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En una estela de chispas y humo retro propulsivas y
asfixiantes, una ráfaga de enronquecidos voladores
ascienden el cóncavo firmamento, desgarrando
el somnoliento manto que cubre la mañana, llamando
a rebato por la fe a las almas devotas que año
tras año infaliblemente asisten al pórtico
de la iglesia para celebrar en comunidad el onomástico
de la patrona del barrio: la virgen de Fátima.
Participan
grupos musicales y voces en coro que desfilan ansiosos
y en orden para cantarle animados sus alegrías
y pesares a la Madre Santa. Un río subterráneo
de indescriptible emotividad campea en el corazón
de cada uno de los asistentes. Una multitud dispersa
o en grupúsculos escuchan fervorosamente las
loas a la Virgen, y a veces, saliendo de la modorra
de la mañana, sueltan sin inhibiciones los pulmones
para acompañar los estribillos a modo de los
cantos preferidos a la Virgen.
Frente
a la iglesia, el sinuoso coso taurino a medio terminar,
vestido con el resplandor de las bombillas eléctricas,
observa imperturbable el ensimismamiento místico
de un pueblo devoto que aún confía en
la fuerza suprema de sus creencias para soñar
en resolver los retos que irrumpen en cada momento de
su vida. Mientras, manos amigas extienden sobre el piso
varios regueros de serpientes en cadena que vomitan
en cadena sonidos estruendosos para animar aún
más la algarabía religiosa.
La
música y las voces se apagan para darles paso
a los anfitriones de esa sacra celebración tempranera.
Se desata una exhibición de arte culinario. Se
reparten antojitos de todos los gustos por personas
que festejan el mismo día que la virgen y algunas
otras, que en promesa se desviven por atender a todos
los asistentes a la alabanza.
Una
fiesta religiosa y de revuelo de campanas en el interior
del alma que antecede a otra de enorme relevancia y
solemnidad: la misa y procesión del 13 de mayo,
incomparables.
Mi
madre "Madús", pionera del barrio,
mientras le duró la vida, fue una compulsiva
activista de toda festividad religiosa, dentro y fuera
del barrio. Le acompañaban en sus andanzas las
siguientes personas: Lola Balam, Manuela Balam, doña
Mita Maas, Guadalupe Carril, Marcelina Kantún,
Cristina Kantún, La Negra Uc, Óscar Cob,
Julia Huchim, y otras que se me revuelven de la memoria,
manteniéndose acurrucadas sin querer salir.
Yo
en cambio, a pesar de mis titubeantes danzas en la cuerda
floja de la incredulidad religiosa no me he perdido
hasta ahora las mañanitas de cada 13 de mayo,
si no me lleva antes Ah Puch ¡Gulp!
Sí
el tiempo te es propicio asiste a nuestras mañanitas. |