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Columna de Teresita

Un mundo imaginario para los niños

(18 de abril de 2012)
 
 

Algunas instituciones se esmeran en la organización de eventos para celebrar a los niños, festivales con payasos, dulces y regalos que alegran momentáneamente, se esfuman como luces de bengala. El 30 de abril no es sólo una fecha, su significado debe extenderse todo el año, ambiente de paz en los hogares, acaben golpes y gritos; calles seguras en los pueblos, parques limpios en las colonias, ciudades con más jardines y juegos infantiles.

La niñez es una etapa mágica en la vida humana, la edad de la curiosidad, la inocencia y las fantasías. Por ahí dicen, los adultos llevan un niño dentro el corazón. ¿Acaso, amable lector, usted olvidó sus travesuras de pequeño? ¿Recuerda a los niños del barrio, del pueblo o la comunidad? ¿Cuáles eran sus juegos favoritos? Estoy segura que conserva recuerdos de esa época.

Si usted me permite, con estas palabras dibujaré –como hacen los párvulos– una montaña de nubes, pintaré con el arco iris, las plumas del tucán; esbozaré con un pedazo de carbón, las líneas de una cebra, o mejor, las rayas de un tigre feroz. En la memoria se agolpan coloridas mariposas, ranas que salpican en los charcos y seducen con su canto a los mosquitos por la tarde. ¡Cómo olvidar las tardes de lluvia corriendo bajo los chorros de agua! Aquellos tiempos han quedado en el pasado. Ahora, los chiquitines prefieren la televisión, las maquinitas o el que más tiene, el teclado de una computadora o un celular.

¿Por qué algunos niños olvidaron la vigilancia del desfile de hormiguitas o la construcción de un panal de avispas en las ramas? ¿Por qué algunos infantes ya no disfrutan el paseo de las catarinas o el canto de las chachalacas? La naturaleza infantil provee el potencial para descubrir el entorno natural, aprender a convivir con plantas y animales; sentir en el rostro la frescura de las gotas cuando llueve, lo rasposo de la arena al caminar o sentir el viento cuando despeina. Son vivencias únicas, inolvidables.

Es tiempo de volver a sentirse niño, engrandecer las manos para arropar un polluelo, tomar una escoba como cohete, modelar un corazón para mamá y hasta escribir las primeras letras del nombre de papá. Reír a carcajadas por la caída de una foca o llorar por la desaparición del abuelo. Es momento de disfrutar una vez más con los chiquitines de la familia, las odiseas de una batalla entre guerreros, los cantos de Crí-Crí, la altura de un papalote y los paseos en bicicleta. Sentirse niño y ser niño revive historias reales en los palacios, paseos a caballo de los héroes y victorias en los juegos. Cuando chavito, el juego es parte de la vida. Por eso, vivir y jugar, es disfrutar; el corazón de niño no tiene edad.

Los chiquitines merecen cuidado, atención y afecto, guiarlos en su crecimiento y aprendizaje es una tarea responsable de los adultos, sean padres, cuidadores o educadores, deben realizar con respeto; de ello, dependerá el desarrollo afectivo, sano, que brinde seguridad y confianza. Pueden haber o no, juguetes electrónicos, pero nada sustituye el cálido abrazo, la caricia tierna o el beso en la mejilla. Si durante el día, abundaran muestras de ternura y amor, se abonarían emociones y se alimentarían fuertes vínculos afectivos, vitales para el crecimiento armónico.

La vida infantil debe ser una fiesta continua en casa y en la escuela, hacer de cada contexto un mundo imaginario; de esa forma, desde temprana edad, se estimula la creatividad, el pensamiento y el lenguaje. Al crear mundos imaginarios, las latas pueden ser naves espaciales, el rebozo de la abuela un gran tapete, las escobas viejas corceles veloces, espadas filosas o lanzas. Es tal la imaginación que los objetos se convierten en las mejores armas de combate.

¡Ojo con las zapatillas de mamá o el bolso de la tía! Porque en un ratito, el clóset se vuelve un escondite. ¡Es tan divertido ser niña, cantante, maestra o enfermera! El juego de los peques es mágico, de la casita, se pasa a la playa, luego al zoológico, para terminar cantando en el escenario de la feria. Tiempos maravillosos, alegrías y travesuras; no permita que la felicidad de los chicos se extinga, al contrario, ayudemos a desaparecer la tristeza, el dolor y el sufrimiento. Todo cuanto sea sano para el cuerpo lo será para el espíritu.

Las niñas y los niños no viven de las leyes, viven del amor de los adultos, de la protección a su vida, de la seguridad a su integridad; de los mundos imaginarios que alimentan sueños y enseñan realidades. Hagamos de cada día en la vida de los niños, un mundo de amor.

San Francisco de Campeche, Cam. 18 de abril de 2012

 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán Vela, 18/04/2012 // Foto: Santiago Canto Sosa, 2012