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Columna de Teresita

Maestros noveles

(10 de noviembre de 2014)
 
 

Hasta hace pocos años, la profesión docente era de la más demandadas. Ingresar a las escuelas normales se convirtió en la mayor demanda de los jóvenes bachilleres, ya sea por la seguridad de la adquisición de la plaza o porque no tenían otras alternativas.

La elección de la carrera dejó de ser decisión vocacional, en la mayoría de los casos quienes estudiaban para ser maestros, lo hacían porque era la única opción garantizada para conseguir empleo, muy pocos estudiaban,  inspirados por la vocación. Recientemente, esas circunstancias empezaron a ser diferentes; por ejemplo, el promedio final del nivel de bachillerato para solicitar el ingreso a la Normal es un requisito, una vez concluidos los estudios de la Licenciatura, el aspirante a una plaza docente tiene que cumplir una serie de exigencias y someterse a las disposiciones de la actual Ley General del Servicio Profesional Docente y a las Convocatorias del Instituto Nacional para la Evaluación Educativa, que establece los procedimientos para el ingreso al servicio en la educación pública. El proceso no es inmediato, tiene períodos.

La legislación en este aspecto puntualiza las  formas, procedimientos e instrumentos de evaluación para el proceso de selección de los profesionales idóneos para ocupar la vacante definitiva del puesto. Es decir, los interesados en obtener una plaza e ingresar al servicio educativo, experimentan  una serie de fases hasta alcanzar su meta, el asunto no termina cuando se publican los resultados en los sitios oficiales sino continua, vendrán otros momentos, uno de ellos, será el acompañamiento y la tutoría que la ley consigna para que durante dos años, los maestros principiantes cumplan satisfactoriamente con ese proceso de formación en la etapa inicial de la carrera y obtengan resultados satisfactorios en las evaluaciones que la autoridad educativa determine.

Ante un panorama de esa naturaleza, ser maestro ya no es cuestión de decisión forzada por los familiares o amistades, como tampoco deberá ser por interés netamente económico o como una opción de fácil empleo. Los jóvenes de esta época tienen un panorama amplio en la educación superior pero limitado en opciones laborales. El ingreso a las Escuelas Normales ya no es la única oferta, ni mucho menos, la que asegure trabajo en el servicio público; si bien, se convirtió en fuente segura de los ingresos personales y familiares, hoy día, estudiar para ser profesor de educación básica demanda de otras condiciones, otras cualidades; requiere del conocimiento de las leyes vigentes en materia educativa, competencias específicas y generales para desempeñar la función docente, actitudes positivas para abrazar el desafío de estos tiempos, convencerse de  que la profesión implica un proceso permanente de formación, crecimiento personal y desarrollo; cada etapa en la carrera tiene su propia caracterización. La motivación para el trabajo, la misión y la visión de cada educador será el motor que impulse su realización.

El  apoyo del sistema educativo a los maestros noveles  es un mandato sustentado en las leyes aprobadas últimamente, no basta con obtener un resultado idóneo en el examen de selección, adjudicarse la plaza, ingresar al servicio y presentarse a la escuela de adscripción, tantos impactos emocionales en corto tiempo para el joven profesionista, que deberá integrarse rápidamente a la organización del plantel escolar, los Consejos Técnicos, el grupo, la vinculación con los padres y la comunidad, además de relacionarse con los compañeros, conocer y adaptarse a las normas de convivencia escolar. Ese primer contacto con la realidad escolar no siempre coincide con el ideal que se construye como estudiante.

La inserción al servicio profesional docente es tema prioritario para la nueva generación de maestros, responde a un marco normativo, al cumplimiento de las prioridades del sistema básico de mejora y a la profesionalización de las maestras y maestros que formarán a la niñez de este milenio. Obtener la plaza, recibir la remuneración según las funciones y permanecer en el servicio, son los incentivos para impulsar el desarrollo profesional como docente.

Los docentes principiantes están llamados a redoblar esfuerzos, inyectar altas dosis de laboriosidad, tenacidad y voluntad para salir exitosos en esta gratificante pero compleja profesión; en buena parte, sus aspiraciones personales establecerán sus metas, pero será su compromiso ético y responsabilidad social lo que detone el éxito y la trascendencia.

La etapa inicial de la carrera es demandante, con problemáticas y necesidades, el tiempo de adaptación no está establecido. Ante un ambiente escolar poco favorable, donde la apatía está enquistada, el desorden y la impuntualidad son el común en la mayoría de los docentes en servicio, la llegada del nuevo maestro, es vulnerable. Tampoco se trata de simular y hacer lo que todos hacen, pero sí de manifestar otras actitudes, no por ser de nuevo ingreso se entierre la dignidad y se trastoquen los principios de su personalidad e identidad. Existe algo que se llama inteligencia “capacidad de adaptación”, y el docente novel tiene que demostrarse a sí  mismo y a los demás como un ser con autonomía intelectual, convicción, voluntad, inspirado sus anhelos y en la vocación de su profesión.

Bienvenidos maestros de nuevo ingreso al servicio docente, ustedes son la esperanza para la continuidad en la construcción de una vida mejor para los niños y adolescentes, los formadores de conciencias y mediadores de los aprendizajes. Nuestros estudiantes y nuestros hijos, merecen maestros extraordinarios, ustedes son los providenciales.

Sus  primeros pasos tienen que ser firmes en el sendero que recorrerán durante el tiempo que permanezcan en la carrera: la inspiración y la pasión por enseñar, son incentivos confiables para conservar la satisfacción laboral y el éxito profesional. ¡Enhorabuena!

Noviembre de 2014.

 
 
 
 
Texto y fotos: enviados por Teresita Durán Vela, 10 de noviembre de 2014