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Columna de Teresita

Adulto mayor, inspiración de sueños...

(29 de agosto de 2012)
 
Abuelitos, en el monumento a Pedro Infante (en Isla Arena)
 

En la vida de las personas ocurre un sinfín de sucesos. El recorrido terrenal de cada persona tiene el mismo sendero, al final, su propia ruta… la vejez.

Los adultos mayores son como el gran baúl, guardan recuerdos y tesoros del pasado. Su piel se vuelve un pergamino con marcas que la misma vida plasma, arrugas dibujadas con huellas imborrables del ayer. Son frágiles como alas de mariposa, de mirada ingenua, vidriosa; piel como pétalo de rosa… su figura lentamente pierde fortaleza, pero su alma sigue aprisionando el calor de unos brazos y la belleza de los recuerdos.

A ti adulto mayor:

Que  disfrutaste un caudal  de aventuras, conserva la ingenuidad de la sonrisa y pinta en tu rostro, la ternura. Si alguna vez, del sufrimiento y la tristeza fuiste  cautivo, abandona las cadenas que atan pasajes tormentosos, mejor atrapa con las manos mariposas y en las noches, cuando duermas, esperanzas.

Tú que conservas la armadura de mil batallas, convierte cada día en una hazaña, porque tienes el espíritu triunfador que aniquila abandono y soledad; levántate victorioso de ese encuentro, nada detenga tu fe, ni oscurezca tu mirada por las lágrimas. Toma el bastón y camina, abre las ventanas y la puerta, el mundo existe y tú eres parte de él, también te pertenece. Si aún puedes bailar, ¡baila!, ¡canta de alegría! ¡Ríe a carcajadas! ¡Abrázate fuerte de tus hijos o de la persona que te acompaña!

Hoy, nos corresponde exaltar el ejemplo de los adultos mayores, admirar su valentía ante las adversidades del pasado, reconocer que el tiempo es guardián fiel de la salud. Quizá no encuentre las mejores palabras para describirlos, pero su vida equivale al lienzo más grande de colores, emociones y hazañas imaginables. Todo cuanto la vida obsequia, se vuelve recompensa.

Es posible que alguien no aprecie la sabiduría del adulto mayor, ni se percate de las necesidades afectivas o físicas; esa falta de reconocimiento y atención, se manifiesta en prolongadas ausencias, abandono y apatía hacia los sentimientos. Quizá  la audición o la visión estén mermadas, y el tacto no, entonces ¿por qué no acariciar su rostro, abrazarlo?

Un adulto mayor en casa es fuente de emociones y tareas, sentirlo cerca, acompañarlo, consentirlo como niño, es gratificante. De nada sirven los regaños, gritos o jaloneos, tratarlos con tosquedad aumenta malos tratos, desapego y molestia. Escuchar las mismas frases “no es mi casa”, “no me dan de comer”, “vamos, vamos…” y mi mamá…”, se repiten muchas veces, que pueden agotar la paciencia del otro. Una respuesta a cada pregunta con un tono agradable, suaviza el oído, mejora la comunicación.

La existencia de un adulto anciano pone a prueba la lealtad y el amor de la familia, él merece altas dosis de cariño; nutrientes fuertes para el alma, compañía para pasar los últimos días, seguir inspirando sueños de niños y jóvenes… mientras dura la travesía por la vida.

Adulto mayor, recibe bendiciones que perduren y conserven la magia del saber, porque eres sabio y de ti seguimos aprendiendo.

 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán Vela, 29 de agosto de 2012 / Foto: Depto. de Comunicación del Ayuntamiento de Calkiní, 2011