rima y siempre los decía en forma jocosa, que hacía reír a los numerosos clientes que a veces solamente acudían a leer el verso del día.

Pasaron los años y un día le pregunté si guardaba los versos, ya que los escribía en papeles que se usan en las tiendas, −tengo más de mil versos escritos y algún día voy a publicarlos−, me dijo.

En ellos tenemos un vasto tesoro e historia de lo que aconteció en la ciudad durante muchos años. Sus hijos tal vez los tengan guardados en un lugar privilegiado. Podría catalogarlo como uno de los grandes "juglares" de la ciudad, ya que lo hacía por afición a cualquier hora.

Gozó de la estimación de numerosos amigos, y al paso de los años, todavía se le recuerda, en su tumba en el Cementerio General existe un verso que a la letra dice: "En este callejón apartado/ se encuentra el balazo/ con sus amigos del pasado/ recordando las voladas que escribía en el mercado". Amablemente sus hijos me prestaron algunos versos como éste: "El día que yo muera/ que me acompañe la orquesta de Juan Cervera/ y digan que así se le acaba a cualquiera/ por causa de la borrachera/ ahora sí que me toquen la tequilera".

Don Rafael Cuevas, un hombre bonachón, dicharachero, poeta de nacimiento, al paso de los años lo recuerdo con respeto, al partir a su " viaje sin retorno" (falleció el 19 de junio de 1978), dejó un gran vacío, ya no hay quien versifique los aconteceres de la ciudad. Podría llamarlo como el primer "cronista urbano", su obra no ha muerto, ha quedado en la historia de este lugar por quienes lo conocimos, donde quiera que se encuentra seguramente estará escribiendo sus jocosos versos.

Don Rafael vaya a través de estas líneas mi reconocimiento a esa gran profesión que ejerciste por afición, siempre se te recordará como “El Balazo" aquel que nos deleitaba todos los días con sus versos y en ellos nos enterábamos de lo que acontecía en la ciudad.

Para concluir tenemos un verso de despedida que nos dejó: "De mi vida estoy decepcionado/ de mi pueblo, tengo que alejarme hoy/ donde nunca sea encontrado/ el balazo ha acabado/". No te acabaste Balazo al contrario no te fuiste del todo, iniciaste tu leyenda y un lugar en la historia de esta hermosa tierra que un día te vio nacer...Descansa en paz.