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Columna de Teresita

Voces nativas en la capital mexicana

(12 de noviembre de 2014)
 
 

La poesía es la forma sublime que viste en la cadencia de las palabras, la melodía; versos abrazados con el acento de la rima o versos libres sostenidos por la armonía de los significados, se dibujan entre  líneas de las estrofas, y con sutileza, se aproximan a realidades imaginarias.

Filigrana  de  versos adorna el soneto, la décima, el haikú, el cuarteto o el caligrama, emociones que emanan de la espiritualidad y la sapiencia del ser humano; la metáfora se convierte en paisaje,  atardecer resplandeciente,  madrugada que sueña extasiada por la aurora o noche embriagada por la claridad de la luna.

La poesía habita en el corazón del hombre, es magia que transforma el pensamiento, es la perfección de la palabra que adorna el idioma de los pueblos; el himno de esperanza de la humanidad. Su encanto arrebata el odio, mas no aniquila el hambre; deja su mensaje de paz para las culturas y libera la opresión de hombre y mujeres.

 
 

Gracias a la Asociación Mexicana de Autiobiografía y Biografía, la mirada de sus directivos, entre ellos: Ricardo Clark; Dolores Castillo y Nidia Torruco, bajo la seducción de los textos poéticos de Gumercindo Tún, Santiago Canto, Elmer Cocom, Gisel Escamilla, Luis Alfredo Canul, Álvaro Villanueva, Gaspar Herrera Miguel Chí, la sensibilidad de voces nativas llegó a la capital del país, para entonar un canto sincero, natural y silencioso, pero con los matices necesarios para deleitar a los visitantes de la Galería del arte por un paseo por los libros. Sí, hace unos días, fue inaugurada la exposición “Los poetas del Camino Real de Calkiní, Campeche” que permanecerá abierta hasta el 20 de noviembre de este año.

Del ancestral linaje maya, sus descendientes reciben la protección de Itzamná,  para irradiar con su palabra, otros senderos más allá del horizonte, los versos de su gente pincelaron el entorno de miles de paseantes, muchos de ellos dejaron a sus ojos posarse en las líneas de los poemas. Versos nacidos de las raíces, del amor a la tierra; elogios a la madre naturaleza matizan el paisaje citadino, es el clamor de la gente del pueblo, la que vive en  provincia,  despierta con la claridad astral, gente que revolotea con la mente y en la mano lleva un ramillete de flores de mayo.

Enhorabuena a los urdidores de versos, artesanos de la palabra. Reconocimiento a su valentía y gratitud por compartir su poesía. Felicidades.

Noviembre de 2014.

 
 
 
 
Texto: Teresita Durán Vela, 12 de noviembre de 2014 / Fotos: enviadas por Gumercindo Tun Ku