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Columna de Teresita

Gualberto Salazar. Hombre generoso

(23 de julio de 2013)
 
Placa de escuela primaria "Gualberto Salazar Centeno". Foto: proporcionada por Eric Salazar R.
 

En todos los pueblos existen mujeres y hombres generosos, amantes del terruño, gente dispuesta a servir, contribuir con su tiempo, talento y tenacidad en la edificación de nuevos espacios de prosperidad para los paisanos y la sociedad en su conjunto. Las personas con esas cualidades están escasas, pero sí existen.

Un ejemplo es Gualberto Salazar Centeno. Educador, músico, compositor y promotor cultural, algunas de las tareas que gustosamente realizó en su natal Bécal, así como en las comunidades donde sus pies recorrieron los caminos, lugares donde su entusiasmo contagió y su guitarra le acompañó. Todo un personaje, entregado al magisterio y a la música, ambos nutrientes alimentaron sus años boyantes.

Nació el 3 de agosto de 1930 en Bécal, Campeche. Cursó estudios de Primaria en la escuela central del poblado, “Dr. Héctor Pérez Martínez”; posteriormente, se trasladó a Hecelchakán, para cursar estudios de Secundaria en la emblemática Escuela "Justo Sierra Méndez". El 30 de noviembre de 1952, egresó de la Escuela Normal Rural “Antonio Villarreal” de El Mexe, en el Estado de Hidalgo. Su vida magisterial inició (1953) en la Escuela Primaria “Virginio Ayaquica” en Atlixco, Puebla. Se cambió al estado de Yucatán, ahí trabajó por seis años en las poblaciones de Dzitox en el municipio de Valladolid; Tabi, del municipio de Sotuta; San Mateo, municipio de Halachó; Chan Chocholá y Maxcanú. Luego se cambió a Bécal, donde ejerció la docencia durante diez años. Posteriormente, su deseo inagotable de aventura, lo guió a Guerrero y después a la población de Bajadas Grandes, del municipio de Catazajá, en Chiapas. Ya de regreso a la Península de Yucatán, dedicó su último ciclo laboral al estado de  Quintana Roo; en éste, siguió invirtiendo su dinamismo, creatividad y vocación en las escuelas primarias rurales y urbanas. Su transitar por la región norte del joven estado, regaló a los alumnos: canciones, himnos, marchas y composiciones del profesor. Su singular capacidad para promover eventos, organizar certámenes de declamación, oratoria, grupos corales, competencias deportivas, festivales culturales y actividades sociales, permitió que dejara gratos recuerdos en las escuelas donde laboró.

 
Gualberto Salazar (de lentes) acompaña a equipo. Foto: Colección personal de Teresita Durán
 

El  2 de septiembre de 1981 fue designado director fundador de la Escuela Primaria de Nueva Creación del Turno Vespertino de la Región 71, Manzana 9, Lote 2, a la cual propuso llevara el nombre del ilustre pedagogo campechano Justo Sierra Méndez. En ese colegio laboró doce años, demostrando sus conocimientos académicos, enorme calidad humana, liderazgo sindical, habilidades directivas, capacidad de organización, laboriosidad y una excelente relación con alumnos, docentes y padres de familia. Recibió de la Secretaría de Educación Pública las medallas “Maestro Rafael Ramírez” e “Ignacio Manuel Altamirano” por 30 y 40 años de servicio, respectivamente.

Al concluir su época como docente, la guitarra siguió siendo testigo fiel de sus proyectos, pues por las tardes daba clases de música, asesoraba a los alumnos y maestros en la formación de rondallas para participar en eventos cívicos y culturales, obteniendo primeros lugares por sus brillantes presentaciones.  

De su inspiración nacieron jaranas, valses, corridos, himnos, marchas y boleros; su sensibilidad y talento musical quedaron plasmados en más de 20 composiciones, algunas incluidas en discos campechanos y una canción dedicada a Cancún: "Perla del Caribe". Un canto de admiración a la mujer, es la letra de "Campechana hermosa": Campechana hermosa/ con porte de diosa/ primoroso encanto/ de faz celestial/ tu gracia divina,/ tu voz que fascina/ canto de sirena/arrullo de mar…

 
Artemio Salazar y Gualberto Salazar Centeno (Der.). Foto: Colección personal de Teresita Durán
 

La vida del maestro tuvo una inspiración: la música; con una guitarra en brazos, se dejó acompañar más de 60 años. Con la convicción firme en sus ideales, retornó a su lugar de origen para contribuir con el desarrollo cultural del pueblo. Así, animado por un grupo de amigos, crearon la Asociación Artística y Cultural Atenea Becaleña, siendo él socio fundador y presidente durante 15 años. Tiempo consagrado a la vida cultural: programas de radio, veladas, serenatas, rondallas, tríos, ballet folclórico, impulsando el gusto y aprecio por las artes. No descansó hasta cristalizar la consolidación de la agrupación como asociación civil.

Desde la fundación del grupo, celosamente resguardó la esencia apolítica y sin credo religioso de la Atenea Becaleña. Comprometido con la motivación de los jóvenes para encontrar en la música una alternativa para el tiempo libre, la promoción de artistas locales, formación de un ballet folclórico, así como la participación en festivales y programas culturales, fueron eternamente su afición. Una forma de servicio comunitario, entretenimiento familiar y social. Siendo presidente de la Asociación, fue convocado por las autoridades locales, municipales y estatales a participar en diversos eventos culturales y ceremonias; asistir junto el grupo a festivales en otros municipios y ciudades.

El maestro Gualberto dejó huella en el pueblo; los niños que fueron sus alumnos -hoy adultos- todavía evocan las emociones en los juegos escolares, comparsas estudiantiles, bailables regionales y actuaciones especiales ante la presencia de políticos y gobernadores. Su desempeño como docente fuera de tierras campechanas lo hizo acreedor a distinciones y al reconocimiento social de padres de familia y estudiantes.

 
Alumnos y maestros en la escuela primaria "Gualberto Salazar Centeno"
Foto: proporcionada por Eric Salazar Rosado
 

El  14 de diciembre de 2012, el Gobierno de Quintana Roo develó la placa de una escuela primaria de nueva creación en la ciudad de Cancún, con el nombre del becaleño Gualberto Salazar Centeno, honor que rindieron el  pueblo cancunense y gobierno quintanarroense; una ceremonia emotiva, arropada por el calor de su amada esposa (Sra. Socorro Rosado Hernández) e hijos. Su labor educativa trascendió.

Quienes tuvimos la dicha de aprender, convivir y disfrutar de la amistad en familia, constatamos cómo su música y frenesí por el trabajo permanecen en los ritmos vivos de la guitarra; hasta hoy, lo recordamos. Dejó de existir (2009) en agosto, el mismo mes que nació; ahora está en un pedacito de cielo, su figura permanece, su palabra se escucha en el himno a la Atenea Becaleña, en los acordes de la guitarra, las estrofas de sus canciones: Bécal fue un pedazo de cielo/ que aquí en este suelo/ un día floreció/ tiene gallarda realeza/ finca su grandeza/ en su industria sin par…

El profe Gualberto es un campechano cuyo carisma refleja la generosidad del hijo que regresa a la tierra, lo que ésta depositó en su ser, floreció… y su canto se eleva: Mi Bécal campirano/ rincón campechano/ cubierto de cielo/ de límpido azul…

Gracias Maestro. Una oración, su recuerdo vive…

San Francisco de Campeche, Cam. 23 julio de 2013.

 
Fachada del plantel educativo "Gualberto Salazar Centeno", en Cancún, Quintana Roo
Foto: proporcionada por Eric Salazar Rosado
 
 
 
Texto y fotos: enviados por Teresita Durán Vela, el 23 de julio de 2013.