El corazón de Ah' Canul - 18
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Las Madres
Estela Hernández Sandoval
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I

Hace poco cayó en mis manos una tira cómica intitulada “Súper mujer” y en ella una niña preguntaba: ¿Quién es una señora que hace de maestra, enfermera, chofer, cocinera, confesor, psicóloga, policía, plomera y que no cobra? Y un alegre chiquillo contestaba: ¡Mi mamá!

Madres calkinienses, madres de México y del mundo, son ustedes las súpermujeres de estos tiempos y de viejas eras.

Cada vez están más cerca del retorno a la sociedad matriarcal, cada vez, ustedes, mujeres y madres son más dueñas de acontecimientos sociales y cada vez adquieren más poder público.
¡Muchas felicidades madres, por su día, por sus logros y por no olvidarse de su importante función de madres!

II

Muchos son los cambios que se han dado en la sociedad, especialmente al interior de las familias mexicanas, derivados del derrumbamiento de prejuicios y equivocados paradigmas de lo masculino y lo femenino.

Han surgido nuevas formas de pensar y, por ende de actuar. Ahora, yo, como otras mujeres mexicanas, puedo disfrutar, por mí misma, por mis hijas y por mi nieta, las ventajas de ser madre y abuela del siglo XXI.

Pertenezco a una generación de mujeres, que, por primera vez, tuvimos la libertad de decidir si deseábamos ser madres o no y el número de hijos que queríamos. Lo cual quiere decir que no me convertí en mamá por decreto, lo soy por elección.

Decidí concebir y tener dos hijas. Estar embarazada fue una gran y emotiva experiencia al sentirme portadora de vida. Esta grandiosa experiencia se continuó en el parto y éste es lo que más me ha empoderado como mujer y como persona. Fue en ese momento que tuve un encuentro con mi SER, quien, desde sus ancestrales avatares, se enfrentó con el mandato bíblico referente al “parirás a tus hijos con dolor” y decidió que no tenía por qué ser así y concentró su sabiduría, con la sabiduría de otras parturientas anteriores a mí y que me nombraron su heredera y en comunión con mi fuerza animal, amalgamó saberes convirtiendo, como por arte de magia, ese acto tan temido, por sentenciosamente doloroso, en algo natural y puede decirse sencillo, a pesar de su complejidad.

Ser madre, es una tarea para la que no existe escuela como tal, sin embargo, todas, dentro de nuestro marco cultural y contextual, tratamos de cumplir esta responsabilidad de la mejor manera, aunque en ocasiones nos equivocamos. Nuestro primer error es creer que hijos e hijas son nuestros y nuestras, es decir de nuestra propiedad; olvidamos que únicamente somos los arcos para que nuestros hijos e hijas, “flechas vivientes”, se lancen al espacio.
La vida se encarga de enseñarnos que ellos y ellas decidirán como vivir su vida con o sin nosotras. Es un duro aprendizaje pero es, a la vez, liberador.

Me atrevo a pensar se escogió el mes de mayo para celebrar el Día las Madres, por toda su primaveral prodigalidad tan acorde a las festejadas. Reciban todas ustedes, mi felicitación y mi exhorto a seguir levantando los cimientos de nuestra sociedad.