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Columna de Teresita

Una madre anciana

(9 de mayo de 2014)
 
 

A ti mujer,
que guiaste con la brújula de la conciencia
el destino de tus hijos,
toma nuevamente sus manos
para dibujar la felicidad.

 

Mamá vio la luz primera hace más de 85 años, ha visto muchas primaveras, y resistido ocho décadas. Su cuerpo se transformó en cada embarazo, con el paso del tiempo, los años ocasionaron cambios en la piel,  su cabello, su caminar y la fuerza de sus manos. Ha  celebrado muchos amaneceres, admirado cientos de lunas llenas; sus ojos se han abrillantado en más treinta mil veces con el nacimiento del sol, no sé cuántos eclipses, cometas, estrellas… ha visto, pero sé que en su cuerpo permanecí nueve meses. Ella es un ser extraordinario, faltan palabras para describir a la mujer que crio ocho hijos y hasta este día, vive acompañada de papá.

Arribó  a la vejez, caminando por sí misma, aunque  avanza con cierta lentitud, es capaz de llegar al patio de la casa, la cocina y hasta la esquina de la calle. Ya no tiene la velocidad de una gacela ni el equilibrio de una primera bailarina pero sus pies descalzos la sostienen firmemente en la tierra. ¡Quien la viera imagina que todo está bien!

Mamá es una gran estrella en la historia familiar. Tiene el protagónico, la dirección y la producción ejecutiva. El éxito de su actuación supera las nominaciones de los expertos de Hollywood o el Festival de Cannes. La naturalidad  en cada episodio de la vida  y la entrega de su corazón, nutrieron su fortaleza para dar lo mejor en cada papel durante su juventud y adultez. Ahora  en su vejez, sigue teniendo el papel estelar. Ahora ya no puede leer, ni cuenta se dará de estas líneas. Tampoco pedirá que alguien lo haga por ella. Eso no importa. Ella sigue siendo fuente de inspiración y no la enfermedad que sobrelleva.

Una madre con Alzheimer es una gran lección de vida,  ha regalado voluminosas dosis de paciencia, infinidad de instantes de cuidado, algunos momentos de desesperación y hasta uno que otro susto cuando decide salir de casa. Continua  irradiando con su existencia la luz que guía a los hermanos, la abuelita perfumada, la bisabuela que  come golosinas, traviesa como niña, inquieta como mariposa; compañera perdurable, esposa virtuosa. Mamá es una mujer valerosa. ¡Gracias Madre, Dios te bendiga!

Mujeres ancianas como ella existen muchas, es tiempo de regresarles el tiempo que durante tantos años dedicaron al cuidado de los hijos,  acompañarlas, cuidarlas como lo hicieron en noches de desvelo; reír con ellas las veces necesarias, llorar sin temor.
¿Para qué regañarlas? ¿Qué caso tiene gritar para que escuchen? La enfermedad del Alzaheimer deteriora la corteza cerebral, no el corazón ni los sentimientos; son capaces de sentir besos y caricias. ¡Abrazarlas fortalece anímicamente! Quizá no te llamen por tu nombre ni te reconozcan, sus ojos se posan en ti, y algo sucede en ellas.

El regalo para las madres está en ti. No  pierdas el tiempo en recorrer joyerías, tiendas de ropa o mueblerías, en su lugar, ve con ella, acompáñala, dale tu tiempo, permanece  hoy, mañana, los días, horas o las veces que  puedas. Merecen gratitud, regalo infinito más allá de la vida y de la muerte.

Deja  acariciarte con mi voz,
y con tu silencio,
una canción de valentía:
¡Gracias Mamá!

Ciudad, mayo 10 de 2014.

 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán, 09/05/2014 // Foto: Depto. de Comunicación del Ayuntamiento