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Columna de Teresita

Igualdad y reconocimiento a las mujeres

(6 de marzo de 2014)
 
 

Mujeres de siempre, 
de todas las edades
almas que vuelan,
espíritus incansables
cuerpos de vida.

(Durán, T.)

Las mujeres representan un porcentaje importante de la población en el planeta, históricamente, su existencia y contribución a la vida de la sociedad, ha sido poco valorada. Desde siglos anteriores, la violación a sus derechos, negación de su potencial y el impedimento para su pleno desarrollo personal fueron grandes obstáculos para la superación y su participación en los diferentes ámbitos.

Las circunstancias de finales del siglo XIX y el deseo inagotable de sentirse reconocidas, como mujeres trabajadoras, cansadas de la explotación, excluidas de las escuelas, abusadas sexualmente  durante conflictos armados, hizo posible la unión de sus voluntades para mostrar al mundo, que su naturaleza,  más allá de una imagen de fragilidad, son seres vivos, personas con derechos y obligaciones.

Desde 1975, la Organización de las Naciones Unidas convocó a los estados a emprender una cruzada mundial para reconocer los derechos humanos de las mujeres, emplazar a los países a implementar políticas a favor de la salud, educación y desarrollo, esa iniciativa se concretó con la Declaración del Día Mundial de la Mujer, siendo el 8 de marzo,  la fecha para reconocer, recordar y honrar a las mujeres del planeta.

Durante el siglo XX, se intensificaron acciones a favor de esa causa, el combate a la violencia de niñas y mujeres, la promoción de la equidad de género, empoderamiento de las féminas en forma incipiente se empezó a posicionar como fuerza social. Sin embargo, el rezago en África, Asia, América Latina y parte de Europa, los resultados aún no se proclaman como definitivos. El esfuerzo continúa, el despertar de más mujeres sigue vivaz, la explotación laboral no está erradicada, el abuso, trata y violación de sus derechos no desaparecen. Millones de niñas y mujeres  viven en situaciones lamentables, amenazadas permanentemente por la violencia, encapsuladas por el rechazo, sujetas a la discriminación, al abuso y negación de derechos vitales. Sin importar la cultura o nación, mujeres de este siglo son víctimas de la violación de sus derechos humanos. A la fecha, la igualdad de oportunidades, respeto a los derechos y a la dignidad humana, son aspiraciones vigentes. La realidad actual indica que falta mucho por hacer, se han dado pasos pero no se puede detener el ritmo para cambiar los entornos, facilitar el acceso a las escuelas, otorgar atención médica, liberar a las niñas de las garras del abuso en zonas de conflicto o en pobreza extrema.

Todos los días son ocho de marzo, porque las mujeres vivimos a diario; esa fecha, es un día simbólico para mirar las cualidades, potencialidades, dificultades y amenazas del sector femenino, admirar su tenacidad y coraje para superarse; reconocer su inteligencia y capacidades para ser jefas de familia, administradoras, funcionarias, profesionistas, líderes y políticas. También puede ser la ocasión (no la única vez) para aceptar la desigualdad que las rodea, convencerse de retos  nuevos y complejas dificultades ante una sociedad tapizada por creencias y prejuicios. Es el momento de observar a mujeres de todas las edades, víctimas de vejaciones, abandono, explotación, rechazadas en escuelas, mal remuneradas en sus ocupaciones o limitadas por su condición de origen: indígenas, de escasos recursos, con discapacidad o por ser hijas de una prostituta, un preso o una madre soltera.

 
 

Paulatinamente las condiciones de las mujeres campechanas de esta época, avanzan en la conquista de nuevos entornos. Según datos oficiales (INEGI, 2010) suman 414 720 personas del sexo femenino, de las cuales el 28.2% tienen  una edad entre 15 a 29  y el 8.2% rebasan los 60 años. El  94.77% de niñas de 6 a 14 años asiste a la escuela y el 9.54% son mujeres analfabetas, por tanto, esos referentes, indican que al menos, en la geografía estatal, las oportunidades para cursar la educación básica refleja un avance en el acceso a la escuela. Mientras más tiempo permanezcan en el colegio con educación de calidad, esos infantes tendrán otras oportunidades, serán jóvenes alfabetizadas con habilidades para desempeñar otras tareas y funciones en su comunidad; podrán superarse académicamente, serán capaces de crear familias, comunidades con perspectiva de igualdad y equidad.

Asegurar  la educación de las niñas de hoy, es garante de un presente diferente, es desafiar el futuro de las mujeres, con oportunidades a la superación, reivindicar mejores condiciones laborales, ambientes libres de violencia, seguridad, alimento, vestido y atención a la salud.

La educación es el pasaporte para la vida, no sólo es un derecho universal, es también la herramienta personal para hacer frente a las circunstancias. Los años de escolaridad en algunas mujeres, las posiciona mejor en la vida.

En la actualidad, 49 058 hogares en el estado, tienen como jefe de familia a una mujer. En la medida que las madres permitan a sus hijas asistir a la escuela, estarán brindándoles las llaves del conocimiento y la información, mismas que ayudarán a su crecimiento personal y las guiará al logro de sus anhelos. En estás décadas, las mujeres jefas de familia y las mamás, tienen un papel protagónico en la adquisición de valores, en el cambio cultural  entre niños y niñas, educar a ambos con  principios de equidad, en  igualdad de oportunidades. Hombres y mujeres tienen los mismos derechos, las mismas capacidades intelectuales; son capaces de experimentar emociones y expresar sus sentimientos, por la diversidad humana vale la pena proteger los derechos de todos.

Cada ser humano tiene su propia historia, existe en un espacio, vive apegado a creencias, prejuicios, normas sociales, valores   y vínculos que la unen a la familia, su comunidad y cultura. A cualquier edad y en todas las etapas de la vida femenina, se asoman a un mundo real e imaginario, un cosmos multicolor que puede ser transparente, igual para disfrutar en  plenitud. Las niñas y las mujeres del universo son seres extraordinarios, dotados de una riqueza interna, con un brillo natural; por muy lejana que sea su libertad, su vida es el principal tesoro del planeta.

Comparto con mi género y con los hombres, la libertad y la dignidad para seguir construyendo sueños, avanzar con firmeza por el camino del respeto y el reconocimiento. De  la igualdad para las mujeres,  depende el progreso del mundo.

Marzo de 2014.

 
 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán Vela, el 6 de marzo de 2014 / Imágenes: http://www.imagenesgratuitas.info/index.php