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Efectos de la pandemia

(4 de agosto de 2020)
 
 

Sensatez

La pandemia ha mostrado la fragilidad de la humanidad. Repercusiones desfavorables en todos los ámbitos, han dejado al descubierto decisiones incompetentes de los gobiernos en sus políticas sanitarias; el avance científico, desarrollo tecnológico, planes económicos y competencias ciudadanas, resultan insuficientes ante el inminente daño ocasionado en el mundo. La cantidad asombrosa de personas contagiadas, hospitalizadas y fallecidas, cierre de empresas, negocios pequeños, gente desempleada, huérfanos, viudas, desintegración familiar y una larga lista de pérdidas.

Salud y vida

El ser humano tiene una fecha de nacimiento, ¿cuándo morirá? Nadie sabe. En los documentos de identificación tampoco se especifica, en tanto, mientras haya salud, habrá vida. La duración de su pasaporte en la tierra es indefinida, podrán ser días, meses, años, lustros, décadas tal vez más de un centenario. Si las personas cuidan cuerpo y mente, adquieren hábitos alimenticios saludables, tienen prácticas higiénicas cotidianas, se ocupan de sus emociones, pensamientos positivos y de su interior, es probable que su expectativa de vida sea larga. Si hay salud, hay vida; si hay vida habrá esperanza.

Entonces, ante la fatalidad de la pandemia, el autocuidado es vital. Si me cuido, prevengo a los que amo, protejo a mi familia, ayudo los demás, apoyo mi comunidad, colaboro con las autoridades; participo como individuo y sociedad. 

Muerte y dolor

El mundo convulsiona ante esta calamidad. Los pueblos atraviesan momentos de desesperación, las familias experimentan momentos complicados, a veces días o semanas dramáticas cuando un ser querido adquiere COVID-19.

Se ha informado de la sintomatología y orientación básica, en forma incesante acerca de las medidas de prevención, escasez de medicamentos, profesionales especializados, espacios y equipos para atender a los pacientes con ese padecimiento y otras enfermedades. Sin embargo, la cantidad de personas infectadas no disminuyen.

Ante la colectividad, ¡Qué importa el color del semáforo epidemiológico para el estado donde vives! Un dígito más o menos no modifica la situación en este momento. En cambio, en lo personal, importa inmensamente si ese dígito representa a alguien cercano a ti.

Esposas, esposos, abuelos, hermanos, tíos, padres jóvenes y ancianos, hijos adolescentes, niños están muriendo. Hospitales, funerarias, cementerios, hogares con escenas de sufrimiento; hombres y mujeres de todas las edades están consternados por inesperadas pérdidas.

Te invito seguidor de estas líneas a orar por los que adelantaron su marcha, por los deudos, especialmente adolescentes y niños huérfanos, para que el dolor no empañe su presente ni detenga el futuro de sus vidas. Que el bálsamo de la resignación llegue pronto para ver en el recuerdo de sus seres queridos, luz y compañía. La muerte es inevitable, el duelo sanador.

A los padres jóvenes cuyos hijos son pequeños, el Creador proteja su existencia, regale sensatez, sabiduría para cuidar a su familia.

Una oración bendice. Oremos por la SALUD, la VIDA, el AMOR y la PAZ.

3 de agosto 2020.

 
 

Texto: Enviado por Teresita Durán, el 3 de agosto de 2020 / Imagen: https://i.pinimg.com/originals/59/d0/05/59d005debac1802fbb2c4edec87d493c.jpg