El corazón de Ah' Canul - 25
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Otra función de las sociedades culturales, recreativas y deportivas de Calkiní
Andrés J. González Kantún
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Es indiscutible que las primeras sociedades Culturales, Recreativas y Deportivas en Calkiní, cuyo auge fue en la época del tren de vapor, funcionaron a toda máquina. El deporte y la cultura desbordaron los límites del éxito, convirtiéndose a final de cuentas en los símbolos que distinguieron a la patria chica. Como sucedió con la Sociedad Aurora que en el área del béisbol y la cultura logró destacar extraordinariamente, no sólo en la esfera local sino nacional e internacional (en especial el béisbol).

Fue tanta la explosividad del muestrario cultural calkiniense que dio origen a que se le bautizara con el apelativo: “La Atenas del Camino Real”, como aún se le conoce, y que no se ha quedado durmiendo en sus laureles pues aún se advierte su prestancia en la sociedad del Camino Real.

Pero avistemos en lo general la conducta de las sociedades existentes.

De aquellos nobles objetivos románticos, obtenidos con esfuerzo, amor y buen gusto, se han mudado en otras intenciones de orden mercantilista traducidas en fiestas sociales o para apoyos en actividades políticas para fortalecer futuros intereses claros e implícitos.

De aquellas promotoras del arte y la cultura han mermado sus energías y motivaciones, si acaso relumbran titubeantes lucecitas estelares de buenas intenciones. No obstante que Calkiní es feraz sementera para sembrar y tonificar toda clase de actividades debido a la presencia de escuelas de distintos niveles sedientas a recoger en su regazo el desarrollo físico y cultural que se les pueda ofrecer.

Las oportunidades siempre están en disposición para la reconciliación con el arte y la tradición tales como las fiestas populares de los barrios y de la ciudad (vaquerías), fechas conmemorativas, el fortalecimiento de la Campechanía, el intercambio cultural con otras sociedades de la misma hermandad; en fin, se cuenta con un bagaje variopinto de ideas que pudieran aprovecharse para exterminar el desánimo y el conformismo. Sería muy meritorio que se recuperaran los propósitos originales que le dieron vida con la savia innata del saber y el entretenimiento.

Urge el renacimiento de todas las sociedades cuya presencia se hagan plausibles, dinámicas, indispensables en todas las prácticas para la subsistencia del patrimonio cultural o de otra índole ya sea como participantes, colaboradores, promotores de tal modo que revitalice el espíritu sabihondo de esta tierra de los Ah Canul, ya de por sí censurada por su dejadez plasmada en una expresión jocosa y aguda que dice: “El apenas del Camino Real”.

Desde luego que esta tarea no es muy fácil de resolver, pues los tiempos han cambiado y los intereses de la juventud— que sería el alma para esta resurrección— son otras, y además el desapego por la familia inciden en esta difícil misión para inflamar esas lumbreras de luz que iluminaron a Calkiní en otros tiempos, sin embargo, esa situación podría cambiar si se invoca a la sensibilidad de los jóvenes y con demostraciones para recobrar ese amor por el terruño. Las autoridades en turno deben intentar recuperar esos brazos (antes polifémicos) de la cultura entumecida por la indolencia y dialogar persuasivamente con ellas y apoyarlas en todo lo que se requiera para que puedan reaparecer como el Ave Fénix transformadas en bienhechoras, creadoras, organizadoras y protagonistas de la historia cultural y deportiva de esta tierra potencialmente capaz.

Es necesario contar con su apoyo (de las sociedades) y no depender exclusivamente de la Casa de Cultura que no se basta para atender tantos compromisos sí acaso los tienen o duerman también en la pereza del sueño eterno por falta de liderazgo.

Reitero, una muestra de ese esfuerzo, que se ha notado a leguas, lo ha manifestado la Aurora que no ha cejado en su empeño, aunque en gotas, en organizar actividades de diferentes especies para la preservación del prestigio que un día ganó a pulso. ¿Y las demás sociedades qué…? ¿Existen?

Vale la pena intentarlo, sólo es cuestión de voluntad, amor por la sociedad nativa y el entorno municipal.

Que el tiempo y nuestra tierra sean testigos y juzgadores de estos buenos propósitos para llevarlos en el limbo del desarrollo cultural. Todo es cuestión de honor y vocación de servir.

Esperemos.