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I
Hace
poco cayó en mis manos una tira cómica
intitulada “Súper mujer”
y en ella una niña preguntaba: ¿Quién
es una señora que hace de maestra, enfermera,
chofer, cocinera, confesor, psicóloga, policía,
plomera y que no cobra? Y un alegre chiquillo contestaba:
¡Mi mamá!
Madres
calkinienses, madres de México y del mundo, son
ustedes las súpermujeres de estos tiempos y de
viejas eras.
Cada
vez están más cerca del retorno a la sociedad
matriarcal, cada vez, ustedes, mujeres y madres son
más dueñas de acontecimientos sociales
y cada vez adquieren más poder público.
¡Muchas felicidades madres, por su día,
por sus logros y por no olvidarse de su importante función
de madres!
II
Muchos
son los cambios que se han dado en la sociedad, especialmente
al interior de las familias mexicanas, derivados del
derrumbamiento de prejuicios y equivocados paradigmas
de lo masculino y lo femenino.
Han
surgido nuevas formas de pensar y, por ende de actuar.
Ahora, yo, como otras mujeres mexicanas, puedo disfrutar,
por mí misma, por mis hijas y por mi nieta, las
ventajas de ser madre y abuela del siglo XXI.
Pertenezco
a una generación de mujeres, que, por primera
vez, tuvimos la libertad de decidir si deseábamos
ser madres o no y el número de hijos que queríamos.
Lo cual quiere decir que no me convertí en mamá
por decreto, lo soy por elección.
Decidí
concebir y tener dos hijas. Estar embarazada fue una
gran y emotiva experiencia al sentirme portadora de
vida. Esta grandiosa experiencia se continuó
en el parto y éste es lo que más me ha
empoderado como mujer y como persona. Fue en ese momento
que tuve un encuentro con mi SER, quien, desde sus ancestrales
avatares, se enfrentó con el mandato bíblico
referente al “parirás a tus hijos con dolor”
y decidió que no tenía por qué
ser así y concentró su sabiduría,
con la sabiduría de otras parturientas anteriores
a mí y que me nombraron su heredera y en comunión
con mi fuerza animal, amalgamó saberes convirtiendo,
como por arte de magia, ese acto tan temido, por sentenciosamente
doloroso, en algo natural y puede decirse sencillo,
a pesar de su complejidad.
Ser
madre, es una tarea para la que no existe escuela como
tal, sin embargo, todas, dentro de nuestro marco cultural
y contextual, tratamos de cumplir esta responsabilidad
de la mejor manera, aunque en ocasiones nos equivocamos.
Nuestro primer error es creer que hijos e hijas son
nuestros y nuestras, es decir de nuestra propiedad;
olvidamos que únicamente somos los arcos para
que nuestros hijos e hijas, “flechas vivientes”,
se lancen al espacio.
La vida se encarga de enseñarnos que ellos y
ellas decidirán como vivir su vida con o sin
nosotras. Es un duro aprendizaje pero es, a la vez,
liberador.
Me
atrevo a pensar se escogió el mes de mayo para
celebrar el Día las Madres, por toda su primaveral
prodigalidad tan acorde a las festejadas. Reciban todas
ustedes, mi felicitación y mi exhorto a seguir
levantando los cimientos de nuestra sociedad.
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