“Las
revoluciones las hacen: el intelectual, el pueblo
y el líder guerrero. Los tres son indispensables
porque a ninguno le es posible producir por sí
solo una auténtica revolución”.
La Revolución Mexicana fue
todo un proceso que pasó por las etapas de
los precursores, de la lucha armada, de organización
y de las realizaciones como fue la promulgación
de la Constitución de 1917; documento en que
se plasman los ideales políticos y sociales
del pueblo mexicano.
Los movimientos armados, sin embargo,
no fueron una constante que durara de 1910 a 1915,
sino que hubo tres grandes causas que los motivaron
y que podemos ubicar de la siguiente manera:
1º.- El movimiento iniciado el
20 de noviembre de 1910, por don Francisco I. Madero,
mediante el Plan de San Luis Potosí, y que
fundamentalmente iba dirigido a terminar con las reelecciones
de Porfirio Díaz. Esta etapa concluye con los
Tratados de Ciudad Juárez y con la renuncia
del dictador a fines de mayo de 1911.
Conforme a los acuerdos se convoca
a elecciones y resultan triunfadores Francisco I.
Madero como presidente y José Ma. Pino Suárez
como vicepresidente. Tras un periodo muy complicado
que va de fines de de 1911 a febrero de 1913, se suscita
la llamada Decena Trágica y ambos gobernantes
son asesinados. Victoriano Huerta entra al poder.
2º.- El movimiento armado convocado
por don Venustiano Carranza mediante el Plan de Guadalupe,
en el que se oponía a la usurpación
del poder por parte del Gral. Victoriano Huerta.
Se inicia en marzo de 1913 y concluye
con la toma de Zacatecas y la renuncia de Huerta en
el mes de Julio de 1914.
Entre los jefes revolucionarios participantes
estaban Francisco Villa, Alvaro Obregón, Pablo
González, Pánfilo Natera y Felipe Angeles.
3º.- Con la intención
de conciliar puntos de diferencia entre los revolucionarios,
fue convocada la Convención de Aguascalientes
en octubre de 1914, y al no llegarse a acuerdos viene
el enfrentamiento entre las facciones revolucionarias:
una parte jefaturada por Venustiano Carranza, y por
el otro lado Francisco Villa y Emiliano Zapata.
Esta crisis obliga a Carranza a hacer
el primer reconocimiento concreto y la formulación
de objetivos sociales, económicos y políticos
de la revolución.
Con la derrota de Villa en Celaya
y Aguascalientes entre abril y junio de 1915, y el
arrebato a los zapatistas de la ciudad de México,
termina esta etapa de la lucha armada hacia finales
de 1915 y comienza a pensarse en la organización
de un Congreso para la formulación de la Constitución
de 1917.