El corazón de Ah' Canul - 26
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Los hombres que quieren ser osos
Carlos A. Fernández Canul
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-Oye Honorio, no seas gacho, ¡vamos acompáñame, será la noche más inolvidable de mi vida! Se acercaba ya el carnaval en el pueblo y como cada año, todos se preparaban para disfrazarse y lucir sus mejores disfraces.

Anselmo presuroso, ayudaba a su amigo a confeccionar su disfraz, piel de pita de sosquil-henequén, costuraban de un lado a otro, la aguja y el mecate iban conformando aquel traje de oso.

Días antes habían acudido al cementerio del pueblo en busca de la tumba del papá de Honorio, en donde agarraron su vieja máscara, que años atrás cuando murió, lo habían sepultado con todo y disfraz de oso −porque así fue su deseo−.

Pasaron los días y al fin llegó el ansiado día de disfraces –el martes de carnaval−, aunque se disfrazan durante todo el mes. La fiesta ya había iniciado, ahí en el palacio municipal del pueblo, la alegre música del conjunto musical ya ambientaba la fiesta. Se oía: "A San Antonio, ponlo de cabeza, pídele un novio, pídele un novio...”, era la melodía de moda, y retumbaba sobre la noche estrellada, animando el ambiente, donde ya una gran multitud se divertía.

No muy lejos de ahí, Honorio muy animado se ponía su rimbombante disfraz. −Mira Anselmo, ayúdame por favor a ponerme el cencerro, quiero que suene, y será el que tenga el mejor sonido de la fiesta. −Cálmate amigo, ten calma, que este año tú serás el mejor−. Al fin terminaron de disfrazarse y de prisa se encaminaron hacia la plaza del pueblo, por el camino se encontraron con infinidad de osos, niños, osos mujeres, etc. etc., pero para Honorio, él sentía que era el más elegante y el mejor de todos.

Cuando llegaron a la plaza del pueblo, todo era bullicio, ruidos de infinidad de cencerros, chicotes que reventaban sobre las espaldas cubiertas con piel de venado disecada, osos chicos, medianos, adultos, unos disfrazados de tigrillos, enmascarados, etc., pero los osos tienen una característica muy importante: los osos hombres dejan de hablar cuando se encuentran ya en conjunto, solo emiten gruñidos, con un solo fin para que no sean identificados por sus demás compañeros.

¡Atención, atención! −se escuchó una voz fuerte en el amplio salón de baile−. En estos momentos desfilarán todos los disfrazados por el salón, para iniciar el concurso. −En primer lugar tenemos a una bonitas panteras, y así uno a uno fueron enumerando y desfilando por el centro del salón. Poco después se escuchó: -¡Atención respetable público, el honorable jurado calificador, ha decidido otorgar el primer lugar a un oso, ya que por su perfecta imitación a este animal, se merece el premio que consiste en la cantidad de $500.00.

Honorio no cabía de gusto, ya que él habla sido el afortunado. −No te lo dije Anselmo, que yo iba a ser el mejor−. Cuate ahora vamos a disfrutar del premio, ¡que sirvan las chevas!, gritó, y así fueron pasando las horas y ya eran cerca de las 12 de la noche. Honorio despertó y gritó ¡Anselmo, on-tás, a dónde te has metido, hijo de pinch...ma, ¿adónde habrá ido este?, se preguntaba. Para su sorpresa notó que toda la gente ya se había retirado, se dirigió hacia su casa, y por el camino solo escuchaba el ladrido de los perros, pero no se dio cuenta que había equivocado el camino hacia su casa, y se dirigió hacia el oriente del pueblo, y ese camino lo llevaba directo al panteón. De pronto una gran luz le cegó los ojos. −¡Oh Dios−, miró en el horizonte que la luna lucía grandota en el cielo, por ratos se escondía entre las nubes, -¡Oh si hoy es luna llena, se dijo! −A lo lejos se escuchaba el ladrido de los perros, lo cual lo hizo sentir miedo, quiso gritar, pero no pudo− quiso quitarse el disfraz y sintió que su piel estaba cubierta de pelos, sus pies habían tomado la forma de garras, al igual que sus manos, quiso sentarse y se echó, trató de quitarse la máscara y sintió que su boca se había transformado en hocico, ¡No Dios mío, sálvame! quiso gritar y no pudo, y de nuevo emitió un gruñido...

Ja, ja, ja, ja, ja. Escuchó a lo lejos. ¡Maldito seas, sobrino porque interrumpiste mi descanso eterno y me robaste mi máscara de oso, ja, ja. ja. ja, ...desde aquel día y en las noches de luna llena , se escucha por los viejos caminos del pueblo, el tintineo de un cencerro y el gruñido de un oso, que un día quiso ser hombre-oso...