El corazón de Ah' Canul - 23
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Equidad e igualdad para las mujeres
Teresita Durán Vela
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Mujer, creación perfecta,
no ocultes las lágrimas ni la belleza de tu sonrisa;
en ti, habita el poder,
la inteligencia y la verdad.

 

Mujeres y hombres son artífices de la historia de los pueblos, la participación de ambos, ha generado movimientos, luchas y logros. Desde finales del siglo XIX, surgió la idea del reconocimiento de los derechos humanos de las féminas, en esos tiempos de expansión y turbulencia, el rol de las mujeres, era menospreciado y descalificado. Fue gracias a la voluntad, perseverancia y trabajo de grupos de mujeres, en busca de justicia y libertad, lo que impulsó un movimiento mundial a favor del respeto de sus derechos.

En la actualidad, millones de mujeres viven limitadas por sistemas políticos, patrones culturales, marcos ideológicos y creencias religiosas; ahogadas en la angustia y el sufrimiento, prisioneras de hombres, rehenes de la miseria, limitadas por la ignorancia y discriminadas por su género. Expuestas a trabajos forzados, sin derecho a educación, libertad para vivir su propia sexualidad, disponer de servicios básicos de salud y alimentación. Millones de niñas aun no concluyen la educación básica y sí están sometidas a una relación marital desde temprana edad. La situación es lamentable. ¡Una realidad incongruente en pleno siglo XXI y en la era de la información!

En México, el panorama no es tan lejano de lo que sucede en las naciones musulmanas, las etnias africanas, barrios de la India, favelas de Brasil o las migrantes rumanas. La diferencia es próxima, en otro contexto geográfico, existen tarahumaras analfabetas, jóvenes violadas, explotadas, mujeres indígenas extremadamente pobres, sin empleo; otras, son víctimas de las redes de trata de personas, más, las atrapadas en adicciones o quizá en algún cartel del narcotráfico.

La crueldad somete el peligro, impidiendo el pleno desarrollo de sus capacidades, negándoles el ejercicio de los derechos humanos y el respeto a su vida. Este lado oscuro de la realidad, no puede ocultarse como muchos quisieran. Es parte del paisaje de los centros urbanos y rurales, está identificado por las autoridades –incluso registrado en las estadísticas- sin embargo, la justicia no está de lado de ellas. Los discursos oficiales son emotivos, campañas, programas, apoyos van y vienen arropados por la cultura de la equidad de género, una libre vida sin violencia y políticas de no discriminación. Esfuerzos limitados, en tanto no existan entornos sociales de corresponsabilidad; familias, escuelas, comunidades, instituciones, legislaciones y gobiernos sensibles y justos.

Afortunadamente no todo el género femenino de la población mexicana, está sitiado por ambientes negativos, un buen porcentaje niñas y jóvenes asisten a la escuela, realizan algún trabajo, tienen un lugar en las universidades, compiten por puestos gerenciales, realizan activismo político y social, dan voz al silencio de las oprimidas, se atreven a sostener la bandera de la igualdad de oportunidades y defienden sus derechos. Asumen obligaciones ciudadanas y se comprometen a realizar actos de valor y decisión de mujeres comunes.