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Columna de Teresita

De fiesta con un padre anciano

(14 de junio de 2016)
 
 

Las familias mexicanas siempre tenemos algo que celebrar: cumpleaños, bodas, graduaciones, días de santo, aniversarios… en fin, acontecimientos que forman parte de costumbres y valores familiares. Pronto llegará el domingo para agasajar a los padres en su día.

El mes de junio no es la excepción. Toca el turno a la fiesta de Papá. Sí, al jefe, al viejo, al héroe o villano, consentidor, malhumorado; al hombre laborioso y vigoroso, al compañero de mamá. Al señor de canas que ahora usa bastón, sí, a ese tipo ejemplar, cálido y soñador.

En esta ocasión, amable lector, comparto con usted, palabras inspiradas en un padre anciano. Quien esto escribe, vive la experiencia: Cada instante con mi padre, descubro el misterio del envejecimiento. Veo la lentitud para levantar sus pies y dar unos cuantos pasos; la imposibilidad para controlar los cubiertos,  impedimento para levantarse rápido cual gacela emprende la carrera, así como otras limitaciones físicas en manos y piernas, sin embargo, es un nonagenario que se alegra cuando llego a casa, siento en sus abrazos la fuerza de su caricia,  el calor  que inspira su aliento al recibir la nueva jornada porque no sabemos si al día siguiente o el próximo sábado, estará esperándome, entonces… cuando ya no pueda tenerlo a mi lado, sólo me acompañarán los recuerdos. No  sé llegaré a la ancianidad. De lo que si estoy segura, es que su frágil figura, ahora necesita de la fuerza de mis brazos y el apoyo de mis manos.

Cada día es un regalo de la vida, cada alborada se convierte en ese despertar afortunado, al saber que Papá despertó. A sus 90 años, la factura por tantos años, sigue siendo generosa. Tantas lunas han permitido disfrutar su compañía. Es un anciano, sí, un hombre de edad, pero con el corazón noble y la dureza como roca; su vejez, no ha sido obstáculo para  divertirnos, aun en  momentos difíciles, conserva el espíritu de la aventura y la alegría.  Su voz diáfana toca mis oídos, conquista la imaginación para emprender juntos un viaje en otras épocas, sus recuerdos juveniles, hazañas en la cacería, aquellos viajes en el tren o aquel episodio en las noches de verano en la playa.

Mi viejo es de otro siglo, los embates no acabaron sus raíces;  con esfuerzo y trabajo, forjó una familia. Centenas  de noches de desvelo, mantuvieron fehaciente su laboriosidad. Con el paso de las décadas, su vigorosidad disminuyó, no obstante, su lucidez  y  salud, le permiten seguir disfrutando  los sábados de box, tardes de béisbol, domingos taurinos y uno que otro espectáculo desde la comodidad del hogar.  Sin faltar, durante el día, la música de sus programas radiofónicos. ¿Acaso cada alba es una celebración del día del padre? Cierto. Fiesta  y  bendición.

Cada persona en esta vida tiene un boleto con fecha de caducidad, los padres, no son la excepción.  Nadie  sabe la exactitud  de su vigencia, ningún individuo tiene  la llave de los vagones de la vida; así que llegar a la ancianidad, no es una reservación confirmada,  si,   garantía de longevidad.

Instantes de felicidad se multiplican cuando en la familia, hay un padre nonagenario, hay tanto que conceder: tiempo, paciencia, cariño, comprensión, paz, ayuda, compañía, respeto… ofrendas para toda una vida,  no se obtienen por internet ni se consiguen en la farmacia de la esquina tampoco tienen precio, ni IVA, son presentes afectivos y espirituales envueltos con ternura, existen en abundancia y se comparten sin restricciones. Quizá la mejor inversión para asegurar la fortuna de la armonía familiar y el secreto para procurar el patrimonio moral que fortalece vínculos y cálidas ganancias. A veces, el silencio o la lejanía  obliga a no decir algunas frases: ¡perdóname papito!,  ¡te quiero Papá!  ¡Eres un tipazo viejo! Expresiones sinceras del alma que deben manifestarse.

Es posible que muchas familias organicen reuniones o banquetes para agasajar a los padres. Para ellos, todos los días son dignos de celebración, ¿por qué esperar ese tercer domingo de junio para hacerlo? Le invito a un brindis por la vida de su padre y una plegaria para tenerlo con usted.

Papá, gracias por enseñarme a sonreír,
por iluminar el camino hacia la cima,
y creer  en mis sueños.

Gracias Padre,
por tu entereza,
porque tu sacrificio valió la pena;
por la honradez de tus palabras,
la luminiscencia de tus pensamientos
y el ejemplo de tu valentía.

Tu humildad vistió mi ser.  Este  amor te pertenece…

Felicidades a los hijos que se atreven a compartir su vida en la estación de la ancianidad, celebrar las bendiciones y alegrías, acompañar hasta el final la partida de su Padre.

Junio 2016.

 
 
 
 
Texto: Teresita Durán Vela, 14 de junio de 2016 / Imágenes: https://norfipc.com/facebook/imagenes-tarjetas-postales-papa-dia-de-los-padres.html