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Columna de Teresita

Los libros en la escuela

(11 de noviembre de 2013)
 
 

En el año de 1979, el Gobierno de México decretó el 12 de noviembre como Día Nacional del Libro, un día memorable, pues es la fecha del natalicio de Sor Juana Inés de la Cruz, célebre poetisa, de singular intelectualidad y sensibilidad poética. En el marco de la fiesta nacional, no puede dejarse de lado la historia y el mito de la enigmática Juana Inés de Asbaje y Ramírez; su idealización después de su muerte y el reconocimiento de su vasta obra literaria, inspira a escritores, investigadores e intelectuales, quienes se han dado a la tarea de perpetuar su recuerdo y legado a la literatura castellana.

En su honor, los mexicanos estamos invitados a celebrar la generosidad de una de las creaciones humanas de todos los tiempos: los libros. Son un instrumento primordial en la historia de la humanidad. Los libros son vehículos universales que transitan llenos de conocimientos, vivencias y sentimientos; conducen a lugares desconocidos, sitios imaginarios y hasta acercan al gran horizonte de la cultura.

El día del libro es motivo para que las escuelas, instituciones culturales, asociaciones, editoriales, bibliotecas, escritores, familias y lectores se unan a la fiesta mexicana de los libros. Destacando la relevancia del acontecimiento, el valor de los libros y la necesidad de formar lectores en nuestro país. A continuación, esbozo unas ideas para reflexionar acerca de la función de la escuela en la creación de una cultura lectora.

 
 

La escuela y los libros. La escuela es uno de los espacios que no se puede apartar de los libros. Los libros no son simples objetos que llenan anaqueles, mesas o adornan libreros de caoba, son entes culturales que nutren el espíritu y amplían el saber. Representan intelectualidad y placer. Su contenido puede ser tan diverso como la variedad de las plantas, exquisito antes de un sueño placentero. Un ambiente escolar con libros se convierte en escenario ideal para la interacción de los alumnos con las obras literarias; cerca de las manos y los ojos de los niños, se incentiva la curiosidad para explorar el contenido de las páginas, sorprenderse de las imágenes y colores, anticipar el final de una novela, inferir la moraleja, dejarse atrapar por la aventura de los personajes, zambullirse en las profundidades del océano para esconderse de los piratas o adquirir información sobre nuevas especies marinas.

La lectura no debe ser considerada como actividad exclusiva de la escuela, ni como única vía para el estudio y el aprendizaje. A través de los libros, los alumnos exploran otras culturas, conocen teorías, amplían su información, reafirman lo aprendido; también, tienen el derecho y la libertad para abrir otras ventanas del saber, relacionarse con diferentes tipos de textos, consultar otras fuentes, indagar sobre autores de otros países, coleccionar títulos, consultar en otros sitios y leer, leer por gusto, por placer no por castigo o imposición.

Bibliotecas escolares. Actualmente, la inversión gubernamental y las iniciativas a favor de la lectura, se han incrementado en el país. Ya sea CONACULTA (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), la Secretaría de Educación Pública (SEP), organizaciones civiles, escritores, editores o librerías, cada vez hay mayor accesibilidad a los libros. El gasto destinado a la adquisición de acervos permite el incremento de títulos, amplía la oferta a los usuarios en las bibliotecas, sin embargo, no aumenta la cantidad de lectores mexicanos. Salas de lectura, bibliotecas públicas o escolares son puntos de encuentro. ¿Qué falta por hacer? ¿Cómo la escuela puede favorecer el gusto por la lectura? ¿Por qué las actividades de lectura y escritura  en la educación básica aún no se desarrollan plenamente como habilidades en los estudiantes? ¿Cómo optimizar el uso de las bibliotecas escolares? ¿Qué necesitamos para lograr una cultura lectora en la comunidad escolar?

 
 

El maestro bibliotecario: formador de lectores. En el ámbito escolar, la función mediadora del docente en las vivencias de lectura, se convierte en experiencia gratificante para los estudiantes que se inician en el cosmos de la literatura. Es tiempo de aprovechar los espacios alfabetizadores y motivadores de las aulas escolares, poner al alcance de los menores más lugares atractivos con libros interesantes que despierten la curiosidad e imaginación; disfrutar las colecciones de los Libros del Rincón, aprovechar las colecciones y títulos seleccionados por el Programa Nacional de Lectura y Escritura disponibles en los salones de educación básica.

El maestro bibliotecario puede convertirse en formador de lectores, siempre y cuando sea modelo lector, que conquiste a los alumnos y los inspire a seguir su ejemplo; crear conjuntamente con los educandos, escenarios con propuestas lúdicas en donde  exista la posibilidad de crear, soñar, imaginar, aprender y divertirse. Él tiene la gran oportunidad para crecer como lector y al mismo tiempo, contribuir en la formación de más lectores.

Educación y cultura. Leer obras de escritores mexicanos es aproximarse a una gran ventana para reconocer en hombres y mujeres la pasión por el idioma y la inteligencia para engalanar con las palabras el enigma de un poema, una novela, un cuento, crónica o ensayo. El fomento a la lectura y una cultura lectora, son dos pendientes de la escuela mexicana. Si desde edades tempranas, los libros se acercan a los niños, participan en actos de lectura, ven o escuchan leer, y lo hacen sin restricciones en el hogar y la escuela, estaremos poniendo cimientos para edificar en años posteriores, el gusto por la lectura. La lectura es una herramienta para ampliar los conocimientos y crecer como personas, promueve el aprendizaje y desarrolla la cultura. Un pueblo que lee, ignora menos.

Noviembre de 2013.

 
 
 
 
Texto y fotos: enviados por Teresita Durán Vela, 11 de noviembre de 2013