El corazón de Ah' Canul - 22
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Seres extraordinarios de otros tiempos
Dzitbalché, una mirada al pasado
Jorge Jesús Tun Chuc
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En la ciudad de Chetumal, la gente se burló de él, la policía lo encerró en la cárcel municipal y le cortaron el cabello. Indignado por las humillaciones sufridas, lanzó una maldición: -La ciudad sufrirá una terrible inundación y el mar se tragará a sus habitantes-.

Con el paso de los años, la sentencia fue olvidada. Sin embargo, en horas de la madrugada del 28 de septiembre de 1955, las torrenciales lluvias y los furiosos vientos del huracán “Janet” arrasaron con la ciudad de Chetumal. El mar penetró cientos de metros tierra adentro ahogando a centenares de personas ¿Se había cumplido la profecía de Enoc? La polémica sobre la causa de este trágico evento, continúa.

Cuenta la gente que lo vio y lo escuchó hablar que, este excéntrico personaje era bilingüe. En las comunidades muy pequeñas y rurales expresaba su mensaje en maya. En lugares como Dzitbalché y Calkiní se dirigió a sus espontáneos acompañantes en idioma español.

En la prensa de esa época no hay referencia sobre las actividades de Enoc, al menos hasta ahora ha sido una búsqueda estéril pero, sigo tras sus escasas y borrosas huellas.

Hasta hoy, se desconoce mucha información sobre Enoc, por ejemplo: No se sabe si tuvo esposa e hijos, no se conoce a ningún familiar suyo en nuestros días. Se ignora el lugar y la fecha de su muerte. Prácticamente se esfumó tan misteriosamente así como lo fue su aparición en la escena de la vida cotidiana de los pueblos del Mayab. Incluso la tradición oral casi lo ha borrado de la memoria colectiva de las generaciones nuevas. Pese a ello, el caso sigue abierto.

El siguiente personaje que por varias generaciones estuvo vigente en las conversaciones de la gente es el llamado “hombre mosca”. Sobre el origen de este escalador de edificios, es muy probable que haya venido del centro o norte de nuestro país.

Hizo su aparición en Dzitbalché en una fecha que no ha sido posible precisar pero, probablemente lo hizo entre los años 1934 ó 1935.

Veteranos lugareños cuentan que, este amante del peligro arribó a la plaza principal, antes del medio día. Hizo el viaje desde Campeche hasta esta antigua villa en el ferrocarril que, era el único medio de transporte terrestre entre la Ciudad de las murallas y la capital yucateca.

Este caso guarda similitudes con el anterior, por la escasez de fuentes escritas que pudieran alimentar sus respectivas historias, Por tanto, se ha recurrido a la tradición oral; común pero siempre valioso recurso para la preservación de la cultura popular. Las fuentes escritas sobre la estancia y actuación del “hombre mosca” son prácticamente inexistentes. Sin embargo, con lo que se ha rescatado hasta ahora se ha podido dar forma a esta historia.

Se ignora oficialmente el nombre de pila del llamado “hombre mosca”. Sin embargo, en el actual libro del español del alumno de sexto grado; existe una carta formal u oficio en la que el remitente Octaviano F. Molina, solicita permiso al alcalde de la ciudad de Zacatecas; para escalar una de las dos torres de la catedral de esa ciudad. La misiva se hizo con fecha 28 de febrero de 1934. Por tanto, no es descabellado pensar que este personaje es el mismo que estuvo en Dzitbalché, en su recorrido por toda la geografía de nuestro país, exhibiendo sus temerarias habilidades. El mismo acepta y reconoce en su carta que la gente lo conoce con el sobre nombre de “hombre mosca”.

Pues bien, una vez que este hombre de unos treinta años llegó a la plaza principal, se dirigió al Palacio Municipal donde solicitó permiso a la Presidencia de la Junta Municipal. Como no se ha podido determinar con exactitud el año de su actuación en Dzitbalché, es bueno decir que si este personaje estuvo acá en 1934, el permiso se lo concedió el Sr. Felipe Salazar P. pero, si esto sucedió en 1935, entonces su solicitud fue atendida por Don Candelario Cuevas, entonces autoridad local.

Un testigo de este suceso que ahora está en el invierno de su vida, afirma que tendría en ese entonces diez u once años de edad, cuenta que fue un día domingo cuando se anunció que el hombre mosca estaría en Dzitbalché para escalar la parte frontal de la parroquia. Concluida la misa dominical de las nueve horas, la gente aguardó con expectación el arribo de este personaje amante de la adrenalina.

Cuando se dirigía en busca de la autoridad, la gente lo acompañó al Palacio Municipal, estimulada por la curiosidad de estar a punto de presenciar un espectáculo irrepetible. Auque era día feriado, el Presidente hizo una excepción para esta ocasión. Acto seguido, el Hombre mosca caminó hasta el atrio de la iglesia. La inusual función estaba apunto de empezar. Antes, pidió que la gente despejara la explanada del templo como medida de prevención. Obviamente, el “hombre mosca” traía sus propios implementos de trabajo, entre ellos una silla de madera y varias sogas de diferentes longitudes. Algún colaborador anónimo amarró la soga en la parte más alta del campanario y la lanzó hasta el piso de piedra. La silla lo esperaba en la azotea abovedada del edificio.

Se quitó la camisa, dejando ver una lograda musculatura que mucho le había servido en su arriesgada forma de ganarse la vida. Tomó la soga entre sus manos, respiró profundo y comenzó a pulsarse rápidamente hasta alcanzar el arco del pórtico. En este punto apoyó los pies en la pared continuando con su ascenso. Pronto llegó hasta el ventanal en forma de arco. En este sitio descansó un instante apoyando sus extremidades en la base de la ventana. En una demostración de poder y concentración escaló el último tramo hasta alcanzar la azotea del templo.

Nuestro informante no recuerda con claridad como le hizo para alcanzar la parte más alta del campanario.

Mientras tanto, allá abajo los cientos de asombrados espectadores sentían los efectos de la “hormona de la vida intensa” en su torrente sanguíneo. Las manos húmedas y la aceleración del ritmo cardiaco denotaban el nerviosismo que causaba cada uno de los movimientos y piruetas del “hombre mosca”. No pocas personas, sobre todo las del bello sexo se tapaban los ojos con las manos; temiendo que el temerario hombre pudiera cometer un error que seguramente pagaría con su vida.

En una de las curvas de la construcción, colocó la silla al borde del vacío, se sentó, cruzó las piernas y tomó un periódico en actitud de estar leyendo. Las señoras que eran católicas devotas, rezaban en voz baja pidiendo a Dios que protegiera al aludido personaje.

Por cada acto la gente le aplaudía nutridamente. Al cabo de unos quince minutos de tener a la gente en vilo, el “hombre mosca” alzó los brazos en señal de triunfo y se dispuso a descender, deslizándose por la cuerda de yute. Ya en el piso, de tendió boca arriba para recuperarse de su extenuante actuación. Se puso de pie, caminando entre la gente con su sombrero en las manos donde recaudó las monedas que el público le dio. Como se ve, esta era la manera poco envidiable en la que se ganaba el pan de cada día.

Después de su partida, nunca más se le volvió a ver en Dzitbalché. De Octavio F. Molina, sólo quedó el recuerdo.

No existe la más mínima duda que tanto el profeta Enoc como el “Hombre mosca” son seres extraordinarios de otros tiempos que asombraron a nuestros abuelos.