El corazón de Ah' Canul - 23
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Educación y Familia
Felipe J. Castellanos Arcila
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Sin duda la escuela ocupa un lugar de importancia en el aprecio de la sociedad, tanto que entre las primeras solicitudes de atención por parte de los pueblos, es la de contar con sus servicios.

La sociedad está empeñada en darle a la escuela el papel protagónico en la educación de niños y jóvenes, pero por mucho empeño que en ello se ponga, sigue siendo la familia quien detenta ese papel y esperemos que así continúe, con la salvedad del deterioro que en su estructura y en su composición la viene afectando en los tiempos recientes.

Contra lo que muchos creemos, los niños no llegan a la escuela como libro en blanco, cuando inician su escolarización, aún en el nivel maternal, traen consigo una información producto de la interrelación familiar que será determinante para su posterior desarrollo escolar. En muchos de los casos bastaría observar las actitudes de los niños para comprender como es la familia.

La familia actual se ha venido transformando, dando lugar a diversas modalidades, desde la familia tradicional conformada por el padre, la madre y los hijos, pasando por la familia con carencia de alguno de sus soportes, sea el padre o la madre, o familias con padres de fin de semana, por las condiciones propias de la ubicación laboral de alguno de los cónyuges, o por que el padre y/o la madre ha formado otro hogar y reclama para sí la presencia de los hijos en los días sábados o domingos, lo que genera movilidad en los niños y niñas, que con frecuencia viven al mismo tiempo en ambientes muy distintos.

En algunos países ya existen, por adopciones permitidas por ley, la familia con padres del mismo sexo, caso que ya se dio por primera vez en el Distrito Federal, siendo Mateo el primer niño en México, que oficialmente y avalado por su acta de nacimiento, que no cuenta con una madre, pero si con dos padres, dado esto a partir del mes de febrero próximo pasado, seguramente después, tendremos casos de niños sin padre pero con dos madres.

Nuevas situaciones que en definitiva obligan a un nuevo esquema de relaciones en torno a la familia.

Tal vez, algunos de los cambios más significativos obedezcan al nuevo rol que viene desempeñando la mujer dentro de la familia, al pasar de responsable directa del ordenamiento doméstico y de cuidado de los niños, permaneciendo de manera contínua al interior de la casa, a convertirse en proveedora de recursos para el sostenimiento del hogar, al par de los varones, fuera del entorno cercano, trastocando de manera definitiva el ordenamiento familiar, democratizando funciones y obligando a cada uno de sus miembros a asumir nuevas funciones y responsabilidades.

Por consiguiente, al cambiar el rol de la mujer se cambió el del hombre y el de los hijos.

En la actualidad los niños tienen más horas de interrelación extra familiar, que con la propia, mucho de su tiempo la pasan al cuidado de personas diferentes a sus padres, incluyéndose las horas de asistencia a la guardería o la escuela, las que se pasan frente a la televisión, a las que se suman la asistencia a clubes o diferentes modalidades de educación complementaria, como las academias de danza, deportes, idiomas y otras más.

La educación familiar actual presencia una dicotomía, por una parte podríamos decir que, como resultado de un mayor nivel educativo de los padres y de un aumento en la edad media en el matrimonio de los mismos, hace a la maternidad y a la paternidad más madura y responsable, la familia se planifica en cuanto a número de sus miembros y los niños suelen ser deseados por sus progenitores, por lo que podríamos decir, en este aspecto, que reciben de la familia mayor atención y afecto.

Hoy las familias son de pocos miembros, lo que de alguna manera facilita la atención a las necesidades de los hijos, y con cierta frecuencia, los padres planifican sus vidas en función de aquellos.

Por el contrario, en la otra cara de la moneda, la familia se enfrenta ante una sociedad de mayor competitividad, de un mercantilismo acelerado en donde el consumo y la obtención de bienes reclama mucho de la atención de los padres, relegando a los hijos a segundos planos, lo que no en pocas ocasiones provoca, en los progenitores, sentimientos de culpabilidad a la hora de valorar el tiempo dedicado a los hijos.

Es común escuchar: -“A mis hijos, poco tiempo, más vale la calidad que la cantidad”- , -“Poco tiempo paso con ellos, para ponerme a regañarlos”-, -“ Por eso les doy todo lo que quieren”-, expresiones que esconden sentimientos de limitación y falta de responsabilidad, comportamientos que con el tiempo nos cobran la factura.

Estamos pues, ante una educación familiar llena de afecto, real o aparente, pero carente de valores y pautas de conductas claras en donde las palabras: tiempo, paciencia, constancia, exigencia, ejemplo, tolerancia, deberán normar las acciones de los padres, si es que pretendemos obtener buenos resultados en la educación de nuestros hijos.

Sin duda, mucho de los avances y también de problemas sociales que vive el país en la actualidad, obedecen a estas nuevas formas de conducta familiar.

Referencias bibliográficas: MEILÁN García Ma. José. Cómo ser Escuelas Eficaces. Editorial CCS. Madrid. 2001.