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Columna de Teresita

Cantos de primavera

(19 de marzo de 2014)
 
 

Llega el equinoccio de primavera, la brillantez del sol anuncia jornadas de claridad, es marzo, el mes de las auroras frescas y tardes calurosas. La  celebración del Día mundial de la poesía, el festejo que en todas las lenguas, exalta la palabra, la más bella construcción del pensamiento que transforma las emociones, dibuja pinceladas en el alma  e imágenes con los versos. Aclamar  a la poesía, es celebrar la libertad y la vida. Desde 1999, la UNESCO decretó el 21 de marzo, como fecha oficial para tal celebración, como bien se aceptó en la Asamblea “a través de la expresión poética los idiomas tendrán mayores posibilidades de florecer dentro de sus comunidades respectivas”.

La poesía es la forma sublime que viste en la cadencia de las palabras, la melodía; versos abrazados con el acento de la rima o versos libres sostenidos por la armonía de los significados, dibujan las estrofas, y con sutileza, se aproximan a realidades o mundos imaginarios.

Filigrana   de frases adornan cada copla, el cuarteto,  haikú, caligramas, décimas o sonetos,  sentimientos que emanan de la espiritualidad, la sapiencia del ser humano, de las vivencias del niño hecho hombre; metáforas matizadas en el paisaje del papel, árboles frondosos, crepúsculo resplandeciente, madrugada que sueña extasiada por la aurora o noche embriagada por la claridad de la luna.

Leer y escribir poemas, suavizan el odio y el rencor; abonan perdón, desborda de pasión el corazón. La voz de los poetas desliza por las líneas los colores del alma, acuarelas en el caudal de los versos,  un canto que apasiona y el llanto que adormece. Gracias a la generosidad de los cantores del amor y la vida, el pensamiento se desnuda y la belleza de la palabra renace día a día; lenguas y culturas, mujeres y hombres elogian la existencia  y la esperanza de la paz en las naciones.

Celebremos a la bendita poesía que habita en el alma, luminosa y transparente; pongamos en los labios, la palabra de los poetas y evoquemos, a algunos que nacieron en el mes de marzo: Radamés Novelo Zavala, Héctor Pérez Martínez, Jaime Sabines y Octavio Paz.

 
 

Radamés Novelo Zavala (1 marzo)
Al Liceo Carmelita
I
Llego a tu pétreo recinto
en una mañana clara
y la suerte me depara
a más de un vinillo tinto
de tu amor claro y distinto,
perder cabello y camisa
y hasta la alegre sonrisa
que era flor de mi persona;
más si entonces me abandona
hoy la llevo por divisa.

II
Por tus frescos corredores
vaga la tropa, riente,
más yo, pobre adolescente,
en mi mundo de colores,
oyendo a los profesores
explicar, graves y serios,
de la vida sus misterios,
de los héroes la entereza
y la imponente grandeza
de los extintos imperios.

Héctor Pérez Martínez (21 marzo))
Vino la sombra en pasos detenida
y al eco puro de su antiguo acento
una voz cautelosa partió el viento
y en nueva carne puso antigua herida.

Se fue la sombra en gritos arrecida
y en espacios de amor amor fue al viento
y el eco puro de su antiguo acento
puso la vieja carne nueva herida.

Si sombra viene a sombra desaparece
sufre la carne su dolor antiguo
y en toda condición amor padece.

Piérdase al eco en la canción del viento,
sufra la carne su dolor antiguo,
déme en la boca amor su nuevo acento.

Jaime Sabines (25 marzo)
Es la sombra del agua
Es la sombra del agua 
y el eco de un suspiro, 
rastro de una mirada, 
memoria de una ausencia, 
desnudo de mujer detrás de un vidrio. 

Está encerrada, muerta -dedo 
del corazón, ella es tu anillo-, 
distante del misterio, 
fácil como un niño. 

Gotas de luz llenaron 
ojos vacíos, 
y un cuerpo de hojas y alas 
se fue al rocío. 

Tómala con los ojos, 
llénala ahora, amor mío. 
Es tuya como de nadie, 
tuya como el suicidio. 

Piedras que hundí en el aire, 
maderas que ahogué en el río, 
ved mi corazón flotando 
sobre su cuerpo sencillo.

Octavio Paz  (31 marzo)
SONETO
El mar, el mar y tú, plural espejo,
el mar de torso perezoso y lento
nadando por el mar, del mar sediento:
el mar que muere y nace en un reflejo.

El mar y tú, su mar, el mar espejo:
roca que escala el mar con paso lento,
pilar de sal que abate el mar sediento,
sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces,
del círculo de imágenes del año,
retengo un mes de espumas y de peces,

y bajo cielos líquidos de estaño
tu cuerpo que en la luz abre bahías
al oscuro oleaje de los días.

 
Radamés Novelo Zavala (Ciudad del Carmen, 1989)
 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán Vela, el 19 de marzo de 2014 / Fotos: Santiago Canto Sosa