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Columna de Teresita

Escuela centenaria

(6 de febrero de 2014)
 
 

El siglo XIX representó una época trascendental en la vida política y económica de Campeche, los constantes enfrentamientos ideológicos en el Distrito de Yucatán, la persistencia de Pantaleón Barrera, Pablo García, Santiago Méndez, Pedro Baranda, entre otros; así como, el predominio de una situación complicada en la economía, con una producción agrícola escasa y el levantamiento de los campesinos mayas, dibujaron un panorama de lucha social, representó el nacimiento del proceso de separación territorial y emancipación del pueblo campechano. Por esos tiempos, los escenarios poco favorables para la vida de las familias locales, evidenciaba bajos niveles de escolaridad, escasez de oportunidades para el estudio y la superación, no existían escuelas en los pueblos del Camino Real ni en otras comunidades marginadas en la península yucateca.

En ese mismo siglo, Calkiní alcanzó la categoría de Villa (1824), la emperatriz Carlota Amalia arribó al lugar (1865); en 1858, el territorio se adhirió a Campeche, se inauguró la línea de telégrafos (1872) y en 1881 se firmó el contrato de construcción de la vía férrea entre Campeche y Calkiní; sucesos que dieron rumbo al progreso. Justo a mediados de ese período, se fundó la escuela pública Mateo Reyes (9 de febrero de 1854) gracias a la generosidad de un hombre filántropo que amó la tierra que lo abrigó durante su vida.

En los próximos días, la escuela que lleva el nombre de su benefactor Mateo Reyes Dorantes, cumplirá 160 años, un colegio centenario que combatió en forma incipiente el analfabetismo, guarda en los archivos históricos, la información financiera de sus administradores, el registro de ciudadanos cuyo tiempo al servicio de la comunidad calkiniense, ofreció clases de escritura, lectura, aritmética, gramática castellana y religión. En páginas vetustas, crónicas y textos de este milenio, aún se conserva el legado de tan distinguido bienhechor y de hombres afanosos, unidos por el deseo de sostener la instrucción primaria de ese entonces.

La escuela Mateo Reyes es una institución histórica, cuyas puertas permanecen abiertas desde hace más de un centenario, un colegio público cuyas aulas albergaron generaciones y generaciones de infantes, muchos ellos, destacados profesionistas dispersos en la geografía; estudiantes de todos los barrios de la ciudad aprendieron las primeras letras y se convirtieron en hombres y mujeres perseverantes; cuna de tejedores, artesanos, maestros, músicos, escritores, deportistas… un plantel cuya fachada colonial retrata el estilo de la época, donde cada piedra cimentó la casa del saber, cada pared fue testigo de carcajadas de las niñas y los pisos, pistas de carreras de los niños; rincones silenciosos de caricias adolescentes, cómplice de travesuras y comportamientos inesperados. Tantas remembranzas de maestros, personal administrativo y de apoyo, que forjaron su vida laboral en esos salones; sitio donde miles de niños crecieron protegidos por el cariño de las maestras, aprendiendo lo elemental para la vida, ensayando comparsas, bailables, festivales; practicando algún deporte para las competencias escolares o cosechando hortalizas en la parcela escolar.

 
 

Son tantos ayeres, algunos luminosos, pocos oscuros y desagradables, pero no por ellos, se borrarán los años de una institución ancestral, que ha resistido embates, cambios administrativos, reformas educativas, atentados de desprestigio, pero que conserva con orgullo su existencia más allá del tiempo. La conmemoración del 160 aniversario de la escuela, es la oportunidad para enseñarle a los estudiantes de hoy, ¿cómo empezó la escuela? ¿Por qué lleva ese nombre? ¿Quién fue ese personaje? ¿Por qué querer y cuidar la Primaria?

La añeja escuela elemental Mateo Reyes sigue siendo luz en el camino de los chiquillos de esta década, el sitio de alegría, el patio para correr, jugar pesca pesca; el centro de trabajo de maestros jóvenes que habrán de reafirmar su vocación, educar con el ejemplo y los valores éticos de una profesión digna al servicio de la comunidad.

Desde la creación de la Escuela Normal de Profesores en la ciudad, en su recinto, han pasado centenares de estudiantes. Fui una de tantas alumnas practicantes. La escuela brindó la oportunidad a cientos normalistas de la región para que en sus espacios, se construyeran las primeras experiencias en la docencia. Como estudiante normalista, mi travesía por el plantel “Mateo Reyes” fue fortaleza en mi carrera, siempre la recordaré; en ella aprendí el compromiso de ser maestra, descubrí la grandeza de mi profesión.

Con estas líneas, felicito a esa escuela, por celebrar un aniversario más, cumpliendo la encomienda de su protector, siendo congruente con la misión social que arropa su historia y modela su presente. Decir 160 años, es fácil, reconocer que desde el año 1854 al 2014, los techos guarecen a los niños de la ciudad y en las aulas, se siembra la semilla del saber, es diferente. Por eso, bien merece el reconocimiento histórico y social del gobierno estatal y municipal, por su contribución a la educación, cultura y desarrollo, porque su permanencia al igual que el Instituto Campechano, cimentaron el saber en plena etapa defensora de nuestra entidad. No se pueden borrar los episodios de la emancipación política del estado naciente, como tampoco, negar la creación de la escuela Mateo Reyes desde mediados del siglo XIX. Ahora que ajusta 160 años al servicio de la educación pública, su existencia como fuente del conocimiento, sigue siendo un verdadero lugar para el aprendizaje de los hombres y mujeres del siglo XX y XXI.

Enhorabuena a los docentes, alumnos, padres de familia, amigos y ex alumnos, por organizar los festejos de su escuela; hago votos para que la comunidad educativa una voluntades para que el tiempo no borre la historia ni el prestigio de esa escuela centenaria.

San Francisco de Campeche, Cam., 6 de febrero de 2014.

 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán, 6 de febrero de 2014 / Fotos: Santiago Canto Sosa, 2004