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Columna de Teresita

Puertas abiertas en las escuelas

(27 de agosto de 2015)
 
 

Es alarmante la situación en la que se encuentran millones de pequeños en el mundo, particularmente, en los países en conflicto bélico, hambruna, pobreza extrema; si ellos son la esperanza de los pueblos, ¿por qué los gobiernos y organizaciones internacionales no han podido cambiar el escenario adverso a la integridad y dignidad humanas? Si bien la niñez mexicana goza de entornos no tan agresivos como en esos lugares, tampoco afirmo que la población infantil está en las mejores condiciones para su crecimiento. Violencia familiar, abandono, explotación, abuso, miseria, ambientes sociales peligrosos, son causas dañinas para la vida de las criaturas.

Mucho se ha escrito respecto a los derechos de los niños, sin minimizar alguno porque todos son vitales para el desarrollo de las capacidades y habilidades de los infantes. Sin embargo, el derecho a la educación, resulta ser uno de los pilares fundamentales para el aprendizaje para la vida.

La Carta Magna del país, establece en el Artículo 3º “La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”, esta sentencia, aplica a los menores de edad. Un  ideal no real, pues aun no es garante de que ciertamente todos los niños mexicanos cursen estudios de educación básica.

A nivel estatal, la legislación vigente, tanto en la Ley de educación como en la Ley de los derechos de los niños, niñas y adolescentes del estado de Campeche el tema de la educación es una prioridad. En ésta última, el Capítulo Undécimo, del derecho a la educación, cita en el Artículo 55, el derecho a educación de calidad que contribuya el desarrollo armónico de sus potencialidades, el acceso y permanencia; en la fracción VIII del Artículo 56, señala que la entidad deberá prestar servicios educativos en condiciones de normalidad mínima para el logro de los aprendizajes y el buen desempeño de la tarea docente. Estas y demás disposiciones emitidas en la recién aprobada Ley (junio 2015), dan sustento a la política educativa estatal y orienta la responsabilidad gubernamental para hacer efectivo el cumplimiento de los derechos de la niñez campechana. De poco ayudará la legislación en esa materia, si las políticas federales a favor del cumplimiento de esas disposiciones no han tenido el empuje suficiente para ir cambiando esos panoramas en las regiones del país.

Escuelas de puertas abiertas

La escuela se convierte -para la mayoría de alumnos- en el lugar de la esperanza, en el sitio donde son recibidos con afecto, pueden correr, saltar, platicar con los demás, ayudar a los compañeros, escuchar historias fantásticas, escribir un cuento, leer un poema, resolver un desafío matemático, estrenar un libro de texto, formar cuerpos geométricos, iluminar mapas, armar rompecabezas, cantar, bailar hasta hacer un viaje imaginario por otros continentes. ¿Todas esas actividades pueden hacer en la escuela? Sí, eso y más.

Cuando los  menores de edad acuden a la escuela, tienen al menos, la posibilidad de salir temporalmente de ambientes familiares agresivos, pues aunque permanezcan fuera de casa algunas horas al día, conviven con sus iguales, ocupan una silla, comparten la mesa de trabajo, juguetes, libros y hasta los colores de la maestra. Durante ese tiempo, experimentan seguridad, manifiestan alegría, expresan sus vivencias o preguntan para saber; cuentan historias, imitan a través del juego escenas de la casa, los diálogos de sus padres y hasta, conductas poco apropiadas según su edad.

 
 

Los planteles de educación básica nuevamente abrieron sus puertas para recibir a los alumnos, niños y niñas de edades diferentes, con historias únicas, de familias singulares, pero todos con el deseo de aprender. La diversidad está presente en todas las aulas, pertenezcan a una escuela multigrado o de organización completa, estén ubicadas en comunidades marginadas o urbanas, en ellas, cada alumno tiene su propio estilo para aprender, un bagaje de experiencias, sentimientos, destrezas, habilidades y valores que usarán para adquirir los aprendizajes esperados según el grado o nivel que cursen.

Los escolares  llegan  con una maleta repleta de vivencias, listos para emprender un viaje interminable por lo infinito del conocimiento, en ese viaje irán acompañados de su maestro o maestra; compartirán el mismo boleto para transitar por cientos de páginas de  libros de textos y cuadernos de trabajo, abordarán casi tomados de la mano la embarcación de los números, las figuras geométricas y operaciones básicas; andarán por la localidad donde viven, el municipio, estado, país, continente y planeta.

Si  durante el recorrido, los educadores alimentan día a día el deseo de aprender y respetan los ritmos de cada alumno, se sorprenderán de sus capacidades, aunque posiblemente, identificarán a aquellos que necesitan más tiempo para resolver un problema, encontrar palabras nuevas en el diccionario, escribir un ensayo, redactar una leyenda, leer en voz alta o incluso, a los que se les dificulta armar rompecabezas, sostenerse en un pie, construir una maqueta, recortar formas, recitar una décima, participar en un debate… las necesidades educativas son perceptibles, es cuestión de sensibilidad y conocimiento por parte de quien enseña. Cada  niño es único e irrepetible. La tarea docente no es una sencilla como muchos creen.

El ciclo escolar llega con un sinfín de sorpresas, oportunidades y aprendizajes. Particularmente para el período 2015-2016, para el colectivo docente de las escuelas, la ruta de mejora impulsará las acciones para atender las necesidades según las prioridades del sistema básico: mejora de los aprendizajes (lectura, escritura y matemáticas), alto al ausentismo y deserción, cumplimiento de la normalidad mínima, convivencia escolar sana y pacífica. A partir de esta semana, las escuelas permanecerán abiertas los 200 días hábiles del calendario escolar, tiempo para que los supervisores, directivos, docentes, padres de familia y alumnos sumen voluntades, entusiasmo para alcanzar resultados satisfactorios y los aprendizajes esperados sugeridos en el plan y programa de estudios.

El derecho a la educación no sólo es una disposición normativa, sino es el pasaporte a la vida, y en la historia de los infantes, la escuela es la comunidad de aprendizaje donde serán guiados y acompañados por los docentes.

¡Feliz regreso a clases!

Éxito a los profesionales de la educación, su labor enaltece la dignidad humana.

Sembrar hoy, cosechar mañana. Educar en el presente para el futuro.

Agosto 2015.

 
 
 
Texto: Enviado por Teresita Durán; 26 de agosto de 2015 / Fotos: Santiago Canto Sosa, 2013-15