El corazón de Ah' Canul - 13
 
No. 13
Nuestro proceso democrático republicano
Estela Hernández Sandoval
 
 

La Independencia lograda de la corona española por la Nueva España militarizó la vida independiente de la época, creando, además, un caos en todos sentidos pero fundamentalmente originado porque la única forma de gobierno conocida y establecida por trescientos años fue la monárquica.

La llamada "Consumación de la Independencia" se da en 1821 y hechas muy bien las cuentas, no hay mucho que celebrar en ella. México, ahora sí con este nombre, era un país en bancarrota e imperaba una anarquía nacional, y muy pronto, el 22 de julio de 1822, ya había emperador que gobernara, aunque de corta duración, luego, se trajo a un extranjero en 1863; pero a su vez, entre 1828 y 1854, Santa Anna llenó ese vacío soberano.

Incluso, a raíz del triunfo obtenido por los ejércitos de la república sobre las tropas imperialistas de Maximiliano de Habsburgo, siguió la vocación monárquica mexicana pese a las leyes emitidas. Así, Juárez se mantiene quince años en la silla presidencial y Díaz, treinta años. Aún no se encuentra la forma de legitimar la transmisión del poder.

El ideal democrático comienza a florecer en 1910 pero muy pronto llega la militarización y no se resuelve el asunto. Inconformidades, rebeliones, conspiraciones, asesinatos, intentonas de perpetuarse en el poder real o maquilladamente y el vacío de mecanismos para elegir a quien pudiese gobernar el país con base a leyes republicanas, representativas y democráticas.

En 1928, Calles encuentra la pauta que moderniza Lázaro Cárdenas en 1940: la creación de un partido político hegemónico. Éste se mantuvo en el poder por varias décadas y por su funcionamiento más se parecía al sistema porfiriano, esta situación dio pauta para que Vargas Llosa en cierta ocasión expresara, con lógica inequívoca, que México estaba gobernado por una dictablanda. Sin embargo, este partido, "resolvió" el problema de la sucesión, usando mecanismos copulares, y aunque efectivos, no satisfactorios y por lo mismo cuestionables y cuestionados.

En los años de los ochenta se empezó a construir una estructura institucional para cobijar el naciente flujo de pluralidad política que para el 2000 se manifiesta en una verdadera participación ciudadana y en la primera alternancia en el poder, cristalizándose el ideal republicano democrático expresado en la constitución de 1824.
¡Por fin se alcanzó la legitimidad democrática y se logró de manera pacífica!, tal logro fue posible por la participación ciudadana en tales procesos.

Cada vez la ciudadanía es más responsable, más participativa y es un hecho indiscutible que es la clave del proceso democrático. La participación social es a la vez el espacio ideal para formar ciudadanía.

Todos, pueblo y gobierno, debemos darnos a la tarea de lograr la participación ciudadana, lo que implica formar ciudadanos participativos, con voluntad y conciencia para hacer propuestas en beneficio de su entorno próximo, estatal o nacional y de esta forma enriquecer nuestros procesos democráticos.