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Columna de Teresita

Día Nacional del Libro

(10 de noviembre de 2015)
 
 

Cada 12 de noviembre se celebra en México el Día Nacional del Libro, instituido por decreto presidencial en 1979, en el marco del nacimiento de la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1651), defensora al derecho de leer, figura entregada a los libros y el fervor por el saber.

En el marco de la fiesta nacional, no puede dejarse de lado, la historia y el mito de la enigmática Juana Inés de Asbaje y Ramírez,  su idealización después de su muerte y el reconocimiento de su vasta obra literaria,  inspira a escritores, investigadores e intelectuales quienes se han dado  a la tarea de perpetuar su recuerdo, contribución a la literatura hispanoamericana y al cosmos de las letras.

En su honor, los mexicanos estamos invitados a celebrar la generosidad de una de las creaciones humanas: los libros. Los  libros son vehículos  universales que transitan llenos de conocimientos, vivencias y sentimientos. Ellos conducen a lugares desconocidos, sitios imaginarios y hasta te acercan a un gran horizonte cultural. Son un instrumento primordial en la historia de la humanidad.

El libro es un extraordinario vehículo para transportarse  a sitios desconocidos, tierras lejanas y paisajes por descubrir. Puede ser una novela, monografía, un cuento, quizá una antología de poemas, una biografía o un informe científico;  en las páginas de los libros convergen palabras entre líneas que se transforman en realidades imaginarias y significados.  Un libro atesora  ideas y la sensibilidad de quien, a través de la escritura simboliza el pensamiento.

El día del Libro es buen motivo para que las escuelas, instituciones culturales, asociaciones, editoriales, librerías, bibliotecas, escritores, familias y lectores se unan a la fiesta nacional de los libros.

El maestro: formador de lectores. En el ámbito escolar, la  función mediadora del docente en las vivencias de lectura, se convierte en experiencia gratificante para los estudiantes que se inician en el cosmos de la literatura. Es tiempo de aprovechar los espacios alfabetizadores y motivadores, poner al alcance de los menores más lugares atractivos con libros interesantes que despierten la curiosidad e imaginación; aprovechar las colecciones y títulos del Programa Nacional de Lectura y Escritura disponibles en las  aulas de las escuelas de educación básica.

 
 

El maestro puede convertirse en formador de lectores, siempre y cuando, sea modelo lector, que conquiste a los alumnos y los inspire a seguir su ejemplo; crear escenarios con propuestas lúdicas en donde  exista la posibilidad de crear, soñar, imaginar y divertirse. Él tiene la gran oportunidad para crecer como lector y al mismo tiempo, contribuir en la formación de más lectores desde la calidez de las aulas. Evitar que las bibliotecas sean lugares de castigo, y de que sólo se lee para pasar el examen.

La escuela y los libros. La escuela es uno de los espacios que no se puede apartar de los libros. Los libros no son simples objetos que llenan anaqueles, mesas o adornan libreros de caoba, son entes culturales que nutren el espíritu y amplían el saber. Representan intelectualidad y placer. Un ambiente escolar con libros se convierte en escenario ideal para la interacción de los alumnos con textos y obras literarias; una cercanía que puede  impulsar la curiosidad para explorar el contenido de las páginas, sorprenderse de las imágenes y los colores, dejarse atrapar por la aventura de los personajes y zambullirse en las profundidades del océano para esconderse de los piratas.

La lectura no debe ser considerada como actividad exclusiva de la escuela, ni como la única vía para el estudio y el aprendizaje. A través de los libros, los alumnos se acercan al conocimiento, exploran otras culturas, conocen teorías, amplían su información, reafirman lo aprendido; también, tienen el derecho y la libertad para abrir otras ventanas, relacionarse con diferentes textos, consultar otras fuentes, reconocer otros autores, coleccionar títulos, indagar sobre los autores, consultar en otros sitios y leer, leer por gusto y por placer.

El día nacional del libro, estupenda ocasión para organizar en las escuelas, bibliotecas, librerías y comunidades actividades a favor del libro y la lectura. Resignificar la lectura como una prioridad en el aprendizaje escolar, en la vida de  niños y adolescentes. La lectura no sólo proporciona información sobre determinados tópicos, es un instrumento primordial para el desarrollo personal y progreso de las poblaciones pues a través de ella se educa a los ciudadanos, se crean hábitos de reflexión, análisis, habilidades; se recrea, entretiene y se fomentan valores en los individuos.

Programas institucionales y campañas publicitarias a favor de la lectura y los libros son una constante, sin embargo, el impacto de ambas estrategias apenas favorece resultados de encuestas de índice lector de mexicanos mayores de 18 años, tampoco modifica hábitos del comportamiento lector en las familias ni en las prácticas pedagógicas de los educadores. Según CONACULTA (2015), los mexicanos leen 5.3 libros al año,  por debajo de Chile y por encima de Argentina (4.6), por lo que se ubican en el segundo lugar en América latina.

Las personas alfabetizadas tienen  la oportunidad de solidarizarse con esta cruzada, convertirse en lectores activos para inspirar a sus iguales a salir del ostracismo que muestra un mundo inexistente. Leer… leer… humanizarse...

Noviembre de 2015.

 
 
 
Texto y fotos: Enviados por Teresita Durán Vela, 10 de noviembre de 2015