El corazón de Ah' Canul - 14
 
No. 14
El arbolito
Felipe J. Castellanos Arcila
 
 

Con este nombre identificábamos al centenario árbol de roble yucateco, que se encontraba ubicado en la parte central de la calle 19, entre el Palacio Municipal y el parque principal de Calkiní y que hasta años recientes era el corazón de la vida social calkiniense y servía de punto de referencia para las citas de familiares, amigos o enamorados.

En días pasados, este viejo testigo del devenir calkiniense, cansado por el paso de los años, rindió culto a la naturaleza, inclinando de manera definitiva sus pocas ramas y su voluminoso tronco hacia el suelo.

Sus despojos fueron retirados, dejando un vacío no únicamente físico, sino en el ánimo y los recuerdos de quienes por muchos años , el arbolito, significó para nuestras vidas.

La sombra de sus frondosas ramas dieron cobijo, desde antes de la medianía del siglo pasado, a un puesto comercial propiedad de D. Eliecer Canto, padre de los políticos Nicolás y Fidel, ambos presidentes municipales ya fallecidos, tiempo después en ese sitio funcionó el puesto de fritangas de D. Andrés "El Panuchero".

Por las noches de los días sábados y domingos, a su lado, se instalaba el juego de la Lotería Campechana, administrada por D. Alberto "Beto " Estrada, apoyado por sus hijos, en la que numerosos y asiduos jugadores se divertían con la esperanza de llevarse el codiciado premio, parte de la bolsa acumulada, los más por compartir emociones y departir sana y amigablemente, sin importarles el paso del tiempo, hasta que el aviso del corte de la luz del alumbrado público, a las once de la noche, les indicaba la hora del retorno a sus hogares.

Calle principal de por medio se ubicaban los cines "Minerva" de Don Refugio Berzunza "Fullita", edificio que actualmente alberga la tienda Elektra y el "Cinema Carvajal" de Don Eusebio, a su lado, en tanto se iniciaban sus funciones, los asistentes se entretenían, ya sea en el pequeño parque o en las cercanías del arbolito, esperando que los voladores (cohetes tronadores) anunciaran el inicio de las proyecciones.

Frente al arbolito desde el año de 1925 funcionó el Bar Montecarlo, cerrado en el año 2009, y como era de esperarse muchos de sus parroquianos utilizaron las sombras del roble, en espera de sus compañeros de tertulia. Algunos de ellos añorarán ahora no sólo al viejo roble, sino también al que se encontraba enfrente.

Pasos al sur se ubicaba el Café América, de D. Gonzalo "Bobi" Baeza, al cual asistían de manera consuetudinaria, Don "Tonito" Castellanos, mi padre; el Dr. Eduardo Baeza, D. Eduardo Reyes, D. "Pepe" Fernández y otros más de un gran círculo de amigos, los que entre sorbo y sorbo de aromático café, acompañado con sabrosa charla, noche con noche, departían amigablemente.

Tiempo después a su lado funcionó un billar, en el que furtivamente y a escondidas de nuestros padres, acudíamos a la práctica de tan popular juego. Por diversas razones, en esos tiempos, no era del todo bien vista la presencia de jóvenes en el lugar.

A causa de su egocentrismo, cuando arman un relajo provocan problemas, que deben ser resueltos inmediatamente y piden llorando ayuda a los padres sin razón o con ella. Los papás intervienen y resuelven las situaciones sin lastimar a los acusados, pero a veces se atolondran y favorecen a su camada, aunque en lo general se hacen de la vista gorda para evitar confrontaciones con los demás.

El llanto de un niño es la herramienta más efectiva para conseguir lo que desea. Los hay de diferentes tonos: un gesto triste y silencioso o estruendoso acompañado de manoteos y pataleos; son argumentos convincentes que doblegan a cualquier padre que se precie de ser estricto y opta por consentirlo aún fueran los más absurdos o frivolos caprichos.

Algunos papás, que presumen conocer la psicología infantil argumentan: — Deja que el niño se revuelque, grite, salte o se tire a morir, muéstrale indiferencia, y verás que se tranquilizará paulatinamente. Sabe él que esa conducta le abre las puertas del cielo, pero no tomándolo en cuenta aprenderá lo que uno ha aprendido de sus actos extorsionistas.

¡Bien dicho, pero en la práctica se agachan y consienten!

Yo no sé qué raro magnetismo irradian los niños, pero aún con sus travesuras y berrinches nunca sabré vivir sin su calor ni sus besos, sonrisas y lloros. Mientras viva los disfrutaré sin medida... a esa canasta navideña de variadas viandas y colores que la naturaleza me obsequió ya que son la miel del universo infinito concentrado en éstos agradables liliputienses hechos de maná de cielo.

Seguro estoy que no existen dulces más exquisitos que los besos dados por un niño o niña, ¿estoy equivocado, señoras y señores?