Inicio de la página
Comentarios, artículos, columnas...
 
Columna de Teresita

Pastor Rodríguez Estrada. Al maestro con cariño

(16 de mayo de 2013)
 
Pastor Rodríguez Estrada. Década de 1980
 

En la existencia de las personas, permanece el recuerdo de algún maestro, sí, del educador, cuya presencia dejó huella y ayudó a la elección del proyecto personal; al maestro cuya labor social en la comunidad es reconocida. Uno de esos personajes, es el maestro Pastor Rodríguez Estrada. En su honor, dedico las siguientes líneas:

Hace algunas lunas, lo conocí en la Escuela Normal de Profesores de Calkiní, recuerdo su presencia como si fuera aquella tarde de verano, cuando expresó las palabras de bienvenida a decenas de jóvenes que decidimos estudiar en esa emblemática Institución. Siendo de Director, se distinguió como guía, ejemplo y líder; siempre responsable, firme en sus indicaciones, de disciplina inquebrantable, su presencia imponía y sus palabras convencían. Para ese tiempo, la experiencia y sus años como Maestro, eran lecciones de vida.

Llegado el momento, decidió retirarse del servicio docente, entregó gran parte de su tiempo al magisterio;  vivió la mística de su profesión, compartió los valores éticos del educador, su genuina sencillez lo hacía parecer un enorme custodio del saber; eran suficientes unos minutos para escucharlo y aprender de sus palabras. Si alguien ameritó alguna sanción, ésta se volvía una lluvia de consejos; si cometías acto de indisciplina, pronto buscaba el acercamiento, la comunicación. Su ausencia en la Normal, dejó un espacio en los pasillos, su recorrido por las aulas, la recepción y despedida a los alumnos, el trato con los padres de familia; exigente con los maestros, en la aplicación de  la norma administrativa, pero de gran sensibilidad. Una etapa grabada en los anales del normalismo campechano.

La labor del maestro en la educación local, su vocación de servicio al pueblo, en distintos ámbitos sociales, permitieron escribir páginas de progreso para numerosas familias,  depositar en la mente de los estudiantes, luces del conocimiento para aprender a iluminar el camino y emprender la búsqueda por el estudio y la superación. Así, fue testigo de la formación y desempeño de miles de profesores; jamás desistió a la fe, confiaba en los maestros y los recipiendarios de su pensamiento. Su filosofía está impregnada en los versos del himno normalista:

Compañeros normalistas,
trabajar es la misión,
y pongamos en la obra,
alma, vida y corazón.

La ignorancia ha de acabar
la cultura elevará
y el progreso hará llegar
hasta el campo y la ciudad.
 
Tuve el privilegio de ser una de sus discípulas, conservo enseñanzas, consejos, guardo con cariño su aprecio sincero, la distinción de su amistad y lazos afectivos con la familia.

Mi gratitud a la familia Rodríguez Flores, por permitirme ser parte de gratos momentos, por aceptar con humildad, la sinceridad de lo que representó conocer al maestro Pastor.

Honrar, honra. Su ejemplo permanece en la memoria de educadores de ayer y de hoy, su luz seguirá viva; las letras de su nombre se han escrito para no borrarse… Maestro por siempre. El eco de su canto vive en mí.

San Francisco de Campeche, Cam. 16 de mayo de 2013.

 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán, el 16 de mayo de 2013 / Foto: archivo de Santiago Canto Sosa