El corazón de Ah' Canul - 21
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Seres extraordinarios de otros tiempos
Dzitbalché, una mirada al pasado
Jorge Jesús Tun Chuc
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En un lapso que abarca desde los albores del siglo XX, hasta mediados de los años setentas, era una escena periódica, observar el arribo de ciertos visitantes a esta villa; que se caracterizaban por romper la rutina de la cotidianidad. Algunos de ellos eran los cirqueros y gitanos que se instalaban en la plaza principal, lugar donde realizaban sus actividades. Sin embargo, también llegaron a Dzitbalché, personajes extravagantes como el profeta Enoc y el “Hombre mosca”. Cada uno, en su más particular estilo, causó asombro y dejó perennes recuerdos en la gente a mediados de los veinte y treintas, respectivamente.

De estos dos singulares personajes, solamente uno hizo la mayor parte de sus recorridos a pie por los pueblos y ciudades de la Península de Yucatán. El misterioso varón caminante fue conocido con el nombre de Enoc, a quien la gente le llamaba profeta. Como en aquellos tiempos no existía carretera alguna en el Camino Real, el enviado de Dios como él mismo se autoproclamaba, seguía la ruta de las rieles del tren para trasladarse de una comunidad a otra.

Enoc, era un hombre como de unos treinta y cinco años de edad, de complexión y estatura medianas; de piel curtida por su prolongada exposición al sol. Su cabello era negro y largo que le caía sobre los hombros. Lucía una poblada barba. Vestía una túnica café que le llegaba más abajo de las rodillas, con un cordón de seda amarrado a la cintura, calzaba sencillos huaraches de cuero. El extraño aspecto que tenía, le daba un aire verdaderamente místico. Parecía un ser venido de otro tiempo, como salido de un pasaje bíblico. Y precisamente su ministerio se enfocaba en predicar las profecías del libro sagrado del cristianismo. En el hombro izquierdo llevaba una “pita” de sosquil y una vara larga de madera a manera de báculo.

Apenas fue detectada su presencia la gente salió a las puertas de sus casas a observar el paso de tan peculiar visitante. Los niños sintieron una fuerte atracción hacia él, siguiéndolo por la calle 21, rumbo al centro. Al llegar a la confluencia con la 18, una buena cantidad de curiosos de todas las edades lo acompañaban. Ahí, frente a la tienda de Don Alejandro Peña se detuvo un instante. Giró hacia el norte, buscando la plaza principal. Caminó hasta encontrarse bajo la refrescante sombra de la centenaria ceiba, hoy ya extinta. A esa hora, serían como las diez de la mañana. Para entonces, mucha gente prácticamente lo rodeaba. El silencio era total, pues Enoc dejaría escuchar su mensaje. De pronto, alzando los brazos a la manera de Moisés cuando se disponía a separar las aguas del Mar Rojo, dijo:

–¡Dios me ha enviado para anunciar el fin de la humanidad!

–Luego continuó:

–Terribles guerras provocarán muerte, destrucción y hambruna a la raza humana. Está cercano el derrumbe del poder de los gobiernos del mundo. La gente escuchaba sus palabras con asombro y temor, después agregó:

–Entonces vendrá el Anticristo, falso redentor que ofrecerá pan al hambriento pero, ¡ay! del que osara de tomarlo, pues será marcado con una herradura para ser enviado al infierno.

La gente no daba crédito a lo que veía y escuchaba. Una mezcla de respeto y temor invadió al improvisado auditorio, tanto por la apariencia física del enigmático profeta como por el apocalíptico futuro que anunciaba.

Cuenta la tradición oral que luego se dirigió al barrio de San Roque donde también vislumbró un negro porvenir para el mundo.

Concluida su prédica, se dirigió al domicilio de uno de los vecinos del barrio y solicitó que le obsequiaran agua y miel, pues era lo único que decía consumir, negándose a aceptar otro tipo de alimento. Después de un breve descanso enfiló sus pasos nuevamente sobre la calle 20, atravesó la plaza, siguió sobre la 18 hasta llegar a la 21 con rumbo a la estación del ferrocarril para luego dirigirse a Calkiní. La gente lo dejo seguir su camino hasta el cabo del poblado.

¿Quién era Enoc en realidad?

Según algunos investigadores, entre ellos Miguel Ángel Orilla Canché; afirmaban que Enoc era originario de la ciudad de Mérida, Yuc.; y se llamaba Laureano o Lauriano Ojeda. Por cuestiones personales que se desconocen, se dedicó enteramente a predicar en todos los barrios de la capital yucateca, profecías catastrofistas de la Biblia. Pero, no pudo conseguir seguidores para sus propósitos. Por tanto, se transformó en predicador errante.

En su recorrido por toda la Península de Yucatán arribó a comunidades donde se le recibió con respeto y buen trato, en otros en cambio; sufrió la burla de la gente y el maltrato de las autoridades.

Durante su fugaz visita a Dzitbalché, no se recuerda ningún incidente que haya obstaculizado su labor profética, ni amenaza alguna que haya puesto en riesgo su integridad física.

Su breve estadía en Calkiní transcurrió con tranquilidad, salvo por una ocurrencia satírica de una mujer ya entrada en años de nombre Trina Maldonado, vecina de esta ciudad pero oriunda de la capital campechana.

Estando Enoc predicando en la esquina de la calle 20 x 17, frente a la tienda de Don Andrés Mijangos, en el mero centro de Calkiní; el extraño personaje repitió el sermón, como lo hacía en cada parada pero, al decir a todo pulmón que pronto no habría piedra sobre piedra, la anciana espontáneamente contestó en voz alta: - ¡No habrá madre sobre madre!... continuando su camino como si nada. La “osadía” de esta mujer, provocó la hilaridad de las personas que ahí se encontraban.

A este hombre se le atribuyen actos considerados como milagrosos, así como haber pronunciado profecías que el tiempo se encargó de cumplirlas. Por ejemplo, se cuenta que un día Enoc caminaba rumbo a Timucuy Yuc.; en esa vía se encontró con un camión que transportaba pencas de henequén. Enoc le solicitó al chofer si le daba un “aventón” hasta ese poblado. El camionero al ver la apariencia del solicitante, se negó rotundamente porque pensó que estaba frente a un teporocho o un loco.

Un poco más adelante, el camión se descompuso, obligando al chofer a caminar hasta el pueblo. Al llegar, el transportista lo vio sentado a las puertas de una tienda. Sorprendentemente el camionero en ningún momento volvió a encontrar a Enoc en el resto del trayecto. Desapareció, para aparecer descansando afuera del pequeño tendejón. El enigmático hombre nunca dio una explicación de cómo le hizo para arribar al pueblo en un abrir y cerrar de ojos.

Antiguos habitantes de San Antonio Tehuitz Yuc.; recuerdan que de pronto Enoc se les apareció cuando se encontraban descansando bajo una frondosa ceiba, de regreso del trabajo.

Como parte de su rutina, el profeta repetía lo que pronunciaba en las comunidades a las que llegaba. Ese día dio a conocer nuevas profecías: - Veinticinco años antes del nuevo siglo, habrá una prolongada sequía- luego agregó – Ganarán mucho dinero pero nunca saldrán de la pobreza.

Al terminar, Enoc se dirigió a uno de los labradores para pedirle un poco de agua, el campesino se negó a dársela. Instantes después el vital líquido se esfumó o evaporó de su calabazo; hecho que corroboraron sus acompañantes.

¿Magia, ilusionismo, milagro o fraude? Nadie pudo dar una explicación razonable a esta asombrosa e insólita experiencia.

Son innumerables los actos realizados por Enoc que, siguen desafiando a la razón y el sentido común. Se dice que algunas personas le pidieron que las curara de sus males pero, él respondió que no tenía facultades para hacerlo. Así que les impartió la bendición y les indicó que en un vaso con agua colocaran tres rosas rojas y encendieran igual cantidad de veladoras. Las que bebieron el agua, recuperaron su salud.