El corazón de Ah' Canul - 17
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La Ixtabay
Felipe J. Castellanos Arcila
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"La leyenda, además de historia también es arte, se crea, se reinventa, vuelve a crearse según el pueblo y sus momentos”. Dr. Gilberto Balam Pereira. Premio Eligio Ancona. Yucatán 2009, y miembro honorario de El Corazón de Ah Canul, A. C.
 

En tiempos de mi niñez, cuando no existían vehículos automotores circulando por las calles, ni aparatos de televisión para el entretenimiento, era común para todas las familias, de nuestro pueblo, reunirse por las noches a las puertas de sus domicilios a tejer la fibra del huano, para elaborar trencillas que servirían luego para la confección de sombreros y tejer también, desde luego, algún chismecito de lo acontecido en la población. Ocasionalmente la plática se enriquecía con algún cuento o leyenda, de las muchas que se conservaban en la memoria de las abuelitas.

Una de estas leyendas, escuchada de la voz de una de las tejedoras, tal vez con la intención de que los chiquillos, por las noches, no nos apartáramos de nuestros hogares, relata la historia de una bella y hermosa mujer, conocida como La Xtabay.

Según la narración: “En las noches de luna llena, en el lugar llamado Xtu'uk' Ka'an, Rincón del Cielo, -punto de origen de nuestra población-, sentada en el brocal del centenario pozo Halim, bajo las sombras reflejadas por el árbol sagrado de los mayas, La Ceiba, se aparecía esta exquisita mujer indígena, de apariencia juvenil, a pesar de sus muchos años de existencia; ataviada con ligero ropaje, huipil blanco que dejaba adivinar voluptuosas formas, pies descalzos y bello collar de cuentas de jade, alrededor del hermoso cuello, a la usanza de las sacerdotisas mayas, peinando su larga cabellera, con el fruto espinoso del árbol que le daba cobijo.

De los alrededores se desprendía aroma de flores del campo, los cocayes*, celosos, competían con la luna, lo que hacía de este ambiente y circunstancia lo propio para que el hombre, que en esa noche, osare pasar por su cercanía, sucumbiera rendido a sus hechizos: - Ven acompáñame…-, sígueme por la sombra de la arboleda…- Invitación irresistible, que hacía de aquel infeliz galán que se hubiera atrevido a acercársele, enloquecer o perderse para siempre.

Los primeros españoles llegados a Calkiní, en tiempos de la Conquista, levantaron en este sitio un Arco de estilo español, para señalar con él, su presencia y dominio en estas tierras.

En los terrenos aledaños, tiempo después, crecía un niño mestizo, hijo de un español, quedado en estas tierras en funciones de Encomendero y de una doncella indígena entregada a su servicio, que con los años se convirtiera en un apuesto joven, lo que como era de esperar, llamara la atención de todas las jóvenes mozas del lugar y de algunas no tan mozas, entre ellas la Xtabay.

Advertido por su madre, de los peligros que lo acechaban, procuraba que en las noches señaladas, no salir a la plaza Xtu'uk' Ka'an, para no encontrarse con aquella mujer, lo que con el tiempo, y a sabiendas de la misma, ocasionara en ella un interés mayor por conquistarlo.

Así, en una noche de plenilunio, haciendo caso omiso de las advertencias de su madre, el joven mestizo se asomó por debajo del Arco, a la plazuela de la Ceiba; los claros dejados por las hojas del imponente árbol sagrado, dejaban filtrar halos de luz plateada que permitían avizorar la silueta de la hermosa mujer.

La que sonrió con coquetería, al sentirse admirada desde lejos.

El joven, venciendo sus temores, dio unos pausados pasos hacia adelante, saliendo de las sombras que proyectaba el Arco; la luna, en todo su esplendor, dio con su luz sobre su atlético cuerpo y bello rostro y, la Xtabay, al contemplarlo, enloquecida de pasión y deseo, en contra de su costumbre de esperar en las penumbras el acercamiento de un nuevo galán, se precipitó hacia el escampado de la plaza, en busca del apuesto joven, por lo que descobijada de las sombras protectoras de la frondosa Ceiba, recibiera de lleno, por ocasión primera en su larga vida, la brillante luz de luna llena, que de inmediato, como acto de brujería, terminara con el maléfico conjuro, haciendo que la Xtabay, se desvaneciera por completo, para nunca más volver.

-Así se lo contó a mi abuela, la mamá de su abuela-. Dijo la tejedora”.

En la actualidad, la antigua Ceiba fue sustituida por una nueva, ya que aquella que cobijaba a la Xtabay, fue destruida por los efectos de un fuerte rayo; el pozo Halím permanece fielmente a su pie, esperando el retorno de la bella ausente, que con actitud coqueta, en otros tiempo se sentaba en su brocal; el vetusto Arco, construido por el Encomendero español, que con gran dificultad se mantenía erguido, hoy luce esplendoroso, rescatado del olvido y del abandono en el que se encontraba, seguramente también recordando a la bella ausente que, en el pasado, con sus encantos atrajo y perdió a tantos jóvenes de estas tierras de los Ah Canul.

Pos data de última hora.

Del Huay* de la Xtabay:

Enterada por voz de una lechuza, de esas que por las noches sobrevuelan los cielos del Mayab, de que el actual Ayuntamiento ha restaurado y embellecido la Placita de Xtu'uk` Ka'an, haciendo a ésta merecedora de su nombre, “Rincón del Cielo”. Que por lo bonito que les ha quedado, según me contó aquella, me dan ganas de regresar. Eso si, con la promesa jurada de portarme bien y velar por este sitio, desde hoy y para siempre.

Les ama eternamente.

La XTABAY.

*Cocayes,: luciérnagas. *Huay: alma.