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Florece la palabra

(21 de marzo de 2020)
 
 

Bienvenida primavera, con su vestido florido, perfumada de esperanza, con un collar de oraciones… Marzo resplandece con el equinoccio de primavera y la magia de la poesía.

La poesía es la forma sublime que viste en la cadencia de las palabras, la melodía; versos abrazados con el acento de la rima o versos libres sostenidos por la armonía de los significados; metáforas se dibujan entre líneas, con sutileza, se aproximan a arquetipos o realidades imaginarias.

Versos hilvanados tejen filigranas, adornan las estrofas en el soneto, la décima, el haikú o el caligrama, impresiones que emanan de la espiritualidad y la sapiencia del ser humano; alegorías se vuelven paisajes: atardecer resplandeciente, madrugada extasiada por el silencio o noche embriagada por la claridad de la luna. La poesía habita en el corazón del hombre, es magia que transforma el pensamiento, perfección de la palabra que adorna el idioma de los pueblos. 

El canto de esperanza de la humanidad. Su encanto arrebata el odio, mas no aniquila el hambre; deja un mensaje de paz para las culturas, libera la opresión de hombre y mujeres.

Desde siglos atrás, las personas encontraron en su regazo, la fogosidad de las palabras para cantar al amor, el deleite de una mirada diáfana ante la inmensidad del mar; la figura inquieta de la joven cuando coquetea a las olas o el beso que calla el grito del enamorado. De muchas formas, los poetas han vestido los fragmentos de la noche, los rubores de las tardes veraniegas, la frescura matinal en primavera, el néctar de las frutas y el resplandor de una sonrisa.

 
 

La libertad del pensamiento emerge de los océanos del oscurantismo, los poetas de ayer, viven en las páginas de los libros; los de hoy, ofrecen sus creaciones; hombres y mujeres poetas, enaltecen la generosidad de la palabra, para hacer de ella, cómplice de la verdad, eco del silencio… dejarse cubrir con el manto espiritual de la poesía, abrasar el sentimiento que brota de las profundidades del ser. Con  la poesía, el hombre canta, anhela, demanda… desnuda su voz…

En su honor, la UNESCO proclamó el 21 de marzo, como Día Mundial de la Poesía, una fiesta para que en todas las lenguas del orbe, la palabra adorne el espíritu, engalane la fraternidad de los pobladores de la tierra; el resplandor de los vocablos, acuñe el brillo del significado, lo deje descansar en las huellas en la memoria. Llega la primavera y con ella, la celebración de la poesía, el festejo que exalta la más bella construcción del pensamiento. En el día de la poesía, -amable lector- abone pensamientos positivos a su ser, deje germinar el conocimiento, en el jardín de la literatura.

Construyamos con los pequeños, mundos imaginarios, para zarpar en la embarcación más grande del planeta, tejer canastas con los hilos de la palabra o ¿por qué no? Subirse a una alfombra para viajar, haciendo escalas en cada nube y desde ahí, admirar el verdor de los prados y el azul de los océanos. Dejemos a los niños, zambullirse en los cauces de versos y descubrir el universo poético, el canto que apasiona y el llanto que adormece.

Sea el 21 de marzo, día festivo de la palabra. Expreso reconocimiento y admiración a los poetas, cantores de la vida; hago votos para que su voz anide en las almas infantiles, su ejemplo, guíe a noveles escritores. Mientras haya vida, habrá sueños… habrá poesía.

San Francisco de Campeche, Cam. 20 Marzo 2020.

 
 
 
Texto y fotos: Enviados por Teresita Durán Vela, el 20 de marzo de 2020