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Columna de Teresita

De aniversario la Normal de Calkiní

(15 de julio de 2014)
 
 

Uno de los colegios que desde 1967 es semillero de educadores en el municipio de Calkiní, es la respetable Escuela Normal de Profesores. Por decreto gubernamental se convirtió en la institución de educación superior más cercana a las familias locales y poblaciones vecinas. Su entrañable recuerdo vive en centenares de docentes.

Según la obra La escuela normal y el desarrollo económico y sociocultural del municipio de Calkiní (2013) del autor Miguel Antonio Flores Suárez (ex Director del plantel), a partir  del año 1967 hasta el 2012, en sus aulas se han formado 3188 maestros. Una cifra alta pero mayor aun el servicio que han ofrecido todos sus egresados.

Desde más de cuatro décadas, la Normal de Calkiní –como se le conoce en la región- sienta las bases de la formación inicial  del magisterio campechano; por sus salones, las cátedras de sus docentes,  han llegado a 1527 hombres y 1661 mujeres. Maestros con vasta experiencia, sentido de responsabilidad y sensibilidad para motivar hacia la profesión, se convirtieron en entusiastas promotores del estudio para adquirir los conocimientos y principios de la pedagogía, filosofía y didáctica. Aquellas enseñanzas perduran en la mayoría de los maestros  jubilados y en servicio.

En el devenir de su existencia, la transformación da cuenta del cambio externo e interno, el primero, hizo posible que aquellos salones construidos en la época del Lic. Carlos Sansores Pérez se modernizaran a principios de este siglo; el segundo, la reforma curricular, enfoques y modelos de formación emanados del Programa de Mejoramiento  Institucional para las Normales fortaleció su esencia. Hoy día, la renovación continúa.

 
 
Mi experiencia normalista
 

Pertenezco a la Generación 82-86, penúltima que egresó sin tener estudios de  bachillerato. Después de haber aprobado el examen para ingresar a la Normal, empezó un capítulo importante en mi vida escolar. Durante cuatro años, la alegría y arrebato juvenil impulsaron mi ansiedad para aprovechar al máximo la estancia y estancia normalista. Convivencia, compañerismo, entrega, perseverancia y laboriosidad fueron los ingredientes que cimentaron la base de la profesión. Aún recuerdo tantos momentos: travesuras, éxitos grupales, comparsas, concursos, exposiciones, viajes escolares. Las ocasiones que tuve el honor de representar a mi querida escuela en certámenes de declamación y festivales culturales.

Honrosamente  durante cuatro años fui abanderada de la escolta, ésta y otras hazañas forman parte de las victorias estudiantiles. Y al final, la suntuosa fiesta de graduación (24 de junio de 1968). Después de varios años de ejercicio profesional  recibí la invitación para regresar a la Normal como maestra. Confieso que fue emocionante volver a las aulas a compartir con los estudiantes del primer, séptimo y octavo semestres de la Licenciatura en Educación Primaria, jóvenes con propósitos firmes, demandantes de información, participativos, comprometidos.

Durante un lustro atesoré conocimientos, nuevas experiencias laborales que nutrieron mi vocación magisterial; la interacción con los educandos aumentó mi compromiso hacia la amada Normal. Con los graduados de esos años conservo un vínculo afectivo, una relación respetuosa y remembranzas que me guían por el sendero luminoso del magisterio. ¡Gracias colegas!

 
 
Recuerdos
 

Reaparecen a la mente, las malicias y muchachadas que inventamos con los maestros: Ricardo Canul Aké y sus jaranas; Olegario Bacab con inmemorables desfiles; Renán Santoyo con Watson, Plavov, Skinner; el difunto Rodolfo Rodríguez con los manteles de punto de cruz; Diego Ramón Medina –en paz descanse- con filosofía y la tesis; Rosario Cocom con sus minifaldas; Rosa Justina y la Historia de la educación; Imán Villanueva cuadrando las cuentas del ahorro escolar; Alberto Rodríguez y Crí crí con su guitarra; Marcialito Sosa, Problemas económicos y sociales; sin olvidar a Modesto Estrada, Malú con las planas de letras manuscritas o los colores pastel de Raúl Pérez; el siempre simpático Manuel Herrera en las clases de didáctica especial. ¿Quién más…? Gloria Medina, Rodrigo Rodríguez, el profe Miguel Flores, Estelita y el director, maestro Andrés Mijangos–donde quiera que esté-.

Después de convivir cuatro años como estudiantes, hoy gracias a nuestra profesión, la vida enseña que crecer es un privilegio. El tiempo no se detiene, los años dejan experiencias, los recuerdos permanecen y los sueños continúan. Afortunadamente, la mayoría continúa ejerciendo con orgullo la profesión.

 

Felicitación

 

La Normal está de fiesta. Enhorabuena a la escuela, al Director, equipo docente y de apoyo que día a día se esfuerzan por prodigar con profesionalismo reconocimiento a la emblemática Normal de Calkiní.

Invito a la comunidad estudiantil a aprovechar al máximo su estancia, cultivar los principios éticos de la profesión, cimentar con firmeza las bases de la carrera docente,  en sus manos está la llave de la superación personal. Con  esta noble carrera se fortalece el espíritu para servir y hacer posible el derecho a la educación. Sabiduría para triunfar.

“Compañeros normalistas, trabajar es la misión y pongamos en la obra, alma, vida y corazón…".

Felicidades.

 
 
 
 
Texto y fotos: enviados por Teresita Durán Vela, 15 de julio de 2014