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Con este nombre identificábamos al centenario
árbol de roble yucateco, que se encontraba ubicado
en la parte central de la calle 19, entre el Palacio
Municipal y el parque principal de Calkiní y
que hasta años recientes era el corazón
de la vida social calkiniense y servía de punto
de referencia para las citas de familiares, amigos o
enamorados.
En
días pasados, este viejo testigo del devenir
calkiniense, cansado por el paso de los años,
rindió culto a la naturaleza, inclinando de manera
definitiva sus pocas ramas y su voluminoso tronco hacia
el suelo.
Sus
despojos fueron retirados, dejando un vacío no
únicamente físico, sino en el ánimo
y los recuerdos de quienes por muchos años ,
el arbolito, significó para nuestras vidas.
La
sombra de sus frondosas ramas dieron cobijo, desde antes
de la medianía del siglo pasado, a un puesto
comercial propiedad de D. Eliecer Canto, padre de los
políticos Nicolás y Fidel, ambos presidentes
municipales ya fallecidos, tiempo después en
ese sitio funcionó el puesto de fritangas de
D. Andrés "El Panuchero".
Por
las noches de los días sábados y domingos,
a su lado, se instalaba el juego de la Lotería
Campechana, administrada por D. Alberto "Beto "
Estrada, apoyado por sus hijos, en la que numerosos
y asiduos jugadores se divertían con la esperanza
de llevarse el codiciado premio, parte de la bolsa acumulada,
los más por compartir emociones y departir sana
y amigablemente, sin importarles el paso del tiempo,
hasta que el aviso del corte de la luz del alumbrado
público, a las once de la noche, les indicaba
la hora del retorno a sus hogares.
Calle
principal de por medio se ubicaban los cines "Minerva"
de Don Refugio Berzunza "Fullita", edificio
que actualmente alberga la tienda Elektra y el "Cinema
Carvajal" de Don Eusebio, a su lado, en tanto se
iniciaban sus funciones, los asistentes se entretenían,
ya sea en el pequeño parque o en las cercanías
del arbolito, esperando que los voladores (cohetes tronadores)
anunciaran el inicio de las proyecciones.
Frente
al arbolito desde el año de 1925 funcionó
el Bar Montecarlo, cerrado en el año 2009, y
como era de esperarse muchos de sus parroquianos utilizaron
las sombras del roble, en espera de sus compañeros
de tertulia. Algunos de ellos añorarán
ahora no sólo al viejo roble, sino también
al que se encontraba enfrente.
Pasos
al sur se ubicaba el Café América, de
D. Gonzalo "Bobi" Baeza, al cual asistían
de manera consuetudinaria, Don "Tonito" Castellanos,
mi padre; el Dr. Eduardo Baeza, D. Eduardo Reyes, D.
"Pepe" Fernández y otros más
de un gran círculo de amigos, los que entre sorbo
y sorbo de aromático café, acompañado
con sabrosa charla, noche con noche, departían
amigablemente.
Tiempo
después a su lado funcionó un billar,
en el que furtivamente y a escondidas de nuestros padres,
acudíamos a la práctica de tan popular
juego. Por diversas razones, en esos tiempos, no era
del todo bien vista la presencia de jóvenes en
el lugar.
A
causa de su egocentrismo, cuando arman un relajo provocan
problemas, que deben ser resueltos inmediatamente y
piden llorando ayuda a los padres sin razón o
con ella. Los papás intervienen y resuelven las
situaciones sin lastimar a los acusados, pero a veces
se atolondran y favorecen a su camada, aunque en lo
general se hacen de la vista gorda para evitar confrontaciones
con los demás.
El
llanto de un niño es la herramienta más
efectiva para conseguir lo que desea. Los hay de diferentes
tonos: un gesto triste y silencioso o estruendoso acompañado
de manoteos y pataleos; son argumentos convincentes
que doblegan a cualquier padre que se precie de ser
estricto y opta por consentirlo aún fueran los
más absurdos o frivolos caprichos.
Algunos
papás, que presumen conocer la psicología
infantil argumentan: — Deja que el niño
se revuelque, grite, salte o se tire a morir, muéstrale
indiferencia, y verás que se tranquilizará
paulatinamente. Sabe él que esa conducta le abre
las puertas del cielo, pero no tomándolo en cuenta
aprenderá lo que uno ha aprendido de sus actos
extorsionistas.
¡Bien
dicho, pero en la práctica se agachan y consienten!
Yo
no sé qué raro magnetismo irradian los
niños, pero aún con sus travesuras y berrinches
nunca sabré vivir sin su calor ni sus besos,
sonrisas y lloros. Mientras viva los disfrutaré
sin medida... a esa canasta navideña de variadas
viandas y colores que la naturaleza me obsequió
ya que son la miel del universo infinito concentrado
en éstos agradables liliputienses hechos de maná
de cielo.
Seguro
estoy que no existen dulces más exquisitos que
los besos dados por un niño o niña, ¿estoy
equivocado, señoras y señores?
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