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Columna de Teresita

Ya llegó la rama...

(5 de diciembre de 2011)
 
 

Empieza diciembre y los grupos de niños cantores de la rama, recorren las calles y visitan casas de vecinos, amigos y familiares.

Niñas y niños se reúnen para formar el coro, adornar la rama con globos, cola de gato brillante, esferas coloridas, cintas, una que otra imagen religiosa o tarjeta navideña. Construyen con pequeñas velas y latas, sus lámparas de mano, para alumbrar su camino durante la penumbra de la noche. El paseo de los pequeños por los caminos del pueblo, se vuelve una peregrinación durante los primeros días de diciembre. Incluso en los hogares, se preparan los anfitriones, con las monedas, para el aguinaldo que habrán de ofrecer, después de escuchar los villancicos.

Los cánticos de la rama son un bálsamo al oído y al espíritu. Las vocecitas de los pequeños, hacen una verdadera sinfonía:

... la Virgen se está peinando,
entre cortina y cortina,
sus cabellos son de oro...

Los pequeños visitantes entonan villancicos que tocan las puertas para dar paso al llamado de los ángeles, cantos rozan el corazón de los adultos para regocijarse con alabanzas al Niño Dios y a su Madre. Es una tradición manifiesta de la fe inculcada por los abuelos y padres de familia, el nacimiento del Salvador.

En la actualidad, grupos de jóvenes preparan sus instrumentos musicales para realizar sus propios coros y arreglos a los villancicos; así, ellos también participan de esta tradición. En las escuelas, algunos maestros organizan a sus alumnos y padres de familia, para salir a cantar y revivir los recuerdos de años pasados.

La rama es una tradición vestida de fe y esperanza, su práctica ha sido inculcada por abuelos y padres de familia; disfrutemos de los cantos para alimentar ilusiones y sentimientos positivos en las generaciones de esta época.

Y sigamos cantando y recibiendo la rama en nuestros hogares, demos el aguinaldo a los cantores…

… ya se va la rama, ya se va la rama, porque en esta casa fue bien recibida…

 
 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán, 05/12/2011 // Fotos: Santiago Canto Sosa, 2008