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En tiempos de mi niñez, cuando no existían
vehículos automotores circulando por las calles,
ni aparatos de televisión para el entretenimiento,
era común para todas las familias, de nuestro
pueblo, reunirse por las noches a las puertas de sus
domicilios a tejer la fibra del huano, para elaborar
trencillas que servirían luego para la confección
de sombreros y tejer también, desde luego, algún
chismecito de lo acontecido en la población.
Ocasionalmente la plática se enriquecía
con algún cuento o leyenda, de las muchas que
se conservaban en la memoria de las abuelitas.
Una
de estas leyendas, escuchada de la voz de una de las
tejedoras, tal vez con la intención de que los
chiquillos, por las noches, no nos apartáramos
de nuestros hogares, relata la historia de una bella
y hermosa mujer, conocida como La Xtabay.
Según
la narración: “En las noches
de luna llena, en el lugar llamado Xtu'uk' Ka'an,
Rincón del Cielo, -punto de origen de
nuestra población-, sentada en el brocal del
centenario pozo Halim, bajo las sombras reflejadas por
el árbol sagrado de los mayas, La Ceiba, se aparecía
esta exquisita mujer indígena, de apariencia
juvenil, a pesar de sus muchos años de existencia;
ataviada con ligero ropaje, huipil blanco que dejaba
adivinar voluptuosas formas, pies descalzos y bello
collar de cuentas de jade, alrededor del hermoso cuello,
a la usanza de las sacerdotisas mayas, peinando su larga
cabellera, con el fruto espinoso del árbol que
le daba cobijo.
De
los alrededores se desprendía aroma de flores
del campo, los cocayes*, celosos, competían
con la luna, lo que hacía de este ambiente y
circunstancia lo propio para que el hombre, que en esa
noche, osare pasar por su cercanía, sucumbiera
rendido a sus hechizos: - Ven acompáñame…-,
sígueme por la sombra de la arboleda…-
Invitación irresistible, que hacía de
aquel infeliz galán que se hubiera atrevido a
acercársele, enloquecer o perderse para siempre.
Los
primeros españoles llegados a Calkiní,
en tiempos de la Conquista, levantaron en este sitio
un Arco de estilo español, para señalar
con él, su presencia y dominio en estas tierras.
En
los terrenos aledaños, tiempo después,
crecía un niño mestizo, hijo de un español,
quedado en estas tierras en funciones de Encomendero
y de una doncella indígena entregada a su servicio,
que con los años se convirtiera en un apuesto
joven, lo que como era de esperar, llamara la atención
de todas las jóvenes mozas del lugar y de algunas
no tan mozas, entre ellas la Xtabay.
Advertido
por su madre, de los peligros que lo acechaban, procuraba
que en las noches señaladas, no salir a la plaza
Xtu'uk' Ka'an, para no encontrarse con aquella mujer,
lo que con el tiempo, y a sabiendas de la misma, ocasionara
en ella un interés mayor por conquistarlo.
Así,
en una noche de plenilunio, haciendo caso omiso de las
advertencias de su madre, el joven mestizo se asomó
por debajo del Arco, a la plazuela de la Ceiba; los
claros dejados por las hojas del imponente árbol
sagrado, dejaban filtrar halos de luz plateada que permitían
avizorar la silueta de la hermosa mujer.
La
que sonrió con coquetería, al sentirse
admirada desde lejos.
El
joven, venciendo sus temores, dio unos pausados pasos
hacia adelante, saliendo de las sombras que proyectaba
el Arco; la luna, en todo su esplendor, dio con su luz
sobre su atlético cuerpo y bello rostro y, la
Xtabay, al contemplarlo, enloquecida de pasión
y deseo, en contra de su costumbre de esperar en las
penumbras el acercamiento de un nuevo galán,
se precipitó hacia el escampado de la plaza,
en busca del apuesto joven, por lo que descobijada de
las sombras protectoras de la frondosa Ceiba, recibiera
de lleno, por ocasión primera en su larga vida,
la brillante luz de luna llena, que de inmediato, como
acto de brujería, terminara con el maléfico
conjuro, haciendo que la Xtabay, se desvaneciera por
completo, para nunca más volver.
-Así
se lo contó a mi abuela, la mamá de su
abuela-. Dijo la tejedora”.
En
la actualidad, la antigua Ceiba fue sustituida por una
nueva, ya que aquella que cobijaba a la Xtabay, fue
destruida por los efectos de un fuerte rayo; el pozo
Halím permanece fielmente a su pie, esperando
el retorno de la bella ausente, que con actitud coqueta,
en otros tiempo se sentaba en su brocal; el vetusto
Arco, construido por el Encomendero español,
que con gran dificultad se mantenía erguido,
hoy luce esplendoroso, rescatado del olvido y del abandono
en el que se encontraba, seguramente también
recordando a la bella ausente que, en el pasado, con
sus encantos atrajo y perdió a tantos jóvenes
de estas tierras de los Ah Canul.
Pos
data de última hora.
Del
Huay* de la Xtabay:
Enterada
por voz de una lechuza, de esas que por las noches sobrevuelan
los cielos del Mayab, de que el actual Ayuntamiento
ha restaurado y embellecido la Placita de Xtu'uk` Ka'an,
haciendo a ésta merecedora de su nombre, “Rincón
del Cielo”. Que por lo bonito que les
ha quedado, según me contó aquella, me
dan ganas de regresar. Eso si, con la promesa jurada
de portarme bien y velar por este sitio, desde hoy y
para siempre.
Les
ama eternamente.
La XTABAY.
*Cocayes,:
luciérnagas. *Huay: alma. |