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Columna de Teresita

Campeche es tradición

(4 de octubre de 2012)
 
Festival de Campechanidad en la escuela primaria "Pedro Pablo Arcila" de Calkiní
 

Cada pueblo conserva en su pasado el origen del presente y la grandeza de sus raíces. A través del tiempo, los sucesos hilvanan acontecimientos nobles, sangrientos y victoriosos; en la memoria reposan triunfos y arrebatos. El Campeche de estos días, emerge del arrebato sufrido por el pueblo maya, su honor y majestuosidad; surge del encuentro de dos sapiencias que levemente permanecen.

Campeche es tradición, vive de historia, usos y costumbres. La fiesta grande es en octubre. En 1540 desembarcaron peninsulares para instalarse en otra península americana, invadieron un terreno fértil,  despojaron a  pobladores de su territorio para instalarse e imponer sus creencias.  El cacicazgo maya reino de un poderío, finalmente intercambió con el tiempo, parte de su sabiduría. De aquel encuentro cultural, surge la actual capital campechana, bautizada como San Francisco de Campeche. Actualmente  reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Herederos de sabiduría, portadores del  linaje  maya, los hijos descendientes del Campeche de hace siglos, se esfuerzan por conservar repasos de la lengua prehispánica; pies descalzos recorren leguas para llegar a la milpa, mujeres con manos duras y semblante pardo llevan al molino, palanganas con nixtamal; esos paisajes vivos,  ilustran costumbres de comunidades alejadas de las bondades de la tecnología. ¡Ese es Campeche señores!

Para sentirse campechano hay que amar  Campeche, creer en Campeche, apasionarse y trabajar, se vive, se construye día a día; en realidad, es  valor y sentimiento. A la tierra se le quiere y se le respeta, se le defiende; no se le secuestra, ni se le ofende con actos de corrupción, tampoco se le roba. El campechano auténtico siente orgullo por su tierra, el pasado y su gente; educa con responsabilidad a sus hijos y trabaja por un porvenir mejor.

Los pobladores dispersos en lo largo y ancho de la geografía estatal, provenientes de diferentes grupos, son portadores de idiosincrasias plurales; por su origen, formas de vida y de relación con el  entorno, se distinguen y   los hace  campechanos. Sin embargo, sentirse y vivir como campechano, lleva tiempo; aprender a admirar a sus héroes,  atesorar y presumir monumentos prehispánicos, mostrar a extraños y visitantes la  majestuosidad de edificios coloniales, una fortaleza militar para proteger la capital.

Reconocer y hablar la lengua  maya  de la comunidad indígena, degustar los sabores de platillos típicos, una apetitoso pámpano, el delicioso pan de cazón,   brazo de reina o  una refrescante horchata de coco; el olor del  saramuyo, el néctar de un jugoso mango paliceño, sentir la dulzura de un zapote, la crema de una guanábana y la redondez de las huayas  son algunas muestras de los frutos del terruño. No se diga, los colores  bordados en huipiles,  flores de mayo,  un elegante sombrero de jipi, la blancura de guayaberas o simplemente el colorido de los flamboyanes, fascinante mundo de sabores y colores son parte de tal riqueza patrimonial.

Durante los días de octubre, escuelas e instituciones gubernamentales organizan diversas actividades relacionadas  con el conocimiento, aprecio y preservación  de costumbres y tradiciones populares. El conocimiento de la geografía y la historia, guía al saber hacia épocas pasadas; la recreación de pasajes evoca momentos importantes de otros tiempos. Cada municipio representa una parte del gran patrimonio, los once rincones  resguardan  estampas del antes y después de la llegada de los españoles; en cada  comunidad, indicios de la vida colonial independiente, pre y postrevolucionaria. Desde Calkiní hasta Palizada, se ambientan los planteles al compás de un 3 x 4, o al ritmo de la Campechanita habanera, otros más, con Las torres de catedral o el danzón Champotón. En todo Campeche, alguna muestra del folklore reluce durante el mes de octubre.

Campeche vive todo el año la  tradición, por eso, me atrevo a expresar, el orgullo de ser campechano te hace grande, cuando aflora en la piel el coraje por hacer de esta tierra la mejor; cuando el niño o el adulto cuida y respeta  parques y edificios, porque sabe que son herencia de una época y el legado para otras generaciones. Para ser campechano de corazón, es vital emocionarse; trabajar con honestidad,  solidarizarse con sus gobernantes,  contribuir en el crecimiento y progreso de la comunidad. Perseverar en la conquista de un mejor  nivel de vida, aportar entusiasmo y responsabilidad en el trabajo público o privado; procurar el bienestar de la familia, el barrio, el pueblo o la ciudad donde vives.

Campechano de corazón es  mucho más que una tira bordada de colores,  un crujiente fraile, un cazón  entomatado, un rosario de filigrana o de coral.  Ser campechano de corazón es un estilo de vida, esencia de la campechanía; el distintivo del ciudadano emprendedor que forja su presente en las escuelas; el sentimiento oculto y manifiesto de acciones positivas,  productivas. Hagamos de la fiesta del pueblo, la celebración más digna de lo que somos.

San Francisco de Campeche, octubre 2012

 
Festival de Campechanidad en la escuela primaria "Pedro Pablo Arcila" de Calkiní
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán Vela, 4 de octubre de 2012 / Fotos:Santiago Canto Sosa, 2012