El corazón de Ah' Canul - 22
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La Caja Mágica
Felipe J. Castellanos Arcila
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En tiempos pasados, al interior de casi todos los hogares, existió un mueble que independientemente de su función de custodio de bienes, sirvió para despertar el imaginativo de los niños, sobre todo si éste se trataba del de los abuelos. Me refiero al viejo mueble llamado como el baúl.

El permitírsenos adentrarnos a su interior, hacia lo oculto, despertó siempre el interés por investigar y frente a él se pasaban las horas sin sentir, dando vuelo a la imaginación.

En la actualidad un nuevo mueble ha sustituido al anterior, éste, tan o más subyugante que aquel. Como seguramente habrá ya intuido, se trata de una “Caja Mágica” a la que se le ha denominado como el Televisor. Con los cambios tecnológicos tan acelerados, hoy en día, ha dejado de ser realmente una caja.

Pues bien, este nuevo e inquietante mueble ha tenido tal aceptación que ha invadido todos los espacios del hogar; si bien el baúl permanecía, casi oculto, en la recámara, éste, al que hoy refiero, literalmente se ha metido “hasta la cocina”, pasando desde luego por la sala, el comedor y, en no pocos casos, hasta frente el inodoro del cuarto sanitario; pero no termina aquí, pues también se ha apoderado de nuestro tiempo y de nuestras voluntades.

Cuántas horas pasamos frente a la tele? O lo que es peor, Cuántas veces hemos escuchado. -No puedo salir, es la hora de mi telenovela-.

Si lo anterior no es preocupante, se añadiría que día a día surgen nuevas herramientas tecnológicas que se van apoderando también de nosotros mismos, física y mentalmente. Nadie puede negar, si de ser sinceros se trata, del papel que juegan además de los modelos televisivos, las innovaciones de la telefonía y las del internet, en el comportamiento humano.

Si a algo habremos de atribuirle, el ostentar, como país, el primer lugar de obesidad infantil, sin duda queda, el papel que en ello tienen el poder de la televisión y los nuevos medios de comunicación.

Y, no solo en la alimentación, también en las modas, los comportamientos, las actitudes hacia los demás y hacia nosotros mismos. De practicantes a observadores del deporte, de lectores a visualizadores de la información, del lenguaje oral al mediático, y de innumerables formas de nuevas conductas.

Como adultos, es fácil darnos cuenta de como van cambiando los referentes de nuestros niños y niñas, según los dictados de la televisión, por ejemplo, asomémonos a una cancha de futbol a observar a nuestros chicos; seguramente nos encontraremos, en la cancha, con más “Chicharitos” que en una lata de esta leguminosa, de la tienda de la esquina.

Con todo lo anterior hay algunos que prefieren referirse al artefacto,que inició esta revolución, como la “Caja idiota”, como si realmente sólo de ella dependiera el problema.

Sin tratar de polemizar si la caja mágica, es capaz de ilustrarnos o idiotizarnos; “si realmente tratamos de educar, tendremos mucho que aprender de ella( la televisión), la realidad es que si pretendemos hacerlo a sus espaldas, habremos perdido la guerra antes de comenzar la batalla”(1).

El sistema educativo y la familia tendrán que poner en juego nuevas estrategias para aprovechar su magia, hacer algo de lo que ella hace, para llegar al gusto de las masas e impactar de manera positiva.

Aprovechar debidamente la televisión y los nuevos medios de comunicación al interior de la escuela y del hogar, haciendo uso dinámico y didáctico de la buena información disponible y del impacto que éstos tienen, es de importancia en la educación.

La posibilidad de estar en conexión con lugares y sucesos en tiempo real, acceder a un cúmulo inimaginable de información, representa un gran avance con el inconveniente que, al mismotiempo, ésta viene acompañada de mucha “basura”.

Aprender a discriminar entre lo bueno y lo malo, así como analizar y valorar los modelos de conducta que los medios proponen; donde prolifera la violencia y se transgreden los valores y las buenas costumbres, a tiempo que se hace una exaltación de lo joven y lo bello como paradigmas de la felicidad, es una necesidad.

Aquí agregaría a manera de protesta, que los viejos y los feos también podemos ser felices, aún la televisión diga lo contrario.

En la Caja Mágica, la telefonía y la internet, como en la dinamita, el bien y el mal no son de su única exclusividad, sino más bien depende del uso que de ellas hagamos y esto último, si es de nuestra responsabilidad..

Aprovechemos, de la mejor manera, las nuevas herramientas tecnológicas de la informática y la comunicación y convirtámoslas en nuestras mejores aliadas para educar. Ese es el reto.

(1)MEILAN García,Ma. José. Cómo ser escuelas eficaces. Editorial CCS. Madrid. 2001.