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Columna de Teresita

A un Padre anciano. Ejemplo de fortaleza

(12 de junio de 2013)
 
Ramón Kantún Kú (junio de 2013)

Felicidades a los papás.

 

En  México, el tercer domingo de junio es el día del padre, una fecha que cada vez está tomando valor en las familias; cualquiera que sea la forma de celebrar, se puede aprovechar el tiempo para honrar la figura del Padre, disfrutar todo momento para compensar las ausencias y agradecer cuánto ha entregado a los hijos.

Es posible que las formas de expresión filial de los varones sea singular, quizá no sean consentidores ni cómplices como mamá, sin embargo, su presencia es un pilar en la familia; aunque su cariño se manifieste diferente, no dejan de ser importantes en el desarrollo afectivo de los pequeños. Más que un provisor económico, los padres son portadores de valores y modelos de vida, de ahí, la calidad de su existencia en el crecimiento de los menores y su influencia en la educación familiar, son vitales como proveedores de principios y habilidades para la vida.

Un padre –desde mi vivencia y conocimiento- representa la figura laboriosa, el símbolo de protección, la inspiración de gratitud. ¿Cómo y cuándo llegó la vejez en la vida de papá? No sé, a lo mejor no me dí cuenta, sigilosamente se apostó para quedarse. ¿Habrá sido el uso del bastón una señal, las canas o la lentitud al caminar? Quizá no quise darme cuenta de que él ya era un anciano y ahora, más que antes, necesita de los hijos.

Para mi padre y los papás ancianos, estas líneas:

Papá ha dejado de ser fuerte con las manos, sus pasos han perdido rapidez; en su semblante, esboza el paso de los años, permea la expresión del cansancio, tiene más lunares en la piel, su mirada empieza a perder luminosidad. Papá es de buena madera, los aprietos no acabaron sus raíces; con esfuerzo y trabajo forjó una familia. Durante  noches de desvelo en tantos años, su empeño fue su principal compromiso.

Ahora, sus fuerzas han disminuido, sin embargo, su lucidez y salud le permiten seguir disfrutando los sábados de box, tardes de béisbol, domingos taurinos y uno que otro espectáculo desde la comodidad del hogar. Así es papá, el hombre octogenario de dos siglos, que dejó la bravura de la juventud en la valija de los recuerdos, aquel intrépido solitario, cazador y bailador, hoy es un viejito ilusionado con las auroras, un anciano que espera acompañado de su amada, la llegada de la noche y degustar juntos un rico pan dulce con una taza de leche o chocolate.

 
Víctor Interián Casanova (junio de 2013)
 

Los papás ancianos son como el gran baúl, guardan recuerdos y tesoros del pasado. Son frágiles como alas de mariposa, de mirada ingenua; piel como pétalo de rosa… su figura lentamente pierde fortaleza, pero su alma aprisiona el calor de unos abrazos y el sabor de las remembranzas. Anhelan sentirse acompañados de alguien que escuche sus odiseas, triunfos y derrotas.

Cuando los ancianos son débiles de salud, las enfermedades demandan mayores cuidados, atención de la familia y hasta visitas de supervisión. El abandono y el rechazo son formas agresivas, estilos de indiferencia. Nadie sabe el tiempo exacto de vida de un padre veterano; si hoy tienes la fortuna de disfrutar la riqueza de tu padre, invierte unos instantes, verás la ganancia multiplicada en satisfacciones y alegrías.

Un padre anciano pone a prueba la lealtad y el amor de la familia, él merece altas dosis de cariño; nutrientes fuertes para el alma, compañía para pasar los últimos días, seguir inspirando sueños mientras dura la travesía por la vida.

Gracias Papá por enseñarme a sonreír,
por creer en mis sueños,
alimentar la fortaleza,
en las tareas difíciles.

Por la generosidad de tu ejemplo
porque con tu luz, seguí el mejor camino;
por enseñarme la verdad,
modelar en mí, voluntad.

Gracias Padre, por la alegría de los días,
por caminar juntos en la vida,
inspirar lo que soy.

San Francisco de Campeche, Cam. 12 de junio de 2013.

 
Severo Cauich (junio de 2013)
 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán Vela, el 12 de junio de 2013 / Fotos: Santiago Canto Sosa