Es el nombre de la sociedad secreta que los partidarios
no beligerantes del movimiento de independencia organizaron
en varias ciudades de la Nueva España, para
prestar a los combatientes toda índole de auxilios.
Aun cuando la correspondencia que sostenían
Los Guadalupes y los insurgentes era por lo general
destruida una vez que se recibía, se conservan
la que fue interceptada (Archivo General de la Nación,
de la Secretaría de Hacienda y General de Indias,
en Sevilla), y las cartas que obraban entre los papeles
de José María Morelos, que le fueron
tomados por los realistas en la acción de Tlacoatepec.
Las cartas a Ignacio López Rayón son
de 1811 y las de Morelos de 1812 a 1814.
Las primeras noticias sobre la sociedad proceden
de un informe de Juan Roldán, receptor de la
Sala del Crimen y auxiliar de la Junta de Seguridad,
formulado en 1812. Menciona que “cuantas providencias
y pasos se toman por el gobierno, tantas han sabido
y saben los cabecillas”, de donde se infiere
que algunos de los Guadalupes formaban parte de la
administración del virreinato.
Los medios de que se valían los Guadalupes
para mantener el contacto con los insurgentes fueron
múltiples. Algunas damas organizaban días
de campo, y en los canastos de los comestibles iban
escondidos impresos e información importante.
Otros emisarios fueron los arrieros y comerciantes
que transportaban mercancías en las áreas
ocupadas por los insurgentes.
Entre los documentos iban la Gaceta, el Diario de
México, El Pensador Mexicano, El Juguetillo,
el Español de Londres y los Diarios de las
Cortes de España, así mismo el Diario
que editaban los propios conspiradores y en cuyas
páginas recogían todas las noticias
de interés para la causa.
Influyeron en la liberación de Leona Vicario,
avisaban a personas perseguidas o libraban salvoconductos
a simpatizantes que deseaban pasar al bando insurgente.
A la muerte de Morelos, acaecida el 22 de diciembre
de 1815, la sociedad disminuyó sensiblemente
sus actividades.
Entre los miembros de esta agrupación había
nobles, propietarios y comerciantes, gobernadores
de indios, eclesiásticos, letrados y entre
los muchos otros una gran mujer mexicana: Josefa Ortiz
de Domínguez.
(La información fue recopilada del Tomo
IV de la Enciclopedia de México, y la investigación
fue llevada a cabo por el Sr. Ernesto de la Torre
Villar).