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Personajes del pueblo de Bécal

(3 de julio de 2021)
 

Corría el año 1982…

 
En el domicilio de los esposos Francisco Ordóñez Pérez y Petronila Hernández Ramos se instaló la primera imprenta en Bécal, la única del municipio de Calkiní en los años ochenta. Durante esa década también abrió sus puertas la primera biblioteca pública Pedro Cauich; empezó a funcionar la radiodifusora XEBAL gracias a la iniciativa y entusiasmo de la agrupación Cadena Cultural Becaleña. Tales acontecimientos impulsaron la difusión de sucesos relevantes de finales de siglo XX, mayor acercamiento a la información a lugareños y pobladores de comunidades vecinas en el estado de Yucatán; dando paso a una época de luz y desarrollo a la sociedad becaleña
 
Imprenta Elín.
 

Pláticas amenas, interminables y de interés acerca de la actividad sombrerera, personajes populares y anécdotas ocupaban el tiempo de don Elín y su inseparable Cuquita –su esposa- en la calidez de su hogar, junto a la complicidad de su hamaca y el invitado en un banco de madera, la plática era caudal de fechas y nombres. Sólo el ruido del ferrocarril detenía momentáneamente la conversación. Él era una enciclopedia oral. Su estadía en las ciudades de Mérida y el Distrito Federal, su pasión por la lectura y el privilegio de ser sobrino del profesor Rolando Pérez Rosado, acreditaban valiosos datos históricos que gustosamente compartía don Francisco a amigos, visitantes y clientes. Quienes llegaban a  la imprenta Elín, acudían dispuestos a escuchar y aprender.

Uno de tantos proyectos editoriales exitosos de la Imprenta Elín fue la revista Lo nuestro en Campeche; el primer número salió a la luz el 20 de noviembre de 1989. En algunos números, mis textos juveniles fueron incluidos.

Los escritos del maestro Rolando Pérez se publicaron en esa revista; con la colección de los mismos, se conformó la Monografía Bécal. El jipi y referencias históricas (1993), un texto de consulta popular, valioso para la investigación documental; referencia en ensayos, crónicas y textos informativos.

Con el devenir tecnológico y la computación, los trabajos en la imprenta disminuyeron, la situación financiera perdió liquidez aunado a la salud precaria de los propietarios que se vieron obligados a vender máquinas y herramientas. Lamentablemente, los dueños fallecieron sin aplaudir la Titulación de la Villa de Bécal que reiteradas veces demandaran a las autoridades en turno.

Su legado y recuerdo en numerosas familias becaleñas permanece.

 
 
 

Texto y fotos: Enviados por Teresita Durán, el 2 de julio de 2021.