El corazón de Ah' Canul - 14
 
No. 14
El nacimiento de México
Estela Hernández Sandoval
 
 

Nuestra génesis como nación no empieza hace 200 años, surge en el lejano siglo XVI cuando se produce el encuentro de la población indígena asentada en lo que hoy conforma nuestro territorio -purépechas, mexicas, mayas, zapotecas, tarascos, otomíes, tarahumaras, etc., etc.- y el conquistador español venido de allende.

La llegada de los españoles genera una nueva infraestructura pero la diversificación persistió en lo que dio por llamarse "reinos" -Nueva Galicia, Nuevo León, Nueva España, Nueva Vizcaya-. En la Península de Yucatán, surge la Capitanía General y en cada una de estas estructuras florecieron características propias y distintivas de su forma de ser y existir, pero compartiendo un común denominador: la preponderancia y dominio económico y político de un reducido grupo, situación que se prolongó por trescientos años.

Durante este período nace nuestro mestizaje, primero la sangre indígena se mezcla con la española, luego con la de los traídos del África. Posteriormente con la de los alemanes, italianos, ingleses que vinieron a explotar las minas y la producción agrícola, lo mismo sucede con la de los judíos conversos al catolicismo y dedicados a la comercialización de productos y con las de otros emigrantes llegados a nuestro país.

Así es como se unen caracteres físico biológicos pero también rasgos culturales, formas de ver y vivir la vida, en una especial argamasa que da como resultado lo que hoy somos: un pueblo orgullosamente mestizo.

Los procesos históricos vividos también dan un sello a nuestra identidad. Las condiciones de vida imperante en la colonia, promotoras de una serie ininterrumpida de inconformidades que estallan en rebeliones alimentadas por acontecimientos que tenían lugar, principalmente en Europa pero especialmente en España, hacen que en 1810 aflore, una vez más, el deseo de desligarse del gobierno de lo que dio en llamarse "la madre patria".

A partir de este evento y durante poco más de sesenta años, en el territorio nacional se debatió, con las armas en la mano, el proyecto político de la nueva nación.

Después del inicio de la guerra por la independencia y muertos sus principales caudillos se generó una situación en la que la lucha por la independencia decayó. La tranquilidad entre los ricos de la Nueva España comenzó a florecer de nuevo y sólo se perturbaron cuando desde España vieron amenazados sus intereses y los que antes habían combatido -clero, ejército y nobles-, retoman la idea de emancipación política y buscan los medios para llevarla a cabo sin sufrir pérdidas.

En Agustín de Iturbide encuentran la figura a través de la cual podrían salvar sus intereses, consumándose su anhelo en 1821. Mas resultó un cierre ficticio y la nación se vio envuelta en una serie de convulsiones fratricidas.

Lo que verdaderamente sentó las bases del espíritu de la nueva nación fueron las Leyes de Reforma que fundamentan nuestra identidad nacional en los principios básicos de libertad e igualdad, pero al tocar a los intocables, las internas luchas armadas se intensifican y como si no fuera suficiente, naciones extranjeras -Francia y USA- intervienen invadiéndonos y ahora hay que defender la soberanía nacional.

Al sobrevenir la Revolución y los movimientos que le sucedieron, juntamente con las enunciadas en el párrafo anterior desempeñan un papel reforzador del espíritu nacional de nuestro pueblo y culmina en el fortalecimiento de nuestra nación que cristaliza en una nueva Constitución, la del 17, la cual entre sus principios primordiales postula una república federal, una división de poderes, la autonomía municipal, amén de las garantías individuales y derechos laborales.

Parece necesario enfatizar que nuestra Carta Magna reconfirma un principio que hoy en día se antoja olvidado inclusive desde las más altas autoridades, la separación de Iglesia y Estado.

Al parecer las nuevas estructuras sociopolíticas son contrarias a tal postulado y por eso "olvidan" que si bien estamos celebrando el bicentenario del inicio de la lucha por la independencia y el centenario del inicio de la Revolución, también estamos celebrando el 150 aniversario de las Leyes de Reforma.

Ni como mexicanos ni como nación, podemos ni debemos olvidar que éstas establecieron principios que promueven el desarrollo de una libre conciencia, único instrumento efectivo de la persona.