| Corría
el año de 1826. Se iniciaba el segundo cuarto
del siglo XIX. Eran los meses de lluvias abundantes
con proliferación de moscas y mosquitos, de oleadas
de polvo levantadas por el bóreas y enormes charcos
formados por los torrenciales aguaceros; fueron los
tiempos con ausencia de médicos y medicinas;
la ignorancia de normas de las higiene y de salud para
la protección de los habitantes, fueron los tiempos
del fecalismo al aire libre y beber el agua de pozos
contaminados, fueron los meses de la canícula
y la colerina.
¿Qué
enfermedad o epidemia se desató que asoló
a las poblaciones de Dzitbalché, Calkiní
y Sahcabchén? Sólo Dios lo sabe. Pero
las cifras frías y contundentes de los archivos
de la parroquia de San Luis Obispo nos dicen que en
Dzitbalché, del 1 de agosto al 31 del mismo mes
de 1826, fueron sepultados en el camposanto de la iglesia
304 difuntos según actas que van del #998 al
#1301; en el mismo lapso en Sahcabchén, 54 y
en Calkiní, 76. Del 1 al 30 de septiembre; en
Sahcabchén, 67; en Dzitbalché, 209 y en
Calkiní, 119. Del 1 al 31 de octubre; en Dzitbalché,
60 y en noviembre en Calkiní, 49. Así
como los barcos de guerra de la Segunda Mundial fueron
hundidos con todo y tripulantes y reposan en las aguas
oceánicas, formando cementerios de guerra, intocables
según leyes internacionales, así también
las iglesias guardan en sus patios los restos de niños,
jóvenes y adultos que se adelantaron en el viaje
sin retorno. Descansen en paz.
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