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Columna de Teresita

Algarabía en las fiestas de octubre

(30 de septiembre de 2016)
 
 

De suelos prehispánicos, tierra de mayas luminiscentes que al paso de los siglos, sus huellas dan cuenta de la civilización, de sus orígenes y del patrimonio de Can Pech, tesoro cultural que perdura. Campeche de ayer. Cada época tiene sus rasgos, de ciudad maya a ciudad colonial, el misterio del mar y la tierra, de los antepasados a los del presente, se han tejido múltiples episodios de lucha y renacimiento. Imposible negar que antes del virreinato existió una cultura, una población cuyas creencias, conocimientos, valores, definieron la cosmovisión maya que con el mestizaje da paso a una realidad de otros siglos.

Desde el antiguo cacicazgo de Ah Canul hasta las corrientes del río Palizada, se extiende la espesura de los árboles, el colorido de flamboyanes, la fragancia de azahares, el frágil pastizal, la dureza de los robles, cedros y ciricotes. Paisajes naturales que delinean en la lejanía, frondas oscuras del verde esperanzador de paz que merecen los campechanos. Postales de flora y fauna, regalos de natura adornan la geografía estatal.

Octubre es para los campechanos, un mes de algarabía, de fiestas tradicionales y de historia. Desde el primer día del mes, la conmemoración del aniversario de Titulación de la Ciudad, la fundación de San Francisco de Campeche, las fiestas patronales en honor a San Francisco de Asís, algunos motivos para vivir la campechanía.

Chicos y grandes, creyentes o no, autoridades municipales, asociaciones, instituciones educativas y familias, se unen a la celebración: ofrendas, desfiles, homenajes, festivales y proyectos escolares son el común en estos días de otoño. Al compás de la charanga, vibra la emoción, las campechanas lucen su hermosura, ataviadas de vivos colores y con garbo, lucen la elegancia del traje regional. La gallardía masculina es fuerza y compañía.

La ciudad centenaria apostada en suelos mayas, resurge su belleza en el colorido de sus paredes, en la sincronía arquitectónica, en simétricos ventanales de herrería que bañan de frescura casonas, zaguanes y habitaciones. Cada piedra murmura el silencio y los secretos de sus huéspedes, esconde el eco del llanto infantil o de la mujer enamorada, resguarda las carcajadas de jovencitas y los consejos de la abuela, ¡si las paredes hablaran! ¡Cuántas historias volverían!

 
 

La melodía de los versos de los poetas renace con la aurora y se dispersa en la lejanía del horizonte, navega en las cálidas  aguas de la bahía, mientras desde mar adentro se divisan dos espigadas torres blancas, custodiando el majestuoso recinto amurallado. ¡Campeche la ciudad viva!

Historia y cultura en la misma ciudad, la capital del estado está de fiesta, inspiración que contagia a  habitantes de los once municipios para nutrir los sentimientos de pertenencia, identidad y amor por esta tierra peninsular. Inigualable estilo arquitectónico y la fortaleza militar enmarcan el centro histórico, sin dejarse seducir por la tranquilidad de la bahía y el coqueteo del ocaso cuando besa las olas, y el paisaje marino viste los atardeceres. Notas musicales al compás del viento levantan sueños para preservar el patrimonio campechano.

Campeche es color, ritmos y algarabía pero también es una ciudad deseosa de limpieza, orden, seguridad y armonía en todos los barrios y alrededores; desde los cerros, la perspectiva es diferente, desde la orilla del mar, el paisaje urbano se mira diferente. Desde el corazón del centro histórico se contemplan la simetría de la arcada de los portales, en las avenidas principales, las miradas son concretas, el movimiento impresiona. ¿Y los parques, calzadas y jardines de los barrios? ¿Se mirará igual?

La algarabía  de las fiestas de octubre es contagiosa como igual de contagiosa debe ser la actitud y el orgullo para conservar cada rincón en un espacio limpio; para hacer de cada nota musical un acto de respeto al entorno y a las personas. Las tradiciones campechanas alimentan identidad, el sentimiento de pertenencia y la campechanía.

San Francisco de Campeche, Cam. 29 septiembre de 2016.

 
 
 
Texto: Teresita Durán Vela, 29/09/2016 // Fotos: Santiago Canto Sosa, 2006, 2008 y 2011