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Columna de Teresita

Alerta ciudadana

7 de febrero de 2013)
 
 

Ante los lamentables sucesos en los últimos días en la entidad, las luces de alarma permanecen  encendidas y el sonido de las sirenas clama auxilio. La llegada insospechada de la muerte, agresiones a la paz social, extorsiones, desapariciones, asaltos y homicidios sin aclarar, genera intranquilidad en las familias, misma que está empañada por la desesperación y dolor ante la pérdida inesperada de los seres queridos. ¿Qué hacer ante un entorno peligroso en  barrios populares, calles, ciudades  y pueblos campechanos?

Es verdad que la situación inestable se amplía rápidamente, la delincuencia se apodera  de los jóvenes: acercamiento al consumo y venta de drogas, iniciación al alcoholismo, bandas de ladrones, asaltantes, entre tantas amenazas. Si a ese entorno, agregamos desapego de los padres hacia los hijos, violencia intrafamiliar, desintegración, sobreprotección… el panorama en los hogares se oscurece. Ante el acecho de tanto riesgo, la alerta familiar debe permanecer activada; luces rojas encienden sectores sociales vulnerables y algunas zonas de la geografía local, todo eso, evidencia la necesidad urgente de agilizar acciones y estrategias para intervenir en la seguridad pública y protección de la comunidad. La emergencia social e inseguridad ciudadana empiezan a agrietarse. El silencio y la pasividad en la atención de las demandas, extravíos, robos, detenciones, procesos judiciales inconclusos, ha contribuido a que los agresores tengan el tiempo suficiente para huir, continuar con fechorías, incluso pasearse sin el mínimo temor a ser capturados.

Ante tal emergencia social, pueblo y gobierno tienen que unirse, trabajar juntos en la cruzada de prevención para evitar el apoderamiento de las mafias, violadores, asaltantes, extorsionadores. Implementar  acciones de sensibilización permanente en las colonias, parques, escuelas, medios de comunicación impresos, audiovisuales, radiofónicos,  páginas web, etc…

Una campaña intensa en las dependencias gubernamentales, que involucre estructuras internas de los partidos políticos, instancias judiciales, organizaciones civiles, cámaras, sindicatos, iglesias; un plan integral que incluya todos los sectores sociales, culturales, económicos y políticos. Es momento de actuar, Campeche y sus habitantes, tienen razones suficientes para proteger su paz, salvaguardar la integridad de la población –especialmente de sus niños y jóvenes-. Toda  acción responde a una decisión, lo que no se haga ahora, podrá tener consecuencias, y será tarde para intentar enmendar los problemas.

A la familia, corresponde participar activamente con la responsabilidad de ofrecer a sus hijos, ambientes afectivos para la comunicación y confianza entre los integrantes del hogar. La ausencia prolongada de los padres favorece el desapego, genera paulatinamente el abandono y puede ocasionar, sentimientos encontrados, como el desamor; la búsqueda de otras personas para compartir emociones, dudas aleja a los hijos de sus progenitores o familiares. Los momentos de convivencia, saludos cariñosos al inicio del día, las despedidas antes de dormir, el almuerzo dominical o la cena sabatina, en fin, en cada familia, así sean dos, tres o más, se puede crear la ocasión para nutrir lazos de unión, solidaridad, ayuda mutua. Si en casa, hay niños, adolescentes y jóvenes, es recomendable conocer a los amigos, visitar la escuela para saber quiénes son los compañeros del equipo para hacer tareas, elaborar un directorio para intercambiar con los papás de los amigos, conocer el lugar donde viven, enterarse de los motivos y sitios a los que acuden cuando piden permiso para salir. La intención no es convertir la casa en cuartel militar pero si en un sitio de alta confianza y disciplina para todos, desde respetar horarios hasta cumplir con tareas domésticas asignadas. Las circunstancias actuales han modificado la organización y la vida familiar, sin  embargo, si queremos educar en valores y buenos hábitos, ha llegado el momento, de actuar. Después, será tarde.

 
 

Como vecinos de la comunidad es conveniente organizarse y nombrar un comité de vigilancia vecinal por calle o manzana, un directorio telefónico; alguna vez, convocar a una reunión entre residentes para convivir, planear acciones de limpieza, reportar necesidades,  solicitar vigilancia policíaca, reclamar servicios a autoridades, demandar atención y crear una red social del vecindario.

A la Secretaría de Seguridad Pública y Protección de la comunidad, cumplir con la aplicación de los reglamentos vigentes para hacer eficaz y eficiente su función pública; instruir a los cuerpos policíacos a apegarse a las normas establecidas para la vigilancia, misma que puede hacerse a pie, en vehículos motorizados (patrullas, motos) en horarios diferentes, rutas, lugares públicos (plazas, estadios, calles, parques infantiles, jardines, escuelas) de  poblados y cabeceras municipales. Sucede que la mayoría de las veces, sólo se les ve a los agentes en las patrullas, sin que recorran los lugares, ni siquiera intentan el acercamiento, llamado de atención a las personas que sorprenden faltando el orden en la vía pública, ingiriendo bebidas embriagantes, mariguana u otras sustancias; otros más, haciendo desmanes y conductas obscenas. No es posible apostar al desarrollo económico a través del turismo si en los pueblos mágicos, Villas, juntas municipales o sitios de recreo, encontramos en plena luz día del día, en la madrugada a personas y grupos inhalando cemento, cocaína, fumando mariguana o simplemente distribuyendo drogas. Son una amenaza para los visitantes y una forma de autodestrucción de los adictos y sus familias.

Considero que en las Juntas Municipales tienen que modificarse las formas de operación de la Comandancia, asignar más agentes, establecer nuevos horarios para los rondines a pie y en patrullas; canalizar a la autoridad pertinente a las personas para que  emplear el Reglamento, emplear los correctivos e iniciar los procesos judiciales según el caso.

Amable lector, todos estamos inmersos en este contexto que cada día se torna complejo, ante ese ambiente, la sociedad en su conjunto, tiene que participar para empezar a apagar las luces de alarma. La seguridad pública y protección a la comunidad es una facultad gubernamental, también es corresponsabilidad de la ciudadanía; las familias merecemos y deseamos paz, justicia. Cada habitante en este amplio terreno de Campeche,  puede participar, abrace su derecho a la dignidad humana y únase a la cruzada estatal por el rescate del orden y la seguridad personal, familiar y social del estado.

 
 
 
 
Texto: Teresita Durán Vela, 7 de febrero de 2013 / Fotos: Santiago Canto Sosa, 2002 y 2003