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Columna de Teresita

Mujer de letras

(29 de enero de 2013)
 
 

El mayor reconocimiento que Campeche otorga al ciudadano comprometido por las artes, la cultura y el patrimonio local, es el Premio Justo Sierra Méndez, insignia decorosa para el hombre o la mujer de raíces campechanas, que con beneplácito ampara los principios filosóficos del Maestro de América. Desde su instauración, dicho premio sólo había sido entregado a dos mujeres; en la edición 2013, la recipiendaria fue la fecunda escritora Silvia Molina. Una mujer apasionada por las letras, enamorada de este terruño, amante insaciable de la narrativa, los ensayos y la lengua española.

Justo Sierra fue un hombre sensible, inteligente y generoso; con esas virtudes, nuestra condecorada hace gala de las mismas cualidades. No hay duda, su sensibilidad la guía para iluminar con sus palabras los paisajes más grises o las noches de tormenta; su brillante inteligencia encumbra su sapiencia y con generosidad deja correr caudales de historias y libros.

Su trayectoria como escritora ha enriquecido el legado de la literatura contemporánea en nuestro idioma: La mañana debe seguir gris, Mi familia y la bella durmiente, El amor que me juraste, Quiero ser lo que seré, Ascencio Tun… son algunos títulos de las obras que coronan su extraordinaria vocación y disciplina en el terreno de las letras. El universo narrativo de esta cuentista hilvana episodios reales, ficticios con cada personaje de las familias y sus historias. Ha escrito novela, cuento, crítica literaria, ensayo, teatro, crónica y literatura infantil; además de prosista, es traductora, editora y docente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su sencillez transparenta el conocimiento y en su silencio, la abundancia del lenguaje, dos elementos presentes en los textos surgidos de la inspiración, ordenados por ideas directas del pensamiento que al enlazarse, expresan la profundidad del saber y la superficie de lo real.

Silvia entró con el pie derecho al mundo literario, Con La mañana debe seguir gris (1977), así lo ha demostrado, con las obras editadas y los premios merecidos: Premio Xavier Villaurrutia, Premio Sor Juana Inés de la Cruz (1998), Premio Nacional de Literatura Infantil Juan de la Cabada (1992) y el Antonio García Cubas, entre una larga lista de honores recibidos.

Gracias a su singular cualidad para seducir con las palabras, su mensaje y esencia está impregnada en las dos recientes ediciones especiales del Gobierno de Campeche: Álbum de la Patria y De Campeche para el mundo, áreas naturales protegidas, ambas tienen un estilo sencillo con ilustraciones llamativas, diseño interactivo y cuidadas celosamente para el público infantil. No se diga, de Campeche, Punta del ala del país, una publicación que aproxima el devenir de la poesía, narrativa y crónicas en la configuración literaria.

Campeche distingue a esta dama de las letras, con dos premios simbólicos que a lo largo de la tradición denotan el legado de María Lavalle Urbina y Justo Sierra. De Silvia Molina hay mucho que escribir, tanto que decir, pero mucho más que aprender. Una mujer admirable, tenaz, porque aun cuando formó parte del Centro Mexicano de Escritores, su inquebrantable deseo de trazar significados, crear figuras, esbozar escenarios y moldear en el papel, personajes en las relatos, siguen presentes en cada se línea que se desborda en los párrafos para llenar páginas y páginas… quizá ella ha olvidado el número de publicaciones de sus escritos, pero algo recordará siempre, que su nombre trascenderá más allá del tiempo; su seudónimo permanecerá en el pasado, vivirá en el presente y trascenderá en el futuro, como aquella luz del viejo faro de la bahía campechana que ha visto partir por centurias a los marinos.

Silvia Molina como mujer y escritora es símbolo de libertad, su canto rebasa horizontes; la esplendidez de su palabra advierte el encuentro del lector-escritor para crear en la sintonía del canto de las sílabas, el coro de su amor por esta tierra campechana. De sus raíces, la pertenencia a su pasado, la existencia de su padre, la identidad del ser campechano; por sus venas, peregrina la pasión de la palabra, esa fuerza interior que mantiene unida al calor de la tierra, los colores de las frutas, el sabor de la cocina, la blancura del vestido y el rojo encendido de las tardes.

Felicidades Doña Silvia, por recibir tan merecida distinción, por llevar consigo la Medalla Justo Sierra y sentir la cercanía de esta tierra; para que sus miradas sigan posándose en los rincones de este suelo y descubran, a niños y jóvenes talentosos, que algún día como Usted, evocarán la memoria de Don Héctor Pérez Martínez, leerán sus libros y trabajarán por nuestro Campeche. Mi gratitud por la herencia a la literatura mexicana.

San Francisco de Campeche, Cam. 29 de enero de 2013.

 
 
 
Texto y foto: enviados por Teresita Durán Vela, 29 de enero de 2013