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Columna de Teresita

Bullying, una amenaza a la alegría infantil y convivencia escolar

(6 de junio de 2014)
 
 

El bullying es hoy por hoy el tópico principal en las conversaciones, redes sociales; para legisladores y funcionarios de la administración pública –incluyendo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, un asunto de orden nacional. Una modalidad de violencia que se suma a otras existentes pero que pone en acción a autoridades, escuelas, familias y a los propios estudiantes en los diferentes niveles educativos, especialmente en educación básica.

Es tal la problemática que el INEE (Instituto Nacional para la Evaluación Educativa) anticipó en 2010 que el 8.8% de estudiantes ejercen bullying a nivel de primarias y 5.6% en secundarias; en tanto para la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el 40% de estudiantes de primaria y secundaria en México han sufrido casos de acoso o bullying (2013) y la OCDE informa que México ocupa el primer lugar internacional de casos de bullying en educación básica (2013), datos nada encantadores, por el contrario, indican una alerta para el país, en materia de seguridad escolar, violencia y descomposición social.

El año pasado tuve oportunidad de escuchar a un niño de 11 años de escuela primaria durante el concurso del cabildo municipal en Campeche, y con aplomo expresó: “Es mi deber y compromiso, dar a conocer mis opiniones y dar mi voz al silencio de muchos niños y compañeros de escuela, a mis amigos y vecinos que son víctimas de agresiones físicas, violencia verbal,  maltrato o acoso escolar”. Sus palabras retumbaron en el recinto, su voz sonora y con la expresión corporal acorde a sus ideas, afirmó: “En los últimos años, el ambiente de paz en las escuelas se ha visto amenazado por la violencia verbal, el maltrato físico, los castigos y el acoso escolar del que son víctimas las niñas y los niños en las aulas, fuera del salón y de la escuela. Cada vez se escuchan más casos  de niños golpeados, empujones de niñas por las escaleras, agresiones con objetos a la hora de recreo, insultos, hasta tomar fotos con el celular mientras algún compañero es golpeado, en fin, se han diversificado las formas de someter y asustar a las víctimas, que lastima la autoestima, fomenta sensación de temor y aísla al niño, haciéndolo inseguro y afectando su conducta, pues afecta su desempeño en la escuela y cambia su manera de ser en la casa.

No sé qué tanto el mensaje del participante fue comprendido por el auditorio adulto. De lo que sí me convencí era del llamado insistente del pequeño, su mirada brillosa,  manos firmes y  voz fuerte, indicaban señales de miedo. Sus exclamaciones fueron contundentes: ¡Hoy algún niño es víctima del acoso, otro, el agresor! ¡Hoy es otro el acosado pero mañana puedes ser tú! ¡No te calles pide ayuda!

 
 

El discurso de aquel alumno  convenció al Jurado calificador, ocupó un lugar en el Cabildo. Su participación puso de manifiesto que el clima escolar en algunos colegios está frágil, la convivencia sana y pacífica a punto de convertirse en campos de batalla estudiantil. La inseguridad no debe minimizarse, las agresiones y el acoso son manifestaciones de violencia.

Tiempo atrás, el acoso entre alumnos de las primarias y secundarias era con apodos o descalificativos: el gordo, el apestoso, el cuatro ojos, el piojoso, la enana; los pleitos eran por celos en los noviazgos estudiantiles, terminar con la chava o salir con el chico; ahora con la influencia e imitación de patrones agresivos en videojuegos, escenas sangrientas en series o películas de acción, actos de violencia familiar, el abandono y la delincuencia,  el bullying empezó a ser más notorio. Un problema cercano que no debemos negar sino prevenir y atender.

Muchos casos, en barrios, ejidos, poblaciones y ciudades; agresores y víctimas de edades diferentes, escuelas urbanas y rurales, lo cuestionable, la actitud de directivos y docentes. ¿De qué familias provienen los niños agresores?, ¿de familias disfuncionales, con prácticas de violencia? ¿Y los padres o tutores, qué pasa con ellos?  ¿Estarán conscientes los padres de familia, maestros y directores del gran daño que ocasiona este tipo de violencia escolar? ¿Cómo acabar con el silencio de las familias de los niños acosados y  de los alumnos agresores? ¿Qué harán los niños y las niñas para impedir que la persecución escolar se apodere de los compañeros, destruya la paz, el derecho una convivencia sana, pacífica y una vida feliz? La situación es compleja, las causas multifactoriales.

La tarea no es nada fácil. Requiere de la voluntad firme, el compromiso personal y el deber ético institucional de las autoridades educativas, maestros y personal de apoyo a la educación, para que en alianza con los padres de familia y tutores, pongamos en marcha la cruzada permanente para asegurarnos de tener ambientes escolares donde prevalezca: calidad de vínculos entre adultos, calidad de relaciones entre maestros y estudiantes, sentimiento de pertenencia a la escuela, claridad y justicia para aplicar reglas, límites y sanciones, respeto, convivencia pacífica y seguridad para todos. La comunidad educativa  y las familias son los principales núcleos sociales para depositar la semilla de la prevención, son terreno fértil para abonar los valores sociales y el desarrollo de habilidades socioemocionales.

 
 

La  familia es un sitio para aprender a convivir, tiene un tejido de sentimientos y valores que  enseñan a respetar a los demás; la escuela tiene la responsabilidad social de desarrollar competencias para aprender a aprender, aprender a ser y aprender a convivir; ambas instituciones comparten la función educadora en los niños y adolescentes. La niñez se esfuma rápido y la adolescencia llega apresurada; si se ignora, es posible que te papá o el maestro, se lamenten de no haber estado para disfrutar cada carcajada o el llanto ante la derrota de los chicos. Es momento de actuar.

Para atender el problema, el gobierno federal a través del Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, en donde asume un rol activo la Secretaría de Educación Pública, en la construcción de escenarios para la mejora de la convivencia escolar ha indicado cinco  consideraciones prioritarias: 1) La escuela es un factor de protección en tanto espacio privilegiado que tenemos que mejorar, 2) La violencia es un síntoma de lo que pasa en el ambiente externo y refleja las problemáticas de violencia familiar y comunitaria, 3) Se debe impulsar de manera especial la mediación escolar la cual es un medio efectivo para la resolución pacífica de los conflictos, 4) Se requiere reconocimiento del problema y generar mayor conocimiento del mismo, para ello son necesarios instrumentos de medición y evaluación del asunto, 5) Es necesario implementar estrategias integrales que involucren a toda la comunidad educativa (estudiantes, maestros, directivos y padres de familia) y a la sociedad en general (medios de comunicación, OSCs, etc.).

Es momento de actuar, México necesita de sus niños, de sus jóvenes, sus escuelas y familias, para vivir en  espacios seguros;  estados sin violencia,  sin bandas, con entornos de paz para todos. A partir de esta semana, está al servicio de la sociedad mexicana la línea 01800-HABLALO (01-800-4225256) cuenta con personal capacitado para atender casos de violencia contra las mujeres y en particular en casos de Acoso Escolar. La línea funciona 24 horas al día.

¡Alto al bullying! Protejamos a los alumnos en las escuelas, salvemos a víctimas y agresores. Una convivencia escolar sana y pacífica, mejora aprendizajes y pone un alto al abandono escolar y la violencia.

San Francisco de Campeche, Cam. 6 de junio de 2014.

 
 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán Vela, el 6 de junio de 2014 / Imágenes: http://elbullyinhb.blogspot.mx/ - http://cuidadoconbullying.blogspot.mx/ - http://bullyingenladolescencia.blogspot.mx/2013/02/bullying-en-la-adolescencia.html - http://www.slideshare.net/lidiagomez86/bullying-26292213