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Columna de Teresita

Campeche es tradición

(10 de octubre de 2011)
 
Demostración de juegos tradicionales en la escuela "Pedro Pablo Arcila" de Calkiní (10/10/2011)
 

Cada pueblo conserva en su pasado el origen del presente y la grandeza de sus raíces. A través del tiempo, los sucesos hilvanan acontecimientos nobles, sangrientos y victoriosos; en la memoria reposan triunfos y arrebatos. El Campeche de estos días, emerge del arrebato sufrido por el pueblo maya, su honor y majestuosidad; surge del encuentro de dos sapiencias que levemente permanecen.

Herederos de sabiduría, portadores del linaje maya, los hijos descendientes del Campeche de hace siglos, se esfuerzan por conservar repasos de la lengua prehispánica; pies descalzos recorren leguas para llegar a la milpa, mujeres con manos duras y semblante pardo llevan al molino, palanganas con nixtamal; esos paisajes vivos, ilustran costumbres de comunidades alejadas de las bondades de la tecnología. ¡Ese es Campeche señores!

Campeche es tradición, vive de historia, usos y costumbres. La fiesta grande es en octubre. En 1540 desembarcaron peninsulares para instalarse en otra península, invadieron un terreno fértil, despojaron a pobladores de su territorio para instalarse e imponer sus creencias. El cacicazgo maya reino de un poderío, finalmente intercambió con el tiempo, parte de su sabiduría. De aquel encuentro cultural, surge la actual capital campechana, bautizada como San Francisco de Campeche. Actualmente reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 
"Cabeza de Cochino", en la tradicional fiesta del barrio La Concepción, en Calkiní (20/12/2003)
 

Para sentirse campechano hay que amar Campeche, creer en Campeche, apasionarse y trabajar (y eso no se hereda por haber nacido en el territorio y ni se adquiere por años de residencia), se vive, se construye día a día; en realidad, es valor y sentimiento. A la tierra se le quiere y se le respeta, se le defiende; no se le secuestra, ni se le ofende con actos de corrupción, tampoco se le roba su peculio. El campechano auténtico siente orgullo por su tierra, el pasado y su gente; educa con responsabilidad a sus hijos y trabaja por un porvenir mejor.

Los pobladores dispersos en lo largo y ancho de la geografía estatal, provenientes de diferentes grupos, son portadores de idiosincrasias plurales; por su origen, formas de vida y de relación con el entorno, se distinguen y los hace campechanos. Sin embargo, sentirse y vivir como campechano, lleva tiempo; aprender a admirar a sus héroes, atesorar y presumir monumentos prehispánicos, mostrar a extraños y visitantes la majestuosidad de edificios coloniales; reconocer la lengua indígena, los sabores de platillos, colores bordados en huipiles, flores de mayo; el olor de saramuyos, el néctar de un jugoso mango paliceño, sentir la dulzura de un zapote, ponerse un elegante sombrero de jipi…

 
Celebración de la fiesta de San Miguel Arcángel, en el barrio Kucab, en Calkiní (29/09/2008)
 

Durante los días de octubre, las escuelas e instituciones organizan diversas actividades relacionadas con el conocimiento, aprecio y preservación de costumbres y tradiciones populares. El conocimiento de la geografía y la historia, guía al saber de épocas pasadas; la recreación de pasajes evoca momentos importantes de otros tiempos. Cada municipio representa una parte del gran patrimonio, los once rincones resguardan estampas del antes y después de la llegada de los españoles; en cada comunidad, indicios de la vida colonial independiente, pre y postrevolucionaria. Desde Calkiní hasta Palizada, se ambientan los planteles al compás de un 3 x 4, o al ritmo de la Campechanita habanera, otros más, con Las torres de catedral o el danzón Champotón. En todo Campeche, alguna muestra del folklore reluce durante el mes de octubre.

Campeche vive todo el año la tradición, por eso, me atrevo a expresar, el orgullo de ser campechano te hace grande, cuando aflora en la piel el coraje por hacer de esta tierra la mejor; cuando el niño o el adulto cuida y respeta parques y edificios, porque sabe que son fortuna de una época y el legado para otras generaciones. Para ser campechano de corazón, es vital emocionarse; trabajar con honestidad, solidarizarse con sus gobernantes, contribuir en el crecimiento y progreso de la comunidad. Perseverar en la conquista de un mejor nivel de vida, aportar entusiasmo y responsabilidad en el trabajo público o privado; procurar el bienestar de la familia, el barrio, el pueblo o la ciudad donde vives.

Campechano de corazón es mucho más que una bata bordada, un fraile, un pámpano empapelado, un rosario de filigrana o de coral. Ser campechano de corazón es un estilo de vida, es la esencia de la campechanía; el distintivo del ciudadano emprendedor que se forjará en las escuelas; el sentimiento oculto y manifiesto en acciones positivas, productivas. Hagamos de la fiesta del pueblo, la celebración más digna de lo que somos.

 
Festival "Así se baila en Campeche", con escuelas de educación preescolar (05/10/2011)
 
 
 
Texto: enviado por Teresita Durán, 10/10/2011 // Fotos: Santiago Canto Sosa, 2003, 2008 y 2011